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Opinión

Semana Santa: no vacaciones de primavera, sino reencuentro con el “corazón” de nuestra fe – editorial Ecclesia

Semana Santa: no  vacaciones de primavera, sino reencuentro con el “corazón” de nuestra fe – editorial Ecclesia

Nos hallamos en los umbrales de la Semana Santa, “corazón” de nuestra fe cristiana. A lo largo de estos días, hacemos memoria y actualización de los misterios más grandes del amor del Dios de Jesucristo. La Semana Santa no son vacaciones de primavera, ni tan solo tradición y cultura.  No queremos descalificar con ello el necesario y oportuno descanso, siempre preciso para recuperar fuerzas y para potenciar otras dimensiones de la vida como la familia y el ocio y tiempo libre. Queremos decir y recordar que si son vacaciones, lo son precisamente por ser Semana Santa y para así poder dedicar también más tiempo a la verdad de la Semana Santa.

Bienvenidas sean las procesiones que durante estas jornadas recorrerán los cuatro puntos de nuestra geografía, singularmente en España. Bienvenidas sean las declaraciones de interés turístico de los distintos ámbitos, y todo el afán y el empeño que en ellas ponen hermandades y cofradías. Claro que la religiosidad popular de Semana Santa encierra extraordinarios tesoros de belleza, cultura, piedad y  compunción. Bienvenidos sean los jóvenes que a ellas se suman, prologando de este modo una venerable historia sagrada. Y ojalá que, entre todos, sepamos hacer de ellas –seguir haciendo de ellas, las procesiones- profesiones públicas de fe en medio de un mundo que tantas veces se obstina en vivir como si Dios no existiera.

Pero Semana Santa es también mucho más. En sus vísperas, en el V Domingo de Cuaresma –también llamado Domingo de Pasión-, el Papa Francisco ha tenido la feliz iniciativa de distribuir miles de ejemplares de una edición en italiano del Evangelio. La lectura y la meditación de la Palabra de Dios, indispensable siempre y en todo momento de la vida cristiana, ha de adquirir en estos días centrales de nuestra fe un renovado espacio. Semana Santa es, pues, Palabra de Dios. Es oración. Y es que solo desde la Palabra de Dios, podremos vivir la condición de discípulos y misioneros que esta hora eclesial, social y evangelizadora reclama y necesita.

Semana Santa es celebración. La riqueza, la hondura, la sobriedad y a la par solemnidad de los oficios litúrgicos de la Semana Santa son caminos indispensables para vivir la verdad de estos días sacros. No habrá Semana Santa, no habrá Pascua, sin la asistencia y participación en las celebraciones litúrgicas de estas intensas y hermosísimas jornadas. Una celebración sentida, participativa, sosegada, fructuosa.  Los sacerdotes deberán esmerarse, con celo y olfato pastoral, en la preparación y en el desarrollo de estos cultos, que los fieles deberán secundar con veneración, prontitud y apertura. Jamás son más de lo mismo, lo mismo que otros años. Los días del amor más grande se actualizarán, de nuevo, en estas celebraciones litúrgicas, y no debemos perdernos su inagotable potencial de gracia.

Semana Santa es igualmente caridad. Es esencialmente caridad. Es la historia del amor más grande jamás contada. Es la gran caridad de Dios hacia nosotros, que tanto nos amó que nos entregó a su propio Hijo y lo hizo, por nuestra salvación, hasta su muerte y muerte de cruz. No hace, pues,  falta “reinventar” la caridad en Semana Santa. Es preciso, sí, implementarla, aplicarla, vivirla.  Desde que el Jueves Santo es, es el día del amor fraterno. Y el amor fraterno y la caridad son más necesarios que nunca. Según el último FOESSA (ver páginas 8 y 9 de nuestro número de la pasada semana), los últimos siete años de prolongada y aguda crisis económica, dejan en España huella y presencia siniestras: 700.000 hogares sin ingresos de ningún tipo; 11,7 millones de personas (3,8 millones de hogares) afectadas en España por distintos procesos de exclusión social, lo que supone 4,4 millones de personas más que en 2007 (un incremento del 60,6%); 5 millones de personas afectadas por situaciones de exclusión severa, un 82,6% más que en 2007; y el triste y dramático segundo lugar europeo para España donde más crece la pobreza infantil. ¡Y esto, todo esto, es intolerable! De aquí, que también en Semana Santa –mediante iniciativas como la del emergente “cofrade solidario” u otras- haya de ser tiempo de justicia social y de caridad.

Y tampoco hemos de olvidar –nuestra portada de hoy es una elocuente llamada al respecto- que la fuerza y la gracia de la Semana Santa y de la Pascua pasan por la confesión sacramental, por ir a confesarnos.



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