Firmas

Satu, el obispo y el Papa (La oración por los difuntos)

Satu, el obispo y el Papa (La oración por los difuntos)

Hace unos días, recibo la llamada cariñosa y tierna de Satu, una de las amigas entrañables de mi madre. Como hace un año de la muerte de mi madre, sus amigas de la Legión de María quieren recordarla en la Eucaristía y me piden que si puedo yo acompañarlas y celebrar.

Ellas no se olvidan de lo vivido, de esa amistad verdadera que va más allá de la muerte y que se expresa en la oración por los difuntos y en esa mística que sostiene la comunión de los santos. Unas relaciones creíbles y creativas, que se entrelazan en la comunión de eternidad trinitaria y que nos hacen sospechar el tenor y la grandeza de la vida eterna, en su aspecto de gozo comunitario y de fraternidad realizada.

Y recuerdo cómo en la primera conversación tranquila con D. Celso, el nuevo arzobispo de Mérida-Badajoz, me preguntaba por mi madre y la relación con ella. Él sabía, por lo que le habían comentado y leído de mis escritos, que habían sido años de especial dedicación a ella por su dependencia. Al comentarle algunos aspectos, me emocioné, no podía por menos que ser así. Él se conmovió, se levantó y me condujo a su escritorio, sacó su agenda personal y me preguntó qué día hacía el aniversario; anotó y prometió que ese día la recordaría con cariño en la Misa.

Al instante, me contó una anécdota que vivió con el Papa Francisco en su última conversación con él. Hablando de Argentina, me decía que recordó con él la muerte de un joven a quien acompañaba… quiso rememorar la fecha de fallecimiento del mismo y, al no acordarse, se levantó el Papa hacia su escritorio, sacó una agenda muy gastada, con tapas negras muy usadas, y buscó la fecha concreta del fallecimiento de ese joven. Hacía más de treinta años de aquella muerte y la seguía teniendo presente… Le explicó a Don Celso que en esa agenda vieja, que siempre lleva consigo, estaban escritos todos los nombres de personas que tenía presente en su oración por los difuntos. La veía cada día, antes de celebrar la Eucaristía, para reavivar esa comunión con ellos. A mi obispo le llegó el detalle y lo estaba imitando conmigo con motivo de mi madre, a quién sólo ha conocido de oídas. Me enterneció el gesto y, aún más, la llamada que me dedicó el mismo día del aniversario de mi madre, para recordarme que la había tenido presente en el altar y que le había gustado el artículo que se había publicado en el diario regional sobre su recuerdo.

Hoy celebraré la Eucaristía con todas su amigas en la parroquia de San Fernando. Allí viviremos, al mismo tiempo, lo que es la comunión de los santos y la oración por los difuntos, entrelazadas las intenciones y con la esperanza firme de que la Madre Dios preside la Legión de las mujeres sencillas que creen en el Evangelio y que tratan de vivir sus valores en la relaciones entre ellas y con todos los enfermos. Será un gozo estar en esta oración compartida, de la que ella –mi anhelada madre- formó parte en muchas ocasiones.

Hoy, sigo tocando su agenda, ya vieja y gastada… con los nombres de todas aquellas personas sencillas y entrañables que para ella eran muy importantes, aunque el mundo no las conociera: Satu, Mari, Paca, Isi, Manuela, Josefa, Ángeles, Isabel… tantas y tantas… Hoy estaré con muchas de ellas y juntos sentiremos de un modo especial el “Por Cristo, Con Él y en Él”. Un sentimiento que nos aúna al Papa, a D. Celso y a las mujeres sencillas de la Legión de María de la Parroquia de San Fernando. Para mí, una vez más, queda patente que por aquí funciona, de un modo sencillo y extraordinario, el verdadero “sensus fidei y el sensus fidelium” en el corazón de la Iglesia.
José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

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