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Santa Teresa y Miguel de Cervantes: unidos por la poesía, por Fidel García Martínez

Santa Teresa y Miguel de Cervantes: unidos por la poesía, por Fidel García Martínez

Mientras la celebración del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa, la mejor escritora en la lengua de España según el testimonio crítico de Fray Luis de León, fue un éxito mundial en la más amplia acepción del término, porque en todo el mundo desde Asia a Europa, desde las dos Américas a África e incluso en Oceanía, entre otras razones porque Santa Teresa es Doctora de la Iglesia Católica extendida por todo el mundo.

Cervantes

También porque el Carmelo Teresiano, femenino y masculino, está presente en todos los Continentes. A todo esto se debe añadir que los actos religiosos: líricos, narrativos, dramáticos, televisivos cinematográficos fueron muy numerosos y continúan hoy, como se puede verificar entrando en la dirección de Internet: DE LA RUECA A LA PLUMA, de las a Madres Carmelitas Descalzas de Puzol (Valencia). Por el contrario, la celebración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes tiene poca relevancia en España y más parece un funeral en el que se entierra su cadáver con más pena gloria; de prisa y corriendo. Mientras que el Centenario de Santa Teresa tuvo un marcado acento popular y participativo de jóvenes, y mayores; de hombres y mujeres se sabios investigadores y humildes ciudadanos, el centenario de Cervantes está encerrado en los venerables salones de la RAE, en   cátedras de universidades o círculos de expertos.

Una de las causas para esta desidia es la situación cultural que vive España, de un patetismo desolador, en parte por el esperpento político de unos actores que está interpretado a la perfección Los cuernos de doña friolera, de Valle Inclán y para nada preocupados de las necesidades reales de los españoles ni materiales ni espirituales y sí pendientes de sus poltronas y sus sueldos de fin de mes, muy levados sólo por conspirar.

Santa Teresa y Cervantes siempre estarán unidos por los libros de caballería, ella porque leyó muchos y Cervantes porque escribió el más grande de todos ellos y la madre de todas las novelas modernas, la Vida del Ingenioso Hidalgo. Pero estos dos genios de la narrativa tienen una diferencia, santa Teresa paso de la lectura a la realidad de una vida personal llena de aventuras a lo Divino, luchando contra toda clase de elementos personales e institucionales que se oponían a Reforma del Carmen Descalzo y que dejó escrita en esa obra singular amena y divertida como el Libro de Fundaciones, un verdadera retablo de la España profunda y superficial del Siglo XVI. En el Libro de Castillo Interior narra su propia vida desde la dimisión más heroica y grandiosa de su experiencia mística, hasta el libro de Las Fundaciones una ventura a lo divino, pero real como la vida misma. Santa Teresa es un testigo excepcional en primera persona. Esta personalidad egregia de la Madre Teresa fue alabada y poetizada por el autor del Ingenioso Hidalgo de la Mancha en un poema memorable y que Cervantes titula A LOS ÉXTASIS DE LA BEATA MADRE TERESA. En el poema, Cervantes no sólo admira a Santa Teresa, sino que le suplica: Oye mi voz cansada / y esfuerza, oh Madre, el desmayado canto.

Cervantes, como se puede ver por el mismo título del poema, celebra las grandes experiencias que la Santa describe en sus obras tanto en prosa como en verso, pero muy especialmente en los libros de la Vida y en El Castillo interior, y ve en ellos Cervantes su mayor timbre de gloria, como se puede deducir de la lectura de esta estrofa en la más pura estética barroca conceptista basada en la antítesis y en la paradoja (…)

“ Aunque naciste en Ávila, se puede/ decir que en Alba fue donde naciste/ pues allí nace donde muere el justo/ desde Alba, oh madre, al cielo te partiste/ alba pura, hermosa a quien sucede/ al claro día del inmenso gusto/ Que le goces es justo/ en éxtasis divinos/ por todos las caminos, / por donde Dios llevar a un alma sabe/ para darle de sí cuanto ella sabe/ y aun ensancha, dilata y o engrandece/ y, con amor suave/ a sí y de sí junto y enriquece//

Cómo no recordar los versos de Santa Teresa: “Vivo sin vivir en mí/ y tan alto vida espero/ que muero porque no muero/ vivo ya fuera de mi/después que muero de amor, / porque vivo en el Señor” que me quiso para sí//

Fidel García Martínez, Catedrático Lengua Literatura, doctor Filología Románica

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