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Opinión

Santa Teresa y Felipe II, por Fidel García Martínez

Santa Teresa y Felipe II, por Fidel García Martínez

Sin duda alguna Santa Teresa y Felipe II son dos de las figuras más señeras de la Historia Real de España, excluidos los panfletos sectarios y reaccionarios de la Leyenda Negra contra el Gran Rey fruto de traidores de dentro y fuera de España.

Santa Teresa vio en el Rey Prudente el hombre providencial cuya misión fue defender la Iglesia Católica de los enemigos de dentro y de fuera. El Vº Centenario de la nacimiento de Santa Teresa (1515-2015) es un buen momento para analizar las relaciones entre estas dos personalidades diversas pero complementarias. Los dos tuvieron empeñados en el mismo propósito, aunque con posibilidades, estilo, dones y carismas diferentes. Santa Teresa desde dentro de la Iglesia Católica, reformando el Carmelo desde la humildad, la penitencia y la pobreza; y el Rey Prudente con su inmenso poder político, diplomático y militar al servicio de la Reforma de la Iglesia según los decretos del Concilio de Trento, que intentó hacer valer ante los grandes autoridades eclesiásticas, incluida la del Papa. Lo que pensaba Santa Terea de Felipe II, queda meridianamente claro en las cartas que se conservan y en las que se puede verificar la gran estima que lo profesaba y la confianza que la Reformadora del Carmelo tenía depositada en el Gran Monarca. Parece que la famosa entrevista de Santa Teresa con Felipe II, no llegó a producirse como han sostenido historiadores tan reputados como Gregorio Marañón o los más actuales como G. Parker en su reputada Biografía de Felipe II, considerada como un hito casi definitivo. La persona y la obra de Felipe II, como la Evangelización de América, continúan siendo hoy las leyendas negras antiespañoles más persistentes y más reaccionarias; incluso algunos alcaldes (ellos y ellas) siguen hablando de forma ridícula de genocidio, para vergüenza propia. La leyenda Negra contra la obra de España en Hispanoamérica y la Leyenda Negra de Galileo, continúan siendo los mantras de la ignorancia progresista para descalificar a España y a la Iglesia Católica. Mantras aceptados sin pestañear, incluso por seminaristas, sacerdotes y fieles.

Dentro de extenso epistolario teresiano -mucho se ha perdido-se conservan las cartas que remitió a Felipe II en momentos cruciales para el futuro de su Reforma del Carmen Descalzo, de ellas se puede deducir lo siguiente. Para la Santa , como se desprende de los títulos del encabezamiento el Rey es: autoridad sacra, católica cesárea, real majestad, nuestro señor. Después expone el motivo de su carta: solicitar el amparo y la protección del Rey para su Reforma Carmelitana. En la despedida afirma expresamente la gran misión que Dios Nuestro Señor ha confiado al Rey, que es gran defensor y ayuda para la Iglesia, además se proclama la Santa, indigna sierva y súbdita de Vuestra Majestad. Este es el tema recurrente de sus cartas al rey Felipe II, la defensa de la Reforma. En otras cartas pide expresamente la protección para su carmelita más querido y admirado, el gran   Jerónimo Gracián, hijo y hermano de secretarios del Rey y uno de los varones más ilustre y más desconocido de los Siglos de Oro y por quien la Santa sentía algo muy especial que nada o muy poco tiene          que ver con la ficción narrativa de Fernando Delgado: Sus ojos en mí; subtitulada con un reclamo publicitario-comercial como (la novela que narra una apasionada historia de amor de Santa Teresa).

Sin embargo a pesar de esta veneración y admiración por Felipe II e incluso el gran amor que la Santa dice profesar al Rey –grande amor que tengo a vuestra majestad– y por las intensas oraciones que descalzos y descalzas para que guarde a vuestra majestad muchos el Señor Dios muchos años, pues ningún otro amparo tenemos en la tierra, no le impidieron reconocer que la guerra luso española fue una gran tragedia entre dos pueblos hermanados por la misma fe católica, por eso escribe a su amigo portugués y obispo de Évora, Teutonio de Braganza: “ por acá (España) dicen que nuestro Rey es el que tiene justicia y que ha hecho todas las diligencias que ha podido para averiguarlo. El Señor dé luz para que se entienda la verdad, sin tantas muertes como se ha haber si se pone a riesgo; y en tiempos que hay tantos cristianos que se acaben unos a otros es gran desventura” Algunos historiadores han visto en estas palabras una especie de rechazo de Santa Teresa a la invasión de Portugal por los tropas españolas. La realidad es muy diferente Santa Teresa lamenta que en unos tiempos en los que la Iglesia está dividida y rota por las sectas luteranas, disminuyan los cristianos en Portugal y España por una guerra entre católicos.

Fidel García Martínez

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