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Rincón Litúrgico

Semana de Pentecostés: Los dones del Espíritu Santo: Entendimiento

Semana de Pentecostés: Los dones del Espíritu Santo: Entendimiento, por Ángel Moreno de Buenafuente

-«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11, 25-27)

Súplica al Espíritu para que nos reavive el don de Entendimiento

– «Dame, pues, ahora sabiduría e inteligencia, para que sepa conducirme ante este pueblo tuyo tan grande».

Respondió Dios a Salomón: «Ya que piensas esto en tu corazón, y no has pedido riquezas, ni bienes, ni gloria, ni la muerte de tus enemigos; ni tampoco has pedido larga vida, sino que has pedido para ti sabiduría e inteligencia para saber juzgar a mi pueblo, del cual te he hecho rey, por eso te son dadas la sabiduría y el entendimiento, y además te daré riqueza, bienes y gloria como no las tuvieron los reyes que fueron antes de ti, ni las tendrá ninguno de los que vengan después de ti». (2 Cro 1, 10-12)

Oración

Espíritu Santo, Luz de los corazones, que anidas en la más íntima intimidad y prestas claridad para interpretar la historia, según Dios, ¿por qué nos sentimos tantas veces atrapados en el presentismo sin horizonte, sumergidos en nuestra visión recortada y oscura? ¡Ven, ilumina nuestra inteligencia para comprender desde ti la realidad!

Espíritu Santo, sagacidad divina, que concedes en los que te acogen obedecer la voluntad de Dios, sin especular ni presentar argumentos evasivos, ¿por qué empleamos nuestra razón para huir de aquello que nos propones más acorde con la bondad, la belleza y la verdad, y nos obstinamos en nuestras parcialidades? ¡Ven, Espíritu inteligente, y mueve nuestra voluntad para que abracemos gozosos el querer divino!

Espíritu Santo, don para discernir lo bueno de lo malo y para distinguir lo que es bueno, agradable y perfecto. No permitas que nos anclemos en el conformismo, haz que nos atraiga siempre lo que es mejor a los ojos de Dios. ¡Ven, Espíritu Santo, ilumínanos y concédenos el don de discernimiento!

¡Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
y reconforta en los duelos!



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