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Opinión

Ser joven y vivir al límite

Ser joven y  vivir al límite

Por Carlos González García                                                                                                 Periodista

La juventud de hoy en día convive sumergida en tiempos revueltos, está empapada de situaciones que invitan a preguntarse en qué gastan su tiempo los jóvenes y qué será de sus frágiles destinos si continúan nadando por mares turbios que van a parar a precipicios sin salida. Son muchas las voces que lanzan este grito, pero pocas las que permanecen al pie de cañón para plantarle cara a esa temible batalla. Abatidos por la manada, preferimos ponerle la etiqueta de vago al “ni-ni” y cerrar la ventana de nuestra conciencia para dormir sosegados y tranquilos; como apacibles animales de costumbres, como afligidos corderos que son llevados al matadero. Así, desde este lado de la trinchera, ni siquiera nos atrevemos a llamar a las puertas de sus corazones para adivinar cómo laten sus sueños, de qué horizonte nacen sus problemas, por qué han dejado de brillar sus ojos o cuándo fue la última vez que sonrieron. Cansados de pelear o arrastrados por la corriente, en ocasiones, los que creemos estar por encima de esos jóvenes, nos dejamos vencer por la pereza e, inmiscuidos en una sociedad que le pone precio a todo, nos aferramos al “tanto tienes, tanto vales” para preguntarnos cuánto cuesta la vida de cada uno de ellos.  Desde este lado de la frontera, hemos llegado a un punto en que solamente un título, una medalla, un diploma o un trofeo son los complementos circunstanciales válidos para prestar atención a un sujeto que, bajo el diminutivo de “joven”, se ha acostumbrado a vivir entre etiquetas y ha perdido demasiadas veces la esperanza.

 

Por ello, para mantener en pie esta postura, “los de arriba” se aferran a las justificaciones para convertir en realidad este puñado de típicos tópicos… El verano es la estación preferida de casi todos los jóvenes; vacaciones, playa, piscina, amigos, calle, parque… Son muchos los aderezos con que se arregla este presumido tiempo estival para dejarle pasar desapercibido. Los jóvenes lo saben y, lejos de combatir este caluroso tiempo con el descanso del hogar, prefieren desgastar el sudor de su frente sumergidos en cualquier historia que los aleje de la realidad del día a día

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Sin embargo, en contraposición a lo que pensaba Sócrates y que justifica todo lo anterior, yo he llegado a la conclusión de que no todos los jóvenes de hoy en día son unos tiranos, no todos contradicen a sus padres y no todos devoran su comida y le faltan al respeto a sus maestros. No. Yo prefiero agarrarme fuerte a la mano de otro filósofo -también griego- llamado Aristóteles, y gritar sin tapujos que adquirir desde jóvenes tales o cuales hábitos no tiene poca importancia: tiene una importancia absoluta. Y puedo constatar este pensamiento cuando, todos los años, recibo la afectuosa y sincera invitación a participar en las Jornadas de Formación que organiza la Juventud Estudiante Católica de Mérida-Badajoz, en Losar de la Vera, Cáceres. ¡Éstos son unos valientes! O, al menos, de eso hablan sus obras…

 

Jornadas de Formación en Losar de la Vera

Allí, universitarios extremeños que se ven abordados por inquietudes de fe y compromiso, se reúnen para responder a las preguntas que asolan sus vidas y para experimentar el momento que les ha tocado vivir. No les importa gastar sus vacaciones allí, ni miran de reojo el colchón de su cama que sustituirán, durante una semana, por un saco de dormir, ni siquiera consultan al hombre del tiempo antes de hacer su maleta; prefieren desafiar al tiempo y sus circunstancias para dejarse hacer por lo que allí les espera. Quieren hacerlo al estilo de Jesús, fieles a un Evangelio que se ha convertido en la hoja de ruta de sus vidas y en medio de una sociedad que necesita de sus ejemplos para volver a recobrar la esperanza.

 

La participación es libre, como la fe, como ese Jesús que, aunque camine solo bajo la luz de un sol infernal, sale a predicar a las plazas o espera paciente cuarenta días en el desierto; el mismo que, con los pies agarrotados por el impetuoso frío, camina descalzo en la noche en busca de la oveja que se perdió en el camino.

 

Todos los jóvenes que allí acudan aprenderán a decrecer para crecer, a descubrir los límites del mundo, así como la experiencia de nuestros propios límites y la de los que nos rodean. Pasando del límite a la posibilidad, llegarán a descubrir el Evangelio de los límites para proyectarlo más allá de los límites de ellos mismos. Mediante el ver, el juzgar y el actuar, los jóvenes que asistan tratarán de experimentar cuáles son los límites que los universitarios detectan en el mundo a través de elementos concretos analizados, podrán descubrir cómo el Evangelio nos habla de los límites, los límites que había en el momento histórico de Jesús y su sociedad y la propuesta alternativa, y aprenderán a definir objetivos y medios personales -y comunitarios- para el trabajo de los límites.

 

Si deseáis asistir al encuentro o más información acerca de las Jornadas de Formación, que tendrán lugar del 22 al 30 de julio en Losar de la Vera (Cáceres) y que organiza Juventud Estudiante Católica de Mérida-Badajoz, podéis escribir a la dirección de correo electrónico jecextremadura@gmail.com.

 

Como dejó escrito Arthur C. Clarke, “la única posibilidad de descubrir los límites de lo posible es aventurarse un poco más allá de ellos, hacia lo imposible”. Sólo así, decreciendo para crecer, descubriremos que para el que cree, nada es imposible.

 

 

Carlos González García                                                                                                 Periodista

 



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