Opinión

Santa Teresa y la «ECCLESIA», por Fidel García Martínez

Santa Teresa y la «ECCLESIA», por Fidel García Martínez

El gran amor y la gran pasión de Santa Teresa fue la Iglesia Católica. Por la pureza de su doctrina, por respetar, guardar y vivir conforme a lo que manda la Santa Madre Iglesia emprendió la magna obra de la Reforma de Carmelo.

Pero la Iglesia a la que amó y la que sirvió la autora del Camino de Perfección no es una Iglesia Utópica, en la que sólo caben los grandes santos, los perfectos, los que reciben extraordinarias gracias místicas, los que se alejan del mundo para entregarse a la penitencia y contemplación, sino la Iglesia Jerárquica, la que fundó realmente Jesucristo sobre los apóstoles y sus sucesores el Papa; las duras censuras y persecuciones en las que Santa Teresa se vio envuelta tanto por parte de los intransigentes como de los mundanos y relajados, fueron muchas y graves. Causa emoción recordar su última voluntad y sus últimas palabras: EN FIN MUERO HIJA DE LA IGLESIA. A esta Iglesia compuesta de justos y pecadores sirvió y amó con generosidad y entrega totales.

Trascribir citas encontradas en sus obras en las que se encuentran el tema de La Iglesia en sus diversos y plurales elementos constituyentes: jerarquía, dogma, moral, sacerdocio, teología etc., etc., sería muy interesante.

La reforma del Carmelo que intentó y llevó cabo santa Teresa es la antítesis de la falsa reforma pretendida por Lutero a quien la santa identifica, sin más como: aquellos que quieren volver a sentenciar a Cristo y a los que querían poner su iglesia por los suelos.

Dos años después del nacimiento de santa Teresa (1515) Lutero escribe su crítica a la teología de las indulgencias (1517); sostenía que la iglesia oficial de Roma no era la verdadera: se debe advertir que Lutero era un religioso agustino plenamente católico. Hoy después del Concilio Vaticano II, aunque no se hayan superado los obstáculos teológicos, principalmente, las relaciones entre protestantes y católicos, las iglesias evangélicas y la Iglesia Católica no son tan hostiles, porque la unión de los cristianos es un objetivo último del movimiento ecuménico, como lo fueron en los tiempos en los que se produjeron la llamada Reforma protestante y Contrarreforma Católica. La Iglesia Católica del Siglo XVI, aun siendo sustancialmente la misma que la de Siglo XXI, vive en circunstancias, políticas, culturales, sociales, económicas muy diferentes, por eso cada una debe ser analizada en su problemática específica y no homologando los problemas.

Santa Teresa no se inmiscuye en los graves problemas teológicos que se tratan en el Concilio de Trento; eso lo deja en manos de la Jerarquía y de los grandes letrados (teólogos). Ella quiere servir a la Iglesia desde la oración y el sacrificio. Esto se vio reforzado por lo que conoció de los graves sucesos provocados por los hugonotes, calvinistas franceses, quienes después de la muerte de Francisco I (15 de diciembre de 1560) y durante la regencia de la reina madre Catalina de Médicis, habían logrado ciertas libertades, que aprovecharon para acometer actos de violencia contra iglesias católicas. En 1561 se podía hablar de 2.500 iglesias pertenecientes a la reforma calvinistas. Conocidos estos hechos por Felipe II, éste pidió a los monasterios para que encomendasen a Dios la causa católica. En pleno concilio de Trento el cardenal Carlos de Guía informaba, en Francia: “Por todo el reino discordias, odios, pillajes, guerras intestinas, destruidos los templos sagrados, asesinados sacerdotes y religiosos junto al altar, pisoteadas las especies sacramentales (…) hogueras que arden con ornamentos de las iglesias y con imágenes de santos, reliquias convertidas en cenizas y arrojadas al río”

Santa Tenía conocimiento indirecto de estos graves sacrilegios, así escribe en el capítulo primero del Camino de perfección: “En estos tiempo vinieron a mí noticia los daños de Francia y el estrago que habían hecho estos luteranos y cuánto iba en aumento esta desventurada secta. Diome gran fatiga, y como si yo pudiera algo o fuera algo lloraba al Señor y le suplicaba remediase tanto mal. Parecíame que mil vidas pusiera yo para remedio de un alma de las muchas que allí se pierden. Y como me vi mujer y ruin e imposibilitada de aprovechar en lo que yo quisiera en el servicio del Señor, y toda mi ansia era y aún es, que pues ( el Señor) tiene tantos enemigos y pocos amigos, que estos fueran buenos, determiné hacer lo poquito que era en mí que es seguir los consejos evangélicos con toda perfección que yo pudiese y procurar que estas poquitas que están aquí hiciesen los mismo, confiada en la bondad de Dios, que nunca falta de ayudar quien se determina a dejarlo todo (…) estáse ardiendo el mundo, quieren tornar a sentenciar a Cristo-como dicen- pues levantan mil testimonios, quieren poner su Iglesia por el suelo ¿y hemos de gastar tiempo en cosas que por ventura, si Dios se las diese, tendríamos un alma menos en el cielo? No hermanas no es tiempo de tratar con Dios negocios de poca importancia”

De este breve pero esencial texto se pueden deducir las principales características de la reforma propuesta por Santa Teresa, con un marcado acento basado en la práctica de la oración y penitencia con base en los consejos evangélicos de Obediencia Castidad y Pobreza. Ella opondrá el espíritu de obediencia al orgullo de los reformadores, el espíritu de pobreza a la ambición y la castidad a los amantes de los placeres mundanos y al desenfreno sexual: orar y sufrir por la iglesia. La Reforma emprendida por Santa Teresa en la Orden del Carmen, se extendió por Francia con notable rapidez para el bien de la Iglesia Católica. Los luteranos de que habla en el texto arriba citado, eran realmente los calvinistas, hugonotes en Francia.

Fidel García Martínez, Doctor Filología Románica, Catedrático Lengua Literatura

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