Carta del Obispo Iglesia en España

Semana Santa día tras día, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

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Semana Santa día tras día, por Ángel Rubio Castro, obispo de Segovia

Cuando el Domingo de Ramos las Cofradías y Hermandades de Semana Santa acompañéis el Paso de Jesús entrando en Jerusalén, con vuestras palmas y ramos, de una manera simbólica estaremos entrando en la Semana Santa. Una semana donde vamos a recordar, no solo lo que fue el destino de Jesús, sino también, aquello en lo que se ha convertido nuestro propio destino. Cuando los reyes de Israel regresaban de alguna batalla, eran recibidos con vítores, cantos y palmas en las manos y extendían sus propios mantos a los pies del rey. Era el agradecimiento y la adoración. El mulo era el animal real, el asno era el animal de carga.

Lunes Santo. Todos los sacerdotes  vienen a concelebrar con el obispo como signo de la comunión estrecha que debe existir entre los sacerdotes y el obispo. En ella tiene lugar la bendición del Oleo de los enfermos y de los catecúmenos, se consagra el crisma que se utiliza en los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Orden sacerdotal.

Martes Santo: Las cofradías viven en tensión preparando las imágenes que contemplaremos: la Oración en el huerto, la Flagelación de Cristo con la Cruz a cuestas, en su última palabra en el Calvario, con la Virgen de las Angustias, la Piedad, la Soledad..

Miércoles Santo. La cruz del cementerio segoviano que recibe a nuestros difuntos preside uno de los acontecimientos de nuestra Semana Santa, el Vía Crucis que se celebra en la huerta de los Carmelitas, tras ella miles de segovianos suben con sus velas encendidas las empinadas laderas hasta el final del recorrido. El silencio es roto por los cantos penitenciales y la oración meditativa de las catorce estaciones.

Jueves Santo. Es el día del amor más grande. Es el día del Amor Fraterno, porque hoy empezamos a ser todos hermanos de verdad. Es el día del nacimiento de la fraternidad, desde que Cristo nos unió en su Cuerpo y en su Sangre. Antes de que Judas quisiera entregarle a las autoridades, Cristo se entregó voluntariamente a todos nosotros. Si no hubiera sido así, podríamos pensar que Cristo se entregó porque no tenía más remedio, como si hiciera de la necesidad, virtud. Pero no, Jesús entrega su vida porque quiere, «Nadie me la quita, yo la doy voluntariamente» (Jn 10,18), nadie fuerza al sol a entregar su luz y energía.

Viernes Santo. En la liturgia de la tarde del Viernes Santo se celebra el triunfo de la cruz. La cruz es mostrada a la asamblea con solemnidad y todos se acercan para adorarla y besar, como queriendo beber la vida que brota del Crucificado. La noche del Viernes Santo, la ciudad de Segovia, escribe un capítulo importante de su piedad popular. No hay nada más atrayente que dejarse atrapar por su garra simbólica y seguir de cerca el paso lento, por las calles y plazas, con un acerbo extenso y rico de sus imágenes, acompañadas por los cofrades.

Sábado Santo. La Iglesia celebra la Vigilia Pascual. Todo sucede en esta noche. Todo nos pertenece: el tiempo, el espacio, la vida y la muerte. Pero nosotros pertenecemos a Cristo. Y Este es Dios. Aceptada esta confesión y fe que ha transformado el mundo, podemos seguir con la luz, con la historia, con el rito litúrgico, pues aunque estemos cansados por la debilidad de nuestro cuerpo, la alegría de la vida explota en el rostro de agradecimiento por la gracia que viene de Cristo nuestro Señor. El cirio pascual ilumina toda nuestra vida y nos llevamos la alegría del triunfo de Cristo y la gracia de haber resucitado con Él. En cada misa y cada domingo recordaremos y haremos presente de nuevo la gran Pascua de la Resurrección.

Domingo de Resurrección. Desde este día, los cristianos no somos el pueblo de un muerto, sino el pueblo de un resucitado. La vida del creyente no es soledad angustiosa, sino experiencia compartida con el Resucitado.  Cristo camina siempre a nuestro lado, aunque a veces no nos apercibamos de ello. La Pascua da origen a la nueva humanidad, significada en la comunidad de Jesús: la Iglesia. Una Iglesia que es comunión realizada por el Espíritu, comunión de creyentes en pluralidad de dones y carismas.

Por ello nuestra calle de la amargura se cambia en camino de Emaús. De ahí, desde la Muerte y Resurrección de Cristo, la vía dolorosa de la existencia humana se convierte para los que creen en el amor de Dios que se nos ha difundido en nuestros corazones, en otra calle de alegría y felicidad, de paz y concordia en la que también se entrelazan las vidas de todos los humanos, porque ellos no fueron creados para el dolor y la muerte, sino para el gozo y la vida.

                                                                 + Ángel Rubio Castro

                                                                    Obispo de Segovia

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