El obispo Santiago Gómez, durante la homilía
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Santiago Gómez pide «auxilio» a la Virgen en este tiempo «que no es fácil»

El obispo de Huelva, Santiago Gómez, presidió ayer el «Rocío Chico» en Almonte. A ella se ha dirigido en su homilía. «Estamos ante la santísima Virgen del Rocío cumpliendo una promesa de nuestros antepasados, pero desde nuestra experiencia actual, que nos trae ante Ella para pedirle, hoy también, que sea nuestro auxilio, auxilio de los cristianos», expresó Gómez. «Nuestro tiempo no es fácil, como en las bodas de Caná, parece que falta el vino de la fiesta. No estamos celebrando este Rocío chico en la Aldea, no pueden estar presentes todos los que quisieran, la alegría de la devoción rociera no ha podido manifestarse exteriormente, seguimos viviendo la amenaza del virus que azota al mundo desde hace meses y se extiende un velo de incertidumbre sobre el futuro», añadió.

Santiago Gómez no ha achacado esta falta de alegría de la fiesta exclusivamente a la pandemia sino que, además, ha querido señalar a «una cultura que tiende a prescindir de criterios morales claros», dejando de escuchar la indicación de la Virgen «Haced lo que Él diga» en las bodas de Caná. «Instalados en este relativismo moral, en el que cada cual se rige por su propia opinión sin mayor discernimiento,[…] los proyectos de vida se vuelven provisionales, expuestas a ser revocados cuando a cada uno le parezca, y esto a menudo se considera expresión de libertad, mientras que señala más bien la esclavitud del capricho», ha señalado

Dos siglos de tradición

Esta tradición tiene más de dos siglos y es el Voto de acción de gracias que realizaron los antepasados de esta localidad cuando en 1813, motivados por la lucha que mantuvo el pueblo de Almonte contra las tropas francesas que habían invadido España, lograron resistir al invasor, siendo librados por la intercesión de la Virgen del Rocío de las fatales consecuencias para el pueblo de Almonte.

En represalia al asalto del cuartel francés en Almonte, el ejército galo envió 800 soldados desde Sevilla. Los almonteños pidieron intercesión a la Virgen, y pocas leguas antes de llegar a la localidad y arrasarla, el ejército invasor recibió orden de frenar su avance y retroceder.

Con motivo de estos acontecimientos y cuando el ejército francés se retiraba definitivamente de España, los representantes del pueblo de Almonte, Ayuntamiento, clero y hermandad matriz, deseando manifestar el reconocimiento y gratitud, acordaron unánimemente, el día dieciséis de agosto de 1813, hacer un voto formal y expreso, en su nombre y en el de las generaciones venideras, por el que en adelante y para siempre jamás, pasaran la madrugada del diecinueve de agosto en el Rocío, celebrando por la mañana solemne misa en la ermita, en acción de gracias por la salvación de su pueblo.

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