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Secretario de la REPAM: «La defensa de la vida necesita un cambio de actitudes políticas»

El hermano marista João Gutemberg, natural de Acre, en la Amazonía brasileña, asumió en septiembre la secretaría ejecutiva de la Red Eclesial Panamazónica (REPAM) impulsada seis años atrás. Un proceso del que tomó parte activa desde el inicio y en el que ahora releva al laico Mauricio López tras seis años. «Sé que no estoy solo, me siento muy acompañado y con el apoyo de mucha gente que suma», asegura el religioso. Unos días después, el cardenal Cláudio Hummes anunciaba el cese de su mandato como presidente de la REPAM y entregaba el testigo a su vicepresidente, el cardenal Pedro Barreto. Repasando el proceso del Sínodo, el hermano marista habla para ECCLESIA.

—Se está celebrando del aniversario del Sínodo de la Amazonía. ¿Qué sentimiento le viene al pensar en un año atrás?
—Son sentimientos de alegría y esperanza. El Sínodo fue un logro muy hermoso, muy profundo, que entró en el discernimiento, la reflexión y la decisión. Podemos recordarlo como un verdadero proceso de amazonizar el centro de la Iglesia. Además, a pesar de las críticas, tuvo muy buena convocatoria. Las críticas sirvieron para divulgarlo aún más, pues despertó la atención de mucha gente. Era muy importante realizarlo en Roma para que toda la Iglesia y el mundo mire a la Amazonía desde la óptica del cuidado.

—¿En qué medida los resultados del Sínodo se vienen «aterrizando» en la Amazonía?
—Sin duda es un largo camino de esperanza y de inquietud porque no podemos dejar que el Sínodo sea solamente una experiencia hermosa, bien celebrada y quede en buenos recuerdos. No, el Sínodo es para avanzar en los nuevos caminos para la Iglesia y la ecología integral. Resta mucho camino todavía. Son muchas las propuestas del Documento Final del Sínodo que, después, el Papa Francisco en Querida Amazonía nos pide que se revisen y se consideren, y en las que se da trabajo para todos en la Iglesia. Hay propuestas para las conferencias episcopales, para las congregaciones religiosas, para los vicariatos, para las iglesias locales, para la REPAM, para los organismos de Iglesia… muchos detalles y aspectos que siempre hay que recordar y reavivar. Me parece un paso enorme que, a un año del Sínodo, ya tengamos organizada la Conferencia Eclesial para la Amazonía que vaya, poco a poco, constituyéndose para dar dinamismo a muchos de los puntos del Sínodo.

—¿En qué medida el Sínodo Amazónico puede enriquecer a la Iglesia universal, más allá del bioma amazónico?
—El Sínodo Amazónico enriquece a la Iglesia universal desde su preparación y celebración en Roma porque se tuvieron encuentros incluso en otras partes del mundo para pensar, precisamente, los mismos temas de los nuevos caminos para la Iglesia, desde la Amazonía, y para la ecología integral. Durante la asamblea sinodal, el Papa Francisco invitó a representantes importantes de la Iglesia de los diferentes continentes y, al mismo tiempo, muy conectados con los otros ecosistemas de otras partes del mundo tanto para conocer mejor la Amazonía, como para ayudar en la reflexión y conectar con sus realidades, de allá donde viven. Yo participé del grupo inglés y francés, que son personas muy lejanas de la Amazonía, y los cardenales, obispos y laicos decían que muchos temas están conectados con sus realidades. La organización del Sínodo tuvo sin duda una incidencia en toda la Iglesia.

—¿Qué balance hace del actuar de la Iglesia en la Amazonía durante la pandemia de los últimos meses?
—Ha tenido un rol muy, muy importante. Primero por la seriedad y el respeto a las orientaciones para el aislamiento social, cerrando los encuentros presenciales en lo referente a las celebraciones litúrgicas y otros modos de evangelización. Después han sido fundamentales también los testimonios de solidaridad. Cómo las personas, los vicariatos, la vida consagrada, las diócesis y los organismos católicos internacionales han sabido compartir todo lo posible para alimentos, medicamentos… Hemos constatado todo tipo de solidaridad y el compromiso personal de muchos profesionales de salud al estar directamente involucrados en estos apoyos. Ha ayudado mucho la Iglesia tiene bien organizadas sus bases. Gracias a eso se ha podido socorrer directamente a las personas. Otro aspecto macro es que, por la ausencia del Estado en muchos lugares, la Iglesia ha hecho campañas para recaudar y conseguir comprar plantas de oxígeno. Eso en Perú sobre todo fue muy bonito porque desde este pulmón del mundo las personas morían con covid-19 por falta de oxígeno. Sin embargo, por otro lado, vemos con dolor el tema de las denuncias porque con la pandemia han vuelto de nuevo las invasiones del territorio de los pueblos en aislamiento y de los ecosistemas de la Amazonía… un panorama muy grave que se genera para la explotación minera, extractivista en general. Es una contradicción que, en un tiempo de aislamiento, se haya incrementado la explotación de la naturaleza.

—Como amazónico y como brasileño vive de cerca la problemática de los incendios que, en Europa y todo el mundo, causan alerta y ponen la mirada en Brasil. ¿Cómo está la situación?
—Los incendios son lo más visible, pero está también la contaminación del agua por la minería legal e ilegal, así como los cambios de leyes para legalizar lo ilegal. Es muy serio, de forma general en la Panamazonía la fragilidad y debilitamiento de las leyes ambientales. En Brasil así es que se busca permitir el avance del extractivismo con una visión de desarrollo que no está adecuada a la Amazonía, que debería pensar en el Buen vivir, en el desarrollo sostenible desde los ecosistemas amazónicos, de lo que la Amazonía ofrece. Y es que el problema de la Amazonía no está solamente en la Amazonía. ¿Por qué se hace eso con ella? Porque el mundo la utiliza. El mundo necesita pensar que los recursos naturales no son inagotables. Laudato Si’ pide que se cambie esa idea por la de bienes comunes.

—¿Cómo valora la situación política brasileña actual, desde el punto de vista eclesial de la Amazonía y los pueblos indígenas?
—En Brasil hemos contado, en julio, con una carta al Pueblo de Dios firmada por muchos obispos, casi todos de la Amazonía, que consideran que la situación política de Brasil es muy grave. Con crisis de la salud, colapso de la economía, tensiones entre los poderes de la República y con un avance muy fuerte contra la Casa Común, con toda la apertura que se da a los madereros y mineros. Es un desarrollo que desprecia los derechos humanos y de la Madre Tierra. Los pueblos indígenas sufren demasiado por el debilitamiento de las leyes. Es terrible para ellos, por ejemplo con la minería e invasión de sus territorios llegó también la covid y grupos que viven en de aislamiento se contagiaron. Cuando el mundo urbano necesita aislamiento social, los indígenas, que estaban aislados, han sufrido invasiones, se han contagiado y hemos perdido líderes indígenas, sabios y ancianos. Es muy triste. Hay que pensar en la defensa de la vida con un cambio de actitudes políticas.

—Asume la secretaría, pero ha estado desde su creación hace seis años. ¿Cómo recuerda el nacimiento de la REPAM?
—Fue un momento muy esperanzador, de sueños. Teníamos ideas muy claras, de necesidades muy evidentes, pero la pregunta era: ¿Cómo organizar eso? Considero que los seis años de camino de la REPAM han sido de mucha creatividad y colaboración. Creatividad para diseñar los pasos, cómo crear las redes, cómo contar y narrar desde los territorios, cómo articular lo internacional y lo panamazónico. La organización de las REPAM nacionales, de los ejes temáticos, de las comisiones… Es un proceso continuo de evaluación, que ha generado una dinámica muy participativa y con resultados muy buenos.

—Toma el relevo de Mauricio López, un laico que ha conducido a la REPAM desde su creación. Usted es religioso, ¿qué le gustaría aportar desde su misión actual?
—Necesito reconocer siempre la importancia de la misión de Mauricio López en su vocación de laico. Es una persona que sigue la misión con una pasión increíble y tiene un fundamento muy fuerte en la espiritualidad. Es un laico de espiritualidad ignaciana que, en su vida, profundiza muchísimo y, por eso, tiene una visión muy iluminada, de mucho análisis. Ahora, ciertamente yo soy un hermano religioso y eso va a verse en la red, claro. Todas las vocaciones son importantes en la Iglesia. Cada uno tiene su modo para complementar a los otros. Como hermano pienso que estoy bien en la red porque ser hermano es vivir la fraternidad, y la red es conectar con los otros. Eso es fraternidad también. Los organismos, las personas, los países, las culturas… la REPAM es una red eclesial y me gusta mucho, sobre todo en este contexto de la Panamazonía, de donde soy oriundo, he nacido y he vivido casi siempre. Sé que es una misión muy grande y que tiene muchos retos, pero debemos creer y mirar con confianza y alegría porque es un equipo. Sé que no estoy solo, me siento muy acompañado y con el apoyo de mucha gente que suma.

—En la vida de la Iglesia de la Amazonía. ¿Cuál es el espacio del laicado en general y de la mujer en particular?
—Son los laicos y, sobre todo, las mujeres quienes coordinan muchas comunidades en la Amazonía, tanto en el ámbito urbano como en comunidades ribereñas y nativas más pequeñas y muy alejadas. Siempre encontramos ese liderazgo de laicos y mujeres y necesitamos que sea más reconocido con poderes de decisión y más espacio en la estructura de la Iglesia. Necesitamos mucho las vocaciones del sacerdote sí, pero en territorios grandes los padres no son muchos y, aunque lleguen más, no serán suficientes. La vocación del laico no es de suplencia, sino que es una vocación plena en su papel en la Iglesia desde el bautismo. Toda esa teología bautismal necesita cada vez más reconocimiento a partir de la creación de diferentes ministerios como el que se ha hablado de la ecología integral desde la espiritualidad ecológica.

—Desde su formación y vocación marista, ¿cómo evalúa la educación en la Amazonía?
—Mi congregación marista lleva en la Amazonía más de un siglo. La primera comunidad llegó a Belem en 1903 y tenemos muchas comunidades en cuatro países amazónicos. Pero la educación por parte de la Iglesia es muy intensa en toda la Amazonía. Muchas congregaciones están desde hace muchas décadas con escuelas en convenio, escuelas parroquiales, congregacionales, en el ámbito indígena, en la ciudad, en el interior…
Hay un gran trabajo pero la Amazonía tiene una población muy joven, muchos niños, y la educación necesita cada vez más atención desde los poderes públicos. Una educación de calidad, la Iglesia la fomenta en colaboración con los gobiernos, pero necesitamos mucho más. La REPAM tiene un eje de formación y quiere crear, introducir y fortalecer más esta visión de la ecología integral desde la educación y la evangelización. Es un reto muy grande con pasos ya iniciados: la conciencia socio-ambiental desde la educación.

—La interculturalidad y la inculturación son dos palabras que están muy presentes cuando se habla del caminar de la Iglesia en la Panamazonía. ¿Qué propuestas existen para abordarlas desde la educación y desde el seguimiento a Jesús?
—La inculturación es una exigencia desde hace tiempo en la Iglesia porque no puede tener una mentalidad colonialista de llegar con la evangelización para imponer modelos desde afuera. Desde hace décadas se procura cambiar esta mentalidad de la inculturación con el Evangelio, pero se conecta con lo que llamamos las semillas del verbo, que están en las comunidades, desde las cultura precolombinas. Las culturas tienen ya mucho del Evangelio sin tener nombre eclesial. ¿Cómo valorar las culturas sin necesidad de la conversión religiosa? Esto ha sido un punto de mucha crítica al Sínodo porque mucha gente piensa que la evangelización es la transferencia de nuestro modo de Iglesia occidental para las culturas, y no siempre es eso. La conversión cultural y el sueño cultural alumbran mucho ese camino, que necesita crecer. En ese sentido, desde la educación un paso inmediato al Sínodo ha sido la creación de la REIBA, Red Educativa Intercultural Bilingüe de la Amazonía, que ya empezó su trabajo para conectar las escuelas primarias de educación bilingüe de los indígenas.

—Se acaba de presentar la encíclica Fratelli Tutti. ¿Qué espera que aporte en la vida de la Amazonía?
—¡Qué simpatía e incidencia tiene el Papa al escribir las dos encíclicas basadas en Francisco de Asís! Francisco de Roma que se inspira en Francisco de Asís para actualizar lo que Francisco de Asís ya había intuido y proclamado hace ocho siglos. Laudato Si’ tiene como subtítulo «del cuidado de la Casa Común». Ahora la Fratelli tutti nos habla de los habitantes de la Casa Común. Las dos encíclicas se complementan: la casa y los habitantes de la casa. En las dos tenemos los dos aspectos: lo ambiental y lo social. Ahora que hemos trabajado ya cinco años Laudato Si’ Francisco nos marca que es vital también la justicia entre las generaciones, la protección de los ambientes y ecosistemas que acogen a las personas. Todos hermanos, y no explotadores unos de los otros, ni de los recursos naturales. Esto incide sobre la política, los modelos de vida, de desarrollo y de la cultura. Las dos encíclicas profundizan en el sentido de que todo está interconectado.

Por Beatriz García Blasco

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