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Opinión

Santa Teresa y el juicio final, por Fidel García Martínez

Santa Teresa y el juicio final, por Fidel García Martínez

En la liturgia del domingo el tema central es el fin del tiempo que coincidirá con el retorno glorioso de Jesucristo como juez justo y misericordioso y la restauración en él de todas las cosas.

Los textos de Daniel y de San Marcos tratan de forma apocalíptica de esta verdad definitiva. El final de los tiempos y su anticipación siempre se ha prestado a toda clase de fantasías unidas a la destrucción y a la muerte. No faltan agoreros y fundamentalistas que viven de fomentar el terror y la desesperanza entre los crédulos que ansiosos recurren a toda clase de presuntos científicos endiosados en sus ridículas fantasías, magos, hechiceros, adivinos, para conocer lo que les espera en el futuro.

Estas prácticas están extendidas en muchos sectores de la sociedad actual, que presume de haber superado el espíritu mítico, pero admiten toda clase de supercherías a cada cual más ridícula. Como decía el Papa Francisco en el Rezo del Ángelus: quien consulta al horóscopo no cree a Jesús. No han faltado sesudos teólogos que han visto la esencia de la predicación de Jesús en la aparición inminente del Reino de Dios. Pero el mismo Jesús nada dice de la inminencia del Juicio Final, que se producirá no cuando los hombres fantaseen sino cuando lo decida el Padre en su Misericordia y Justicia que no se contradicen porque son lo mismo, porque en Él la Misericordia y la Justicia son su misma esencia que es Amor.

Hablando santa Teresa del juicio final escribe:” Ya sabéis, Señor, que muchas veces a mí más temor me hacía acordarme de si debía ver vuestro divino rostro airado contra mí en este espantoso día del juicio final, que todas las penas y furias del infierno que se me representaban; y os suplicaba me valiese vuestra misericordia de cosa tan lastimosa para mí, y así os suplico ahora, Señor. ¿Qué me puede venir en la tierra que llegue a esto? Todo junto lo quiero, mi Dios, y libradme de tan gran aflicción. No deje yo mi Dios, no deje de gozar de tanta hermosura en paz. Vuestro Padre nos dio a Vos; no pierda yo, Señor mío, joya tan preciosa. Confieso Padre eterno, que la he guardado mal; más aún hay remedio, Señor, mientras vivimos”

Fidel García Martínez



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