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Semana de Pentecostés: Los dones del Espíritu Santo: Consejo, por Ángel Moreno de Buenafuente

Semana de Pentecostés: Los dones del Espíritu Santo: Consejo, por Ángel Moreno de Buenafuente

Semana del cenáculo. Tercer día: Don de Consejo

“Dichoso el hombre

que no sigue el consejo de los impíos;

ni entra por la senda de los pecadores,

ni se sienta en la reunión de los cínicos,

sino que su gozo es la ley del Señor,

y medita su ley día y noche.

 

Será como un árbol

plantado al borde de la acequia:

da fruto en su sazón,

y no se marchitan sus hojas;

y cuanto emprende tiene buen fin” (Sal 1).

 

“No será ya ocultado el que te enseña; con tus ojos verás al que te enseña, y con tus oídos oirás detrás de ti estas palabras: «Ese es el camino, id por él», ya sea a la derecha, ya a la izquierda” (Is 30, 20-21).

 

Súplica al Espíritu para que nos reavive el don de Consejo

 

“Busca el consejo de los prudentes y no desprecies ningún aviso saludable.

Bendice al Señor Dios en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos. Pues no todas las gentes tienen consejo; es el Señor quien da todos los bienes” (Tob 4, 18-19).

 

Oración

 

Espíritu Santo, que susurras al oído interior lo que es bueno y lo que más te complace, no desistas en manifestar tu deseo, por más que te encuentres con nuestra sordera, resistencia, inercia y acostumbramiento. Espíritu Santo, Consejero del alma, ilumina el corazón de tus fieles, para que se adhiera a tu indicación sin reservas.

 

Espíritu Santo, voz en la conciencia, no permitas que caigamos en la trampa de la autojustificación ni del argumento evasivo por comparación con la conducta de otros. Insiste, a tiempo y a destiempo, hasta que te entreguemos nuestra mente y voluntad. ¡Espíritu Santo, ven en auxilio de nuestra sensibilidad espiritual!

 

Espíritu Santo, que has derramado la bondad de Dios sobre todas las cosas, despierta nuestros sentidos para percibir las huellas de tu verdad y de la belleza, y así nos encaminemos siempre hacia el bien. ¡Ven, Espíritu Santo, atráenos con los gemidos de tu voz para que busquemos siempre lo mejor!

 

“Entra hasta el fondo del alma,

divina luz, y enriquécenos.

Mira el vacío del hombre

si tú le faltas por dentro;

mira el poder del pecado

cuando no envías tu aliento” (Secuencia).



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