En la mesa, Eugenia González, Visitadora y Enrique Sanz, director provincial
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Separadas, pero como si estuvieran juntas: la asamblea virtual de las Hijas de la Caridad

El reto no era sencillo. La provincia de Madrid-San Vicente de las Hijas de la Caridad tenía que articular el trabajo de 136 asambleístas simultáneamente, en una reunión que se celebra cada seis años y en la que se hacen reflexiones importantes para continuar y orientar sus comunidades en el futuro próximo.

«Desde la Comunidad de Madrid se prohibieron las reuniones de más de 10 personas, e íbamos a celebrar la asamblea en nuestra sede de la calle José Abascal», empieza explicando Concepción Monjas Pérez, o sor Conce, como la conocen. Es consejera de Enseñanza de la provincia y responsable de la comisión preparatoria de la asamblea; junto con el consejo provincial y un equipo diseñaron el método de trabajo. «Tuvimos que ser inventivas y reorganizarnos: en momentos extraordinarios, respuestas extraordinarias», añade. Las Hijas de la Caridad, una de las congregación femeninas de vida apostólica más antiguas (fundadas en el s.XVII), de lleno en el siglo XXI.

Dividieron la provincia en doce sedes más pequeñas en las que las asambleístas podrían participar. Una de ellas, en Angola, donde también mantienen una presencia misionera. El resto, repartidas en Zamora, Salamanca, Ávila, Madrid y Toledo. En cada sede había una responsable tecnológica.

Adaptar la deliberación y la toma de decisiones

A partir de ahí, combinaron un trabajo digital con otro más analógico. «La secretaria de cada grupo enviaba a la sede central lo trabajado, desde donde se hacía una síntesis para enmiendas y aportaciones, como una manera de intentar paliar la riqueza que se pierde respecto a los plenos asamblearios», detallan las Hijas de la Caridad. Los momentos de videoconferencia eran puntuales y relevante, retransmitidos desde la sede central: eucaristía de apertura, palabras de la visitadora provincial en la inauguración, orientaciones sobre los temas, y votaciones.

Precisamente, votar a distancia presentaba algunas dificultades logísticas y, sin embargo, resultó ser uno de los momentos que mejor funcionaron. «Algunas votaciones estuvieron listas en tres minutos o cuatro de reloj, y el sistema era muy sencillo. Enviábamos al móvil de cada asambleísta un enlace», explica sor Conce. Para ello se valieron de varias aplicaciones que permiten programar de manera sencilla las opciones en una elección.

El equipo responsable de organizar el trabajo diseñó un calendario de trabajo de cuatro días, del 20 al 23 de este mes de agosto. Según explican, eran «conscientes de que con este sistema, no debían alargarse mucho para evitar el cansancio de las asambleístas».

Un momento de la asamblea

Un contenido fructífero

Las asambleas en las Hijas de la Caridad tienen el objetivo de «mantener la fidelidad al carisma y procurar reavivar el compromiso con los pobres». Por ello, en este capítulo se plantearon cuatro desafíos: Derechos Humanos y el desarrollo integral de los más abandonados de la sociedad, la mística de «vivir juntos», el cuidado de la Casa Común, y la transmisión de la fe a los jóvenes.

Sobre estos cuatro temas enviaron sus sugerencias las asambleístas. «Hubo aportaciones muy interesantes sobre crear comunidades de inserción en las periferias. De la ecología integral, hemos planteado que tiene que afectar a la conversión del pensamiento», son algunos de los ejemplos. Otros temas sobre los que se habló fue la misión compartida con los laicos que comparten el carisma vicenciano, o «la comunidad como espacio teologal».

Las aportaciones viajarán, junto con dos representantes de la provincia elegidas en esta reunión y la provincial, sor Eugenia González, a la asamblea general que está prevista para el próximo año en París. Mientras tanto, sor Conce no deja de mirar atrás hacia estos días y pensar que, quizá, haya sido «un momento histórico». Advierte de que, visto el buen resultado, están «dispuestas a exportar el modelo» con el que han trabajado digitalmente. A pesar de la distancia, han visto posible trabajar en «fraternidad, comunión y en apertura a Espíritu».

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