Internacional

Santiago de Cuba, arrasada: El ciclón Sandy devastó el 85% de sus iglesias, por Araceli Cantero Guibert

SANTIAGO DE CUBA, lunes 12 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Dos semanas después del paso del ciclón Sandy, algunas zonas de Santiago de Cuba recuperaban el tendido eléctrico y con la vuelta de la electricidad al obispado y a otras zonas han empezado a circular informaciones más detalladas sobre la tragedia vivida desde el paso del huracán que azotó la zona en la madrugada del 25 de octubre.

“Seguimos sin luz, afirmaba el padre Valentín Sanz en un correo electrónico del 8 de noviembre. “Tampoco tengo teléfono, ni puertas, ni muro del patio, ni cocinera”, explicaba el sacerdote cubano párroco de la iglesia de San Francisco, en Santiago de Cuba, que ha quedado prácticamente derrumbada. En un correo electrónico, a amistades y conocidos, el sacerdote indicó que “la lluvia torrencial días después terminó de dañar lo que Sandy no había estropeado”. El sacerdote recorría su parroquia, o lo que queda de ella, con un casco de moto sobre la cabeza mientras revisaba los desperfectos de cada día y las inundaciones de las viviendas, todas sin techo.

Para poder comunicarse el padre Sanz tiene que desplazarse, recargar la batería del portátil en algún lugar con electricidad y buscar dónde enviar los correos.

El obispo emérito de Melo, Uruguay, monseñor Luis del Castillo Estrada SJ, lo hace desde un hotel. Él lleva dos años como misionero en Cuba y ha enviado una descripción de la situación a la Conferencia Episcopal de su país.

“Santiago está totalmente destruida. Todos los techos de tejas o de chapas han volado”, escribía el obispo cuatro días después del paso de Sandy. “Los árboles arrancados de cuajo han caído sobre las casas o en medio de las calles. No hay energía eléctrica ni teléfonos. Escasea el agua y las posibilidades de cocinar. Faltan alimentos y no hay refrigeradores para conservar lo poco que queda”.

En otro correo electrónicoel religioso cubanoOsvaldo Morales decía: “Gracias a Dios, estamos vivos, pues hay quienes ya no lo están. La ciudad entera parece como arrasada, desbaratada, destruida. Es algo horrible y ya llevamos una semana”.

El religioso de los Hermanos de la Salleindicaba que “nadie pensó lo que iba a suceder, pues nos habían dicho esa misma noche que era de categoría 1 y que pasaría al oeste de la bahía, a unos cuantos kilómetros de distancia, con mucha lluvia después de su paso”. Pero nada de eso fue así. Sandy impactó a la ciudad con vientos superiores a 175 kilómetros por hora, provocó la muerte de once personas y dejó miles de casas destruidas, severos daños en los servicios eléctricos, telefónicos y de comunicaciones. También causó destrozos en los cultivos. Y aunque a los Hermanos de la Salle no les pasó nada más que el susto, la casa sí sufrió. La cornisa que adornaba el frente de la casa, se fue cayendo, sobre el techo de la antigua sala y se mojaron prácticamente todas las computadoras que servían para las clases.

Como todos los vecinos, los hermanos tuvieron que ir tirando todos los desechos para el medio de la calle, que ha quedado interrumpida.

A Santiago han llegado brigadas de trabajadores de todas las provincias no afectadas que cortan árboles caídos, y limpian calles pero “los destrozos son increíbles. No recuerdo haber visto a Santiago en estas condiciones”. El hermano Morales, describela situaciónde “un agua, sucísima, la gente sin dinero, los precios aumentando en lugar de bajar, la gente por las calles a montones buscando qué comer, dónde conseguir pan, los primeros días, algo que mejora, tremendas colas para cualquier cosa, y los molotes de gente que gritan, pelean, se empujan, etc, etc. por llegar antes de que se acabe cualquier cosa que quieran comprar. En fin, un caos”.

Indica que “continuamente pasan por aquí personas contando sus tragedias y pidiendo ayuda. Y realmente por más que se quiera, no se puede atender a todo el mundo, y todos nos quedamos entonces más tristes. La Iglesia está haciendo proezas para buscar y brindar ayuda. Pero no se trata de una o dos personas, sino de millares”.

El sábado 27 de octubre, el arzobispo Dionisio García Ibáñez reunió a todos los sacerdotes, religiosos y religiosas para estudiar la situación y precisar la actuación. Todo cuanto él tenía en el arzobispado de comida, y enseres lo distribuyó

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