Carta del Obispo Iglesia en España

Seguir abriendo caminos para la misión de la Iglesia, por el arzobispo de Burgos

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Seguir abriendo caminos para la misión de la Iglesia, por el arzobispo de Burgos, Fidel Herráez

Menaje del arzobispo de Burgos, Fidel Herráez, para el domingo 22 mayo 2016

 Por los medios de comunicación ya habéis tenido noticia de «algunos nombramientos en nuestra Iglesia de Burgos». Se trata de la designación de nuevos responsables para algunos servicios diocesanos.

Y esto forma parte de una dinámica normal de organización y gestión al servicio del Evangelio, que es la tarea que nos ha de urgir a todos, empezando por mí, que tengo la responsabilidad del gobierno pastoral de la diócesis. Desde que comenté este tema en la Carta programática a los sacerdotes a principios de febrero, y a medida que he ido conociendo más las estructuras diocesanas y la amplitud de los campos y tareas pastorales, he ido viendo la necesidad de introducir algunos reajustes en nuestra organización diocesana a fin de actualizar y potenciar la atención pastoral en el  conjunto de la diócesis, con el objetivo último de seguir abriendo caminos en el anuncio del Evangelio. Ahora deseo comentar esta realidadcon todos vosotros.

Ante todo debo expresar mi gratitud y reconocimiento, también en nombre vuestro, a quienes han desempeñado hasta ahora esos servicios diocesanos con entrega, ilusión, eficacia y dedicación, como realización sincera de su ministerio presbiteral; el agradecimiento incluye a cuantos habéis colaborado para llevar adelante sus iniciativas y propuestas. A partir de ahora la experiencia adquirida enriquecerá sus nuevas funciones, igualmente necesarias para nuestra Iglesia en Burgos.

Ahora bien, la Iglesia es un pueblo en camino, que va recorriendo etapas diversas con nuevos indicadores y metas para alcanzar. Tras casi medio año de estancia entre vosotros, después de haber escuchado muchas opiniones, de  participar en encuentros múltiples y de actualizar algunas tareas, parecía conveniente incorporar a personas que tomasen el relevo y las impulsasen con la fuerza y la frescura que siempre suele conllevar lo que se acoge e inicia de nuevo. Les agradezco, también en nombre vuestro, la aceptación de las nuevas responsabilidades, pues soy consciente de la amplitud de los desafíos que asumen en sus respectivas encomiendas pastorales.

El Papa Francisco nos  invita a  una conversión pastoral porque a veces la rutina, los complejos  o la inercia anquilosan o debilitan nuestra vida eclesial y nuestro testimonio. La conversión pastoral se medirá no por el cambio de nombres o de estructuras sino por nuestro dinamismo misionero, por nuestra capacidad para acercarnos a quienes nos esperan y nos necesitan, a los más pobres y abandonados,  incluso a  quienes nos ignoran o nos rechazan.

Por ello espero de los nuevos responsables de estos servicios diocesanos  una actitud sincera de servicio, que se gasten y se desgasten con generosidad por el Evangelio, por el Reino, por la renovación de la sociedad, por nuestras comunidades a veces cansadas. Ellos saben que  en la Iglesia, como seguidores de Jesús, que no vino a ser servido sino a servir, un «cargo» no es un privilegio sino un encargo; un «nombramiento» es una responsabilidad y una «tarea encomendada», es un compromiso de servicio en gratuidad generosa. ¡Ojalá sepamos entenderlo así, sintiéndonos todos sencillos instrumentos en manos de Dios!

El pasado octubre, en un acto de especial solemnidad, decía el Papa Francisco: “La sinodalidad  es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. En Burgos hace años celebrasteis un sínodo diocesano y seguramente  muchos recordáis aquella experiencia.“Una Iglesia sinodal, según el Papa, es una Iglesia de la escucha, una escucha recíproca en la  cual  cada uno tiene algo que aprender”  para que todos -laicos y pastores- caminemos juntos. Este es el campo de servicio  de los recién nombrados: edificar una Iglesia de puertas abiertas que haga posible la acogida y el encuentro; pero para ello hay que seguir cuidando el diálogo interno, el discernimiento comunitario, los proyectos compartidos, la imaginación pastoral al servicio de la evangelización.

De este modo estaremos también en sintonía con todas las diócesis de España. Una Iglesia sinodal, servicial y corresponsable es el objetivo que propone para el futuro  la Conferencia Episcopal en el Comunicado con motivo de sus cincuenta años de existencia, objetivo ya expresado en su Plan Pastoral para los años próximos.

Escuchando, dialogando, estimulando iniciativas y proyectos concretos, los nuevos Vicarios y Delegados podrán también, como sus predecesores, realizar una hermosa tarea, que es la tarea de todos. Que Dios los bendiga, que los acompañe nuestra oración y nuestro apoyo, para que nuestra Iglesia sea más fraterna y nuestra presencia en la sociedad más audaz, significativa y eficaz.

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