Carta del Obispo Iglesia en España

“Se acerca el día, tu día, en el que todo florece”, por Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo

Se acerca el día, tu día, en el que todo florece”, por Braulio Rodríguez Plaza, arzobispo de Toledo

Estamos cada vez más cerca de la Semana Santa; en ella, el Misterio Pascual de la muerte, sepultura, resurrección y ascensión a los cielos de Jesucristo se celebra como memorial. ¿Qué tipo de celebración es esa? Sencillamente: la que no recuerda solo sucesos del pasado, sino que aquello que le sucedió a Jesús en la última semana de su vida “se conmemora”, esto es, vuelve a hacerse presente y es ocasión de gracia y salvación para nosotros, de modo que la pasión del Señor, su muerte y sepultura, pero también la resurrección de su persona la podemos nosotros vivir, porque el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, los sacramentos pascuales, pueden ser renovados y nos proporcionan la energía suficiente para volver a ser hombres y mujeres nuevos, que mantienen el testimonio de Cristo en un mundo que no cree que la fe en Dios sea importante.

Pero, ¿sirve hoy la muerte de Cristo y su resurrección para algo concreto? ¿No sigue habiendo muertes absurdas como las ocurridas en las mezquitas de Christchurch, en Nueva Zelanda? ¿Por qué ese horrendo parricidio de los dos niños de Godella? ¿Por qué el dolor y el sufrimiento inexplicables de los que han perdido a su cónyuge de forma inesperada, o de quienes hayan sufrido la muerte de su hijo, o hayan vivido cualquier acontecimiento perturbador, como un accidente aéreo o automovilístico?

Sí, es verdad, estas cosas ocurren. Yo no voy ahora a hacer una defensa de Dios o de Cristo ante estas acusaciones, porque, aunque se puede hacer, no puedo pretender que ello vaya a consolar a los que han sufrido o conocido tales desgracias. Dios no da respuestas abstractas a los problemas de los hombres; Dios se acerca a ellos y habla; y en el caso de su Hijo Jesucristo, éste se hace uno con nosotros y sufre con nosotros, entrando en el problema mismo, como hizo con los discípulos de Emaús, sin quedarse en teorías.

Esta respuesta, que es Jesús, constituye una respuesta válida a los que se preguntan “¿Por qué a la gente buena le ocurren cosas malas?”. Lo es también el libro de Job, el bueno, el justo “puro”, a quien le pasan tantas cosas, y que solo se aquieta su espíritu cuando entiende que no conoce bien a Dios, pues la cascada de preguntas que el Señor le dirige, él es incapaz de responderlas. Pero la respuesta definitiva la da Dios en su Hijo, que responde a las acciones y palabras injustas en su juicio y nunca renuncia a la verdad. Lo que hace Cristo es amar, entregarse totalmente y abrir un horizonte en la vida de los humanos que lleva a vivir la existencia humana de otro modo; y ofrecer su gracia y su persona para compartir todo con quien le acepta: lo bueno y lo malo.

Cristo ofrece este domingo la realidad de ese Padre que no sólo perdona a su hijo alejado, sino que le espera y le abraza, porque vuelve a la vida; a la vez ese Padre no recrimina la falta de amor y cerrazón de su amor en el vivir el día a día del hogar. Ese es el Padre de los cielos, a quien Jesús presenta diciéndonos: “Dios es así”, que perdona siempre y acompaña la vida de sus hijos.

No hay que buscar tampoco razones de quién pecó en el caso del ciego de nacimiento: ¿él o sus padres? “Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten las obras de Dios” (Jn, 3). Jesús alerta aquí sobre algo importante: podemos ser ciegos que físicamente no pueden ver lo que le rodea, y sí realidades más importantes; pero también podemos ser personas, que físicamente tienen buena vista, y son ciegos para lo importante. “Si estuvieran ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece”. ¿Veremos el valor y la importancia de celebrar un año más la Semana Santa? Ningún impedimento pone el Padre de los cielos para “volver a casa”.

+Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo, Primado de España

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