Revista Ecclesia » Sencillez y libertad
Rincón Litúrgico

Sencillez y libertad

«Quedaos en la casa donde entréis hasta que os vayáis de aquel sitio» (Mc 6, 10)

Señor Jesús, es interesante recordar las normas que diste a tus discípulos cuando los enviaste a la misión. Habían de llevar solo un bastón y caminar libres de equipaje. La misión exigía de ellos un espíritu de pobreza.

No era una simple apariencia para suscitar la compasión y la generosidad de las gentes a las que se dirigían con el anuncio de tu palabra. Era un signo de la confianza que depositaban no en sus medios sino en la providencia de Dios.

Además, caminar sin un pesado fardo habría de facilitar la rapidez para trasladarse de un lugar a otro. No podían olvidar que el servicio al evangelio estaba marcado por la urgencia de los tiempos.

Pero siempre me ha llamado la atención la advertencia de que permanecieran en la casa donde fueran acogidos. Ya veo que la comunidad cristiana tuvo buen cuidado en recordar este detalle a los misioneros itinerantes.

Tal vez era una denuncia a los que no estaban al servicio del evangelio. Se servían del evangelio para llevar una vida bastante cómoda para las posibilidades de aquellos tiempos.

Por otra parte, los verdaderos ministros del evangelio no deben ir buscando privilegios ni cuidados exquisitos. Deberán recordar que su Maestro no tenía dónde reclinar su cabeza.

Estas palabras tuyas me exhortan a vivir la misión con fidelidad al mensaje, con sincera confianza en los hermanos a los que se dirige, con esperanza y  sencillez, con pobreza y libertad.

No me es lícito desconfiar de la preparación y de la acogida, de las actitudes y de los resultados que voy percibiendo en cada casa, es decir en cada una de las comunidades a las que soy enviado.

La clave es «permanecer». Tú me pides que, a pesar de todo lo que pueda suceder, permanezca fiel al mensaje que me has confiado. Y que permanezca siempre fiel a la comunidad a la que tú me has destinado. Que así sea.



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