Cultura

Se hace público, por encargo del obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, el códice que narra las vicisitudes de los tesoros de la catedral de Valencia

Por Antonio DIAZ TORTAJADA, Sacerdote-periodista

Una profesora de Ibiza, Joana Maria Ferrer Ferrer, ha transcrito el códice que narra las vicisitudes de los tesoros de la Catedral de Valencia, trasladados a Ibiza durante la invasión francesa, y de los que apenas se salvaron el Santo Cáliz y la imagen del Cristo del Santa María del Mar.

El sacerdote Pedro Vicente Calbo, ex párroco Santa María del Mar del Grao de Valencia y beneficiado de la Iglesia Metropolitana de la capital del Turia, rector del seminario de Presentación y Santo Tomás de Villanueva, escribió las vicisitudes que corrieron diversos tesoros de la catedral valenciana.

 

Ahora ha transcrito este códice Joana Maria Ferrer Ferrer, ex profesora de Historia del Instituto Santa María, por encargo del obispo de Ibiza, el valenciano Vicente Juan Segura.

 

La autora confía en que en un par de meses concluya un trabajo que relata una historia poco conocida, la de los dos años en que Ibiza fue refugio de los más valiosos tesoros de la catedral de Valencia.

 

“De toda España —recuerda Joana Maria Ferrer—, las tropas de Napoleón Bonaparte no habían conseguido conquistar ni Murcia ni Alicante ni Valencia… El mariscal Suchet había intentado conquistar esta última ciudad, sin éxito, dos veces. A la tercera fue la vencida. Pero ya en el primer intento, los valencianos decidieron poner a salvo sus objetos de valor porque sabían cómo se las gastaban los franceses, que expoliaban las iglesias para fundir el oro y la plata y así poder financiar sus formidables ejércitos”.

 

Fue entonces, en 1809, cuando decidieron llevar aquel inmenso tesoro desde Valencia a Alicante: “Eran 61 cajas. Dos de ellas eran tan grandes y pesadas que necesitaban hasta 10 hombres para moverlas”, señala Ferrer. Dentro de un cajón inmenso metieron, por ejemplo, el retablo de plata de la catedral. En otro, la custodia del siglo XIV, también de plata. Y en una caja más pequeña, el Santo Cáliz.

 

El cargamento permaneció en Alicante 10 meses: «Regresa a Valencia y entonces tiene lugar el segundo ataque de los franceses, justo cuando estaban colocando todas las piezas en sus respectivos estantes de la catedral. Se asustan y, deprisa y corriendo, cargan tres barcos con todo el material”

 

Destino: Ibiza. Pero un temporal impidió que toda la flota, que partió de El Grao, concluyera la travesía. Solo un barco, del que era patrón Vicente Iglecies, logra atravesar el canal el 4 de marzo de 1810. A bordo lleva 22 cajas con la parte del tesoro más suculenta: el retablo, el grial, la custodia, cruces, cálices…

 

De aquel cargamento se hace responsable José Beltrán y Alegre, que había sido el pavorde de la catedral de Ibiza en 1782, cuando aún no había obispo. Beltrán ocultó el tesoro y las reliquias en la casa que alquiló en Vila, tanto en sus dependencias como en sus bajos, una especie de almacén.

 

En el códice, el sacerdote Pedro Vicente Calbo “quiere reflejar, fidedignamente y para que nadie en el futuro malinterprete nada, las vicisitudes que sufrió el cargamento con los tesoros de la catedral valenciana”, señala Ferrer. Lo empieza a escribir en1812 y lo acaba en 1818. Dictaba el manuscrito a partir de unas notas que había tomado

 

En el manuscrito, compuesto por 346 páginas, el sacerdote Pedro Vicente Calbo comenta cómo le preocupaban los canónigos de Palma, que “tambien le insistían en que depositara el Santo Cáliz en la catedral para exponerlo. Pero él se negaba y lo llevaba siempre encima”, afirma Ferrer, «El Santo Cáliz de la Última Cena quizás no era lo más valioso del cargamento —opina la historiadora—, en lo referente a lo material. Lo más preciado era el retablo de plata, que acabó fundido, y la custodia. Pero sí era lo más valioso espiritualmente”.

 

En 1813 regresó a Valencia lo que, tras la fundición, quedó de aquellas 22 cajas que habían partido en 1810 del Grao: El Santo Cáliz y la imagen del Cristo del Grao.

 

“Había desaparecido una fortuna, kilos y kilos de plata y oro fundidos…”, apunta la profesora. En las manos de Pedro Vicente Calbo vuelve a su catedral el Santo Cáliz, una delicada pieza de ágata que se cree que fue elaborada entre los siglos II y I antes de Cristo.

 

Doscientos años después monseñor Carlos Osoro, arzobispo de Valencia entregó una réplica del Santo Cáliz al obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura.

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Antonio Díaz Tortajada

Antonio Díaz Tortajada nació en 1947 en Castielfabib (Valencia). Sacerdote diocesano desde 1973. Miembro del Instituto Secular Jesús Sacerdote. Licenciado en Teologia, Ciencias de la Información y Diplomado en Psicología. Fundador de la emisora católica "Radio Luz de Valencia". Actualmente Consiliario de la Junta Diocesana de Hermandades y Cofradías. Columnista habitual en los diarios locales valencianos. Autor, entre otros libros, de: "Evangelización, lenguaje y cultura" (1983), "Llamados para anunciar el Evangelio de Dios" (1984), "Me encanta mi heredad" (1989), "Juan Pablo cree en los jóvenes"(1990), "El camino de la Cruz" (1991), "Arriesgar la palabra"(1993), "Plegarias" (1994), "El silencio de Dios" (1994), "Vivir lo que esperamos" (1997), "Viacrucis del Hombre Dios" (2000), "Háblame de Jesús" (2001) y "Variaciones sobre el Génesis" (2005)

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