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Se cumplen veinticinco años del secuestro de los monjes de Tibhirine
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Se cumplen veinticinco años del secuestro de los monjes de Tibhirine

Ayer viernes, 26 de marzo, se cumplieron 25 años del secuestro de los siete monjes del monasterio trapense de Nuestra Señora de Atlas en Tibhirine (Argelia). Un acto criminal que habría de terminar con la decapitación de todos ellos dos meses después. Los siete fueron beatificados en la catedral de Nuestra Señora de Argel el 8 de diciembre de 2018. En esa ceremonia, oficiada por el entonces prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, cardenal Becciu, también fueron elevados a los altares las religiosas españolas Ester Paniagua y Caridad Álvarez, el obispo de Orán Pierre Claverie y otros mártires de aquellos durísimos años de plomo.

Diez años de guerra y entre 150.000 y 200.000 muertos

Situémonos. Estamos en 1996 y Argelia se desangra en una sangrienta guerra civil. Cuatro años antes, los islamistas han ganado la primera vuelta de las elecciones, pero el ejército ha impedido su previsible acceso al poder suspendiendo la celebración de la segunda con un golpe de Estado. Estalla una guerra en la que en los siguientes diez años morirán entre 150.000 y 200.000 personas.

En 1996, en plena contienda, el Grupo Islámico Armado (GIA), una de las facciones guerrilleras islamistas, exige que todos los extranjeros abandonen el país. Algunos misioneros, pocos, lo hacen, pero la mayoría deciden quedarse: por amor, por compromiso con el pueblo sufriente del que forman parte.

Entre quienes deciden quedarse están los siete monjes del Atlas. Los hermanos Christian (de Chergé, el prior), Luc (Dorcher, el médico), Christophe (Lebreton), Michel (Fleury), Bruno (Lemarchand), Celestin (Ringeard) y Paul (Favre-Miville) son franceses y, por tanto, doblemente enemigos a ojos de los islamistas, dado el pasado colonial de Argelia. En el pueblo de Tibhirine, a unos 80 kilómetros al sur de Argel, donde su ubica el monasterio, no los consideran tales. Los monjes viven de la tierra y en perfecta armonía con sus vecinos musulmanes. Se dedican a orar y a confraternizar, a vivir el Evangelio y a dar testimonio de Jesús mediante sus obras en el día a día. Uno de ellos, el hermano Luc, atiende a los enfermos en el dispensario del lugar, se ha creado un grupo de oración islamo-cristiano…

De edades comprendidas entre los 45 y los 82 años, los monjes son conscientes del peligro que corren, pero tienen un compromiso con el pueblo que aman y al que han hecho suyo, formado por gente sencilla y humilde que sufre, como ellos, las penalidades de la guerra.

En la noche del 26 al 27 de marzo, hace ahora un cuarto de siglo, los guerrilleros irrumpen en el cenobio y se los llevan a a las montañas. No se volverá a saber de ellos hasta el 21 de mayo, cuando se anuncia su decapitación. Uno de los miembros de la comunidad, el hermano Jean-Pierre Schumacher, logró esconderse y escapar al secuestro. Sobrevivió y todavía vive. El Papa Francisco se encontró con él durante la visita que realizó a Marruecos en 2019.

El testamento del P. Christian de Chergé

Tras el funeral, celebrado en la basílica de Nuestra Señora de Argel, los monjes de Tibhirine fueron enterrados en el jardín de su monasterio, como era su deseo. Con ellos fue enterrado también el mítico cardenal León Duval, fallecido esos mismos días. El testamento espiritual del Padre Christian-Marie de Chergé asumía con gran entereza la posibilidad de una muerte violenta. Comenzaba así: «Si un día me aconteciera —y podría ser hoy— ser víctima del terrorismo que actualmente parece querer alcanzar a todos los extranjeros que viven en Argelia, quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia, recordaran que mi vida ha sido donada a Dios a este país».

Tras pedir que asociaran su muerte a la de tantas otras «abandonadas a la indiferencia y el anonimato», el prior de Tibhirine perdonaba a su hipotético verdugo, al que se dirigía con estas palabras: «Y a ti también, amigo del último instante, que no sabrás lo que estés haciendo, sí, porque también por ti quiero decir este gracias y este a-Dios en cuyo rostro te contemplo. Y que nos sea dado volvernos a encontrar, ladrones colmados de gozo, en el paraíso, si así le place a Dios, Padre nuestro, padre de ambos. Amén. Inchalá».

La historia de los monjes de Tibhirine fue llevada al cine en la estupenda y premiada película De dioses y hombres.



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