Congreso de Laicos Coronavirus Iglesia en España

Seguimos en camino, por Isaac Martín

El 9 de mayo se celebró la Jornada Extraordinaria de delegados de Apostolado Seglar y presidentes de movimientos y asociaciones convocada por la Comisión para los Laicos, Familia y Vida con el objetivo principal de informar sobre los trabajos que se están llevando a cabo para concretar la fase poscongresual del proceso que estamos siguiendo con motivo del Congreso de Laicos.
Fue una jornada verdaderamente extraordinaria en un doble sentido. De un lado, por las circunstancias actuales, que obligaron a convocarla por medios electrónicos, lo que no impidió que los participantes pudiéramos experimentar la alegría de volver a encontrarnos. De otro, por cómo se desarrolló: con ella, una vez terminado nuestro Congreso, retomamos el camino abierto hace casi ya dos años para potenciar la vocación y misión de los fieles laicos.
De la mano don Carlos Loriente, profesor de Teología y vicerrector del Seminario Mayor de la archidiócesis de Toledo, tuvimos ocasión de profundizar en los cuatro itinerarios que vienen guiando nuestro camino a la luz de la nueva situación de crisis provocada por la pandemia mundial que estamos viviendo. El ponente —con claridad y sencillez y, al mismo tiempo, una gran brillantez—, nos ofreció cuatro pistas fundamentales para el camino que hemos de recorrer como Iglesia en los próximos años, partiendo de la necesidad de incorporar la crisis que estamos atravesando en nuestra lectura creyente de la realidad con el fin de desarrollar nuevas formas de pensamiento y acción.
En primer lugar, aprovechar los «preámbulos de la fe» que esta situación está abriendo a los no creyentes —nuevas dudas y descubrimientos interiores— para anunciar explícitamente a Jesucristo; en segundo lugar, hacer propias las tristezas y angustias de los hombres y mujeres para acompañarles, movidos por el amor, en este momento de incertidumbre; en tercer lugar, buscar el equilibrio entre las nuevas posibilidades formativas que hemos comenzado a poner en práctica y la insustituible presencia física en la vivencia de los sacramentos y en la comunicación de nuestra esperanza; finalmente, rechazar la doble tentación del individualismo exacerbado y del narcisismo religioso para, desde una mirada cercana a la realidad que nos rodea y guiados por el Espíritu, seguir construyendo el Reino de Dios. Todo ello, desde la paciencia, el amor y la confianza en Dios y en los hombres.
En definitiva, lejos de buscar soslayar el grave momento presente, hemos de ser capaces de vivirlo como una oportunidad única para fortalecer nuestra llamada a vivir la fe en medio del mundo y en comunión con la Iglesia, discerniendo sobre lo que Dios nos puede estar pidiendo individualmente para nuestra concreta vida y comunitariamente como Pueblo suyo que somos.
El Congreso nos ha marcado el camino; la realidad actual nos va concretando nuestras metas. No perdamos la unidad experimentada en este proceso; continuemos escuchándonos y dialogando, manteniendo la sinodalidad como instrumento eficaz para avanzar hacia ellas.

Por Isaac Martín
Miembro de la Comisión Ejecutiva del Congreso de Laicos y delegado de Apostolado Seglar de Toledo

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