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Blog del exdirector Jesús de las Heras

Semblanza completa Don Bosco (San Juan Bosco, fundador de los Salesianos), sacerdote. Su fiesta es el 31 de enero

Juan Melchor Bosco Occhiena o Don Bosco (en italiano Giovanni Melchiorre Bosco Occhiena) (I Becchi16 de agosto de 1815 – Turín31 de enero de 1888) fue unsacerdote católicoeducador y escritor italiano del siglo XIX. Fundó la Congregación Salesiana, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos Cooperadores, el Boletín Salesiano y el Oratorio Salesiano. Promovió la Asociación de Exalumnos Salesianos, el desarrollo de un moderno sistema pedagógico conocido como Sistema Preventivo para la formación de los niños y jóvenes y promovió la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa y América Latina.

Fue uno de los sacerdotes más cercanos al pontificado de Pío IX y al mismo tiempo logró mantener la unidad de la Iglesiadurante los duros años de la consolidación del Estado Italiano y los enfrentamientos entre éste y el Papa que ocasionó la pérdida de los llamados Estados Pontificios y el nacimiento de la Reino de Italia 1870-1946. Fue autor de numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica, lo que lo destaca como uno de los principales promotores de la imprenta de su siglo.[

Caracterizado por su especial preocupación hacia los jóvenes, le valieron el respeto de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo y de su país, así como una notable fama en el extranjero. Sus obras fueron requeridas directamente por jefes de estado y autoridades eclesiásticas de países como EcuadorEspañaHondurasFranciaInglaterraPoloniaPalestina,PanamáArgentinaBrasilUruguayChile y Colombia entre muchas otras. Si bien no pudo responder positivamente a las numerosas peticiones durante su vida, estas serían cumplidas más allá de lo esperado después de su muerte. Fue un visionario de su tiempo al punto de predecir acontecimientos que se darían a lo largo del siglo XX en lo referente a sussalesianos, a la Iglesia Católica y al mundo en general. Juan Bosco, conocido mundialmente como Don Bosco, fue declaradoSanto por el Papa Pío XI el 1 de abril de 1934, a tan sólo 46 años después de su muerte en 1888 y le fue dado el título de “Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes” por el Papa Juan Pablo II. Poblaciones, provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre. La Familia Salesiana es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de Don Bosco en 130 naciones.[

1. Don Bosco, sacerdote con los sacerdotes italianos del siglo XIX

Para conocer a Don Bosco sacerdote nos ayudará el saber cómo eran los sacerdotes italianos de su época, ya que él fu un hombre de su siglo y de su Iglesia, y asumió, sin duda, muchos de los rasgos y de las características del clero italiano del siglo XIX.

– Era una persona que cuida atentamente la vida espiritual y alimenta su vida interior con la fidelidad a un conjunto de prácticas de piedad que siente como sostén indispensable de su ministerio. Al mismo tiempo, es muy introspectivo: se observa a sí mismo a la luz de las prácticas que se impone para determinados momentos del día, para cada semana, para cada mes y para cada año. Es un sacerdote frugal, incluso pobre.

– Tiende a ser un celoso pastor. Su celo se desarrolla en la administración de los sacramentos –especialmente el de la confesión-, en la dirección espiritual, en la predicación, en la catequesis, en cuidar de modo especial la doctrina y la moral de los fieles. De hecho, el sacerdote lleno de celo apostólico caracteriza al siglo XIX más que el sacerdote culto y más que el sacerdote patriota. Sin embargo, no obstante su espíritu apostólico, el clero no realiza un repensamiento orgánico de la propia pastoral adecuado a las transformaciones sociales. Con facilidad vive atrincherado en la defensa de las masas que son creyentes, sobre todo en las zonas no iniciadas aún en el proceso de industrialización o no sacudidas por otros factores culturales, políticos o sociales. No se plantea demasiado el problema de las clases culturales que necesitan ser nuevamente empapadas de cristianismo. Prefiere más bien la protección y la inmunización respecto a la cultura «laica».

– El sacerdote italiano del siglo XIX es con frecuencia polémico contra aspectos del progreso humano: coloca con facilidad ciertos elementos de promoción civil bajo la etiqueta de la revolución. Desconfía también de la fábrica; esta desconfianza colaborará en dar un todo anticlerical, cuando no irreligioso, al ambiente artesanal, y en el divorcio entre el mundo obrero y la sociedad clerical-católica.

– Para el sacerdote del siglo XIX el tiempo en que vivía era más tiempo de luchas que de victorias. Es, pues, un sacerdote con dificultades porque en el ámbito de su ministerio los cultos son con frecuencia anticlericales, y los burgueses (médicos, farmacéuticos, notarios, abogados) son por profesión también escépticos y positivistas. Es un sacerdote que se siente incomprendido e incluso ofendido, pero en general no es un sacerdote frustrado. Todo lo contrario. Es muy consciente de su propia e íntima dignidad, y cree profundamente en su propio ideal. Por una parte se siente considerado un anacronismo, pero, por otra, está íntimamente convencido de ser un llamado para cooperar, con la ayuda divina, en la salvación de las lamas y en los triunfos de la Iglesia. El sacerdote de esta época bebe en su teología una espiritualidad esencial, y saca de ellas abundantes fuerzas para desarrollar en la sociedad religiosa el papel que le asignaba la específica teología sacramental post-tridentina.

2. Las convicciones y las actitudes sacerdotales de Don Bosco

a) Don Bosco apreció y valoró la vocación sacerdotal.

Don Bosco afirmaba que el sacerdocio es «el estado más hermoso y más noble que pueda existir en la tierra»[1], «la más alta dignidad a la que puede ser elevado un hombre»[2].

A los clérigos les decía que «la vocación al estado eclesiástico es un don de Dios»[3]; «el don más grande que Dios puede hacer»[4].

Personalmente reconocía «el favor incalculable de ser llamado por el Señor a su divino servicio»[5], hasta el punto de exclamar: «¡Qué contento estoy de ser sacerdote»[6].

Este gran aprecio por el sacerdocio y la conciencia de su alta dignidad hacían que Don Bosco supiera infundir en los jóvenes un elevado concepto, aprecio y respeto por dicho estado; que sufriera grandemente por los sacerdotes que no estaban a la altura de su dignidad; que trabajara por la recuperación y la dignificación de aquellos sacerdotes que habían tenido alguna experiencia negativa, se habían desencaminado o no llevaban una vida ejemplar.

b) Don Bosco fue consciente de las exigencias y responsabilidades inherentes a la vocación sacerdotal.

Don Bosco tenía muy claro que el sacerdocio exige un elevado grado de virtud.

Predicando los Ejercicios Espirituales en 1868, se preguntaba: «Cuál debe ser la santidad de un sacerdote o de un aspirante al estado sacerdotal?» Y respondía: «Tiene que ser un ángel, es decir, un hombre celestial: debe poseer todas las virtudes requeridas en este estado»[7]. En otra ocasión afirmó: «Yo no quiero tener conmigo clérigos de poca virtud; y estoy dispuesto a hacer que deje la sotana aquél que tenga menos virtud que vosotros –los jóvenes-. El que se encamina a la carrera sacerdotal debe poseer una virtud superior a la de un seglar»[8].

Las virtudes que más insistentemente deseaba que tuvieran los sacerdotes eran la fe y la caridad, el celo apostólico y la laboriosidad, la oración acompañada de la práctica de los sacramentos y la vida interior, la castidad y la pobreza, la humildad y la templanza, el estudio y la mortificación, la pureza de intención y la devoción a María.

Junto a la necesaria virtud, Don Bosco subrayaba el grado de entrega a Dios y a las almas que debe poseer el sacerdote.

«Ser sacerdote –afirmaba- quiere decir tener continuamente la obligación de mirar por los intereses de Dios y por la salvación de las almas»[9]. Y añadía: «Sacerdote quiere decir ministro de Dios y no negociante. El sacerdote debe trabajar por la salvación de muchas almas y no en pensar que marchen bien sus asuntos temporales»[10].

Tampoco ignoraba las renuncias que debe hacer quien abraza el estado sacerdotal.

A un joven que se interesaba por dicho estado le hizo observar que hacerse sacerdote quería decir renunciar a los placeres terrenos, a las riquezas, a los honores del mundo, a los cargos brillantes; estar pronto para soportar desprecios por parte de los malos y dispuesto a hacerlo todo, a soportarlo todo para promover la gloria de Dios, ganarse alma y, en primer lugar, salvar la propia[11].

Don Bosco resumió la responsabilidad que comporta el estado sacerdotal en esta frase: «El sacerdote ni se salva ni se condena solo». El 1841, durante los Ejercicios Espirituales en preparación a la ordenación sacerdotal, escribió: «El sacerdote no va solo al cielo ni va solo al infierno. Si obra bien, irá al cielo con las almas que salve con su buen ejemplo. Si obra mal, y da escándalo, irá a la perdición con las almas condenadas por su escándalo». Esta convicción debió estar tan arraigada en él que sus biógrafos la reproducen por lo menos otras seis veces al escribir su vida.

c) Don Bosco exigió coherencia con el estado sacerdotal, y vivió en coherencia con él.

Don Bosco pensaba que el sacerdote debe ser coherente con su estado y sus obligaciones; exigía esta coherencia y se la imponía a sí mismo.

Un día dijo a Don Merlone: «Mira, amigo mío, un sacerdote fiel a su vocación es un ángel; y quien no es así, ¿qué resulta? Se convierte en objeto de compasión y de desprecio para el mundo»[12].

En el corazón de Don Bosco resonaron toda la vida las palabras que le dirigió su madre el día antes de partir para el seminario: «¡Por amor de Dios! No deshonres ese hábito. Quítatelo enseguida. Prefiero tener un pobre campesino a un hijo sacerdote descuidado en sus deberes». El comportamiento poco ejemplar de algunos sacerdotes hizo pensar a Juan Bosco el mismo día de la vestición de la sotana: «Si supiera que había de ser un sacerdote de esos, preferiría quitarme la sotana y vivir como un pobre seglar, pero buen cristiano».

En base a estas convicciones, Don Bosco

– pedía coherencia con el mismo estado sacerdotal. «Lo que quiero –decía-, y en lo que insisto e insistiré mientras tenga aliento y voz, es que el que se hace clérigo sea un clérigo santo y el que se hace sacerdote sea un sacerdote santo. Que el que quiere tener parte en la herencia del Señor abrazando el estado eclesiástico, no se enrede en asuntos mundanos, sino que atienda solamente a la salvación de las almas. Esto pido: que todos, especialmente el eclesiástico, sean luz que ilumine a todos los que los rodean y no tinieblas que engañen a quien las sigue»[13];

– pedía coherencia con la entrega a Dios. Las palabras oídas a los quince años del labios del clérigo Cafasso se convirtieron en convicción de su vida: «Quien abraza el estado eclesiástico se entrega al Señor, y nada de cuanto tuvo en el mundo debe preocuparle, sino aquello que puede servir para gloria de Dios y provecho de las almas».

– Pedía coherencia con la misión sacerdotal. «El que se hace sardote solamente debe buscar almas para Dios»[14], afirmó en las “Buenas Noches” del 10 de Mayo de 1875. Y en otra ocasión: «Cada palabra del sacerdote debe ser sal de vida eterna, en todo lugar y con cualquier persona. Quien se acerca a un sacerdote debe sacar siempre de su trato alguna verdad que sea de provecho para su alma»[15].

– Quería coherencia con las propias obligaciones. A la marquesa Barolo, que en 1846 le agradecía el trabajo realizado, le responde: «No necesito que me lo agradezca, señora marquesa…; el sacerdote debe trabajar por obligación y yo no he hecho más que cumplir con mi deber; espero de Dios la recompensa, si la he merecido»[16]. Seis años más tarde dirá a quienes le intimidaban a dejar de publicar las “Lecturas Católicas”: «Ustedes, señores, no conocen a los sacerdotes católicos. Mientras viven trabajan por cumplir con su deber».

Añadir que Don Bosco vivió generosamente la coherencia que pedía a los sacerdotes, resulta una afirmación claramente innecesaria por la evidencia de su misma vida.

3. Principales rasgos característicos del sacerdocio de Don Bosco.

En mayor o menor grado, Don Bosco participó de la figura-modelo del sacerdote de su siglo, pero hay que añadir que vivió y realizó su vocación sacerdotal según unos rasgos característicos, e incluso originales.

La consagración del Orden fue un acontecimiento de gracia no sólo para su vida personal, sino también para toda la familia salesiana. El Espíritu Santo lo lanzó, en cuanto sacerdote y sostenido por la dirección espiritual de san José Cafasso, a interpretar y realizar su ministerio en sintonía con las circunstancias de una época que evolucionaba y con los urgentes problemas socioculturales de la ciudad de Turín. Lo hizo con audacia y originalidad en una opción de preferencia por los jóvenes, especialmente los más necesitados.

P. M. D. Chunu respondía así ante la pregunta de un periodista que le preguntaba quiénes eran, según él, los nuevos santos para estos tiempos postconciliares. «Quiero recordar ante todo a uno que se adelantó un siglo al Concilio: san Juan Bosco, que es ya, proféticamente, un nuevo modelo de santidad por su obra, que rompía con el modo de pensar y de creer de sus contemporáneos».

Sergio Quinzio en el períodico L’Espresso (21 de Octubre de 1990): «Ofrecía ya en el Piamonte de mitad del siglo diecinueve una figura de sacerdote muy distinta… Los sacerdotes de su oratorio vivían en medio de muchachos destinados a los oficios más humildes, se remangaban la sotana para jugar con ellos. Para esto preparaba Don Bosco a los jóvenes aspirantes al sacerdocio, y su obispo se negaba, por ello, a consagrarlos: se trataba de una novedad inaudita».

 

a) Sacerdote con y para los jóvenes.

San Juan Bosco es universalmente conocido como un gran apóstol de la juventud. Vivió su vocación sacerdotal entre los jóvenes y para los jóvenes. Estos caracterizaron y dieron sentido a su vida sacerdotal. Sin la juventud, el sacerdote Juan Bosco hubiera dejado en la historia de la Iglesia un testimonio sacerdotal edificante cuanto se quiera, pero totalmente distinto del que conocemos hoy.

A los dieciséis años le dijo a un compañero: «Yo no seré párroco. Voy a estudiar porque quiero consagrar mi vida a los muchachos»[17]. Recordando sus primeras experiencias sacerdotales en Castelnuovo, escribió: «Mi delicia era enseñar catecismo a los niños, entretenerme con ellos, hablar con ellos… Al salir de la casa parroquial iba siempre acompañado de una tropa de chicos, y adondequiera que fuese, marchaba envuelto en una nube de amiguitos la mar de contentos». En 1862 reveló una profunda convicción: «El Señor me ha mandado para los jóvenes; por eso es necesario que me reserve en otros menesteres ajenos y conserve mi salud para ellos»[18].

Nada extraña, pues, que llegara a exclamar: «Aquí con vosotros me encuentro bien; mi vida es precisamente estar con vosotros»[19].

Se puede, pues, afirmar, sin miedo a equivocarse, que los jóvenes constituyeron el programa de vida del sacerdote Juan Bosco, una de las opciones fundamentales. En esta clave se debe leer lo que escribió en la vida de Miguel Magone: «He decidido emplear todo el tiempo que Dios tenga a bien concederme en este mundo» para bien de la juventud.

b) Sacerdote educador.

La manifestación y el desarrollo de la vocación sacerdotal de Don Bosco caminó de la mano de la manifestación y desarrollo de su vocación educativa. Ambas vocaciones se influyeron y cualificaron mutuamente.

La vocación sacerdotal de Don Bosco confirió a su vocación educativa el sentido más profundo y su forma de ser; mientras que su vocación educativa confirió a su vocación sacerdotal la especificidad y la concretez.

La acción educativa fue una parte esencial del apostolado sacerdotal de Don Bosco; y su labor sacerdotal impregnó y cualificó esencialmente su acción educativa.

Dicho con otras palabras. Don Bosco fue sacerdote también en su misión educativa y en sus actividades pedagógicas; como fue también educador en su misión sacerdotal y en sus actividades ministeriales. Se puede, pues, afirmar que la pedagogía de Don Bosco fue sacerdotal y que el sacerdocio de Don Bosco fue educativo y pedagógico.

Su afirmación al ministro Ricasoli en Florencia: «Don Bosco es sacerdote en medio de sus muchachos», debe ser aplicada también a su labor educativa.

Don Bosco supo, pues, unir su vocación sacerdotal y su vocación de educador en un solo proyecto de vida y en una característica experiencia vivida. Experiencia que el Rector Mayor, Don Egidio Viganò, resumió en la feliz frase: «Evangelizar educando y educar evangelizando».

 

c) Sacerdote con los laicos.

Don Bosco vivió su sacerdocio en estrecha comunión de vida y de misión con los laicos. Primero, fueron los catequistas, maestros y bienhechores; luego, los Cooperadores, estrechamente vinculados a la Congregación Salesiana; finalmente, los religiosos laicos –Coadjutores Salesianos- con quienes compartió la fraternidad, el apostolado y la vida de oración.

Esta convivencia no fue un hecho ocasional o un elemento secundario en la vida de Don Bosco. Todo lo contrario. Constituyó una profunda y rica experiencia que caracterizó su sacerdocio. En efecto: el sacerdote Juan Bosco trabajando él solo para bien de los muchachos, o llevando adelante su misión juvenil y popular con la colaboración exclusiva de sacerdotes, hubiera vivido y nos hubiera dejado una experiencia sacerdotal diversa, y veríamos en él una figura sacerdotal bien distinta de la que es.

En Don Bosco la relación esencial de su sacerdocio con los laicos (seglares y religiosos) superó la simple circunstancia histórica para convertirse en elemento carismático y en un rasgo específico tanto de la Familia Salesiana, en general, como de la Congregación Salesiana, en particular. Desde Don Bosco, el sacerdocio salesiano no es salesianamente completo si no se vive en relación profunda y vital con la dimensión laical del seglar y del religioso, y si no se realiza en complementariedad con ellos.

d) Sacerdote evangelizador.

«Es piadosa creencia –escribió Don Bosco- que el Señor concede infaliblemente la gracia que el nuevo sacerdote pide al celebrar la primera misa. Yo le pedí fervorosamente la eficacia de la palabra, para poder hacer el bien a las almas. Parece que el Señor oyó mi humilde plegaria»[20].

Así fue, en efecto. El sacerdocio de Don Bosco se caracterizó por el celo y por la abundancia con que se dedicó al ministerio de la Palabra. Ahí están para confirmarlo la gran cantidad de sermones que predicó; su cuidado y promoción de la catequesis en todas sus obras; su interés e iniciativas para la formación religiosa de los jóvenes y del pueblo cristiano; el elevado número de libros formativos que escribió y divulgó; la creación y divulgación de las «Lecturas Católicas», etc.

Este fervoroso y fecundo apostolado sacerdotal de la Palabra estuvo acompañado en Don Bosco del no menos celoso apostolado de los sacramentos de la penitencia y de la comunión.

 


[1] Memorias Biográficas VI, 92.

[2] Memorias Biográficas IX, 319.

[3] Memorias Biográficas V, 100.

[4] Memorias Biográficas VI, 92.

[5] Memorias Biográficas I, 364.

[6] Memorias Biográficas III, 221.

[7] Memorias Biográficas IX, 319.

[8] Memorias Biográficas, VIII, 30.

[9] Memorias Biográficas, III, 68.

[10] Memorias Biográficas XII, 282.

[11] Cfr. Memorias Biográficas V, 501-502.

[12] Memorias Biográficas IX, 357.

[13] Memorias Biográficas XII, 531.

[14] Memorias Biográficas X, 207.

[15] Memorias Biográficas VI, 291.

[16] Memorias Biográficas II, 346.

[17] Memorias Biográficas I, 213.

[18] Memorias Biográficas VII, 253.

[19] Memorias Biográficas IV, 499.

[20] Memorias Biográficas I, 413.



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