Rincón Litúrgico

Santa Teresa de Jesús. Libro de las Fundaciones (Epílogo y comentarios)

Revisión del texto, notas y comentario: Tomás Álvarez, O.C.D.

Trabajo realizado por Fr. Gregorio Cortázar Vinueva

  EPÍLOGO

JHS

1. Hame parecido poner aquí cómo las monjas de San José de Ávila, que fue el primer monasterio que se fundó –cuya fundación está en otra parte escrita (1)[1] y no en este libro–, siendo fundado a la obediencia del Ordinario, se pasó a la de la Orden.

2. Cuando él se fundó era obispo don Álvaro de Mendoza, el que lo es ahora de Palencia, y todo lo que estuvo en Ávila fueron en extremo favorecidas las monjas. Y cuando se le dio la obediencia, entendí yo de nuestro Señor que convenía dársela, y pareciose bien después; porque, en todas las diferencias de la Orden tuvimos gran favor en él y otras muchas cosas que se ofrecieron adonde se vio claro, y nunca él consintió fuesen visitadas de clérigo ni hacía en aquel monasterio más de lo que yo le suplicaba. De esta manera pasó diecisiete años, pocos más o menos (2)[2], que no me acuerdo, ni yo pretendía se mudase obediencia.

3. Pasados éstos, diose el obispado de Palencia al obispo de Ávila (3)[3]. En este tiempo yo estaba en el monasterio de Toledo, y díjome nuestro Señor que convenía que las monjas de San José diesen la obediencia a la Orden, que lo procurase, porque a no hacer esto, presto vería el relajamiento de aquella casa (4)[4]. Yo, como había entendido era bien darla al Ordinario, parecía se contradecía. No sabía qué me hacer (5)[5]. Díjelo a mi confesor, que era el que es ahora obispo de Osma (6)[6], muy gran letrado. Díjome que eso no hacía al caso, que para entonces debía ser menester aquello, y para ahora estotro, y hase visto bien claro ser así verdad en muy muchas cosas, y que él veía estaría mejor aquel monasterio junto con estotros, que no solo.

4. Hízome ir a Ávila a tratar de ello. Hallé al Obispo de bien diferente parecer, que en ninguna manera estaba en ello. Mas como le dije algunas razones del daño que las podía venir, y él las quería muy mucho y fue pensando en ellas, y como tiene muy buen entendimiento y Dios que ayudó, pensó otras razones más pesadas que yo le había dicho y resolviose a hacerlo. Aunque algunos clérigos le iban a decir no convenía, no aprovechó.

 

5. Eran menester los votos de las monjas. A algunas se les hacía muy grave. Mas como me querían bien, llegáronse a las razones que les decía, en especial el ver que, faltado el Obispo, a quien la Orden debía tanto y yo quería, que no me habían de tener más consigo (7)[7]. Esto les hizo mucha fuerza, y así se concluyó cosa tan importante, que todas y todos han visto claro cuán perdida quedaba la casa en hacer lo contrario.

 

¡Bendito sea el Señor, que con tanto cuidado mira lo que toca a sus siervas! Sea por siempre bendito, amén.

COMENTARIO AL EPÍLOGO

 El Carmelo de San José de Ávila se une a los otros Carmelos

Ya en el prólogo de las Fundaciones se presentaba al libro como continuación del relato de Vida. Ahora, el epílogo vale como conclusión de ambos.

En Vida había referido la Santa cómo al fundar en 1562 el Carmelo abulense de San José, el provincial Ángel de Salazar lo excluyó de la Orden y hubo de ponerse bajo la obediencia del Obispo diocesano. Ahora, en cambio, se lo reintegra al grupo de los otros Carmelos bajo la jurisdicción del respectivo superior carmelita.

La decisión de ese cambio la adopta ella en Toledo, al regresar de las fundaciones andaluzas. A mediados de junio de 1577 la sorprenden, ahí en su Carmelo toledano, dos hechos importantes y algo desconcertantes: la muerte del nuncio papal Nicolás Ormaneto, y el traslado de don Álvaro de Mendoza de la sede episcopal de Ávila a la de Palencia.

La Santa se percata de que con ello el Carmelo abulense va a pasar a la obediencia de un prelado ignoto, sucesor de don Álvaro, quedando definitivamente aislado, separado de los otros Carmelos, fundados bajo la jurisdicción de la Orden. Y a la vez barrunta los tiempos recios que van a sobrevenir con la llegada del nuevo nuncio papal Felipe Sega.

En la oración acoge la voz del Señor que la incita a la unión de aquel Carmelo con el grupo de las otras fundaciones. Se lo refrenda su sabio confesor el doctor Alonso Velázquez, entonces canónigo de Toledo, Obispo de Osma cuando esto escribe.

E inmediatamente se pone en viaje camino de Ávila, antes de que venga el sucesor de don Álvaro, antes también de que llegue a España el nuevo nuncio Felipe Sega, y se compliquen las cosas.

La transferencia de jurisdicción se organiza con toda solemnidad. Se elabora una detallada instrucción sobre los pasos a dar, para que el traslado sea jurídicamente incontestable (MHCT 1, 366?367).

Doña Guiomar de Ulloa, la dama que en 1562 había solicitado de Roma la fundación del Carmelo abulense, cursa ante escribano una petición oficial al Obispo don Álvaro, con fecha 27 de julio de 1577 (BMC 2, 219?221).

Al día siguiente, la comunidad de San José se reúne en capítulo “a campana tañida” y da su beneplácito al proyecto de cambio, “uno animo y conformes, nemine discrepante” (MHCT 2, 370).

Por fin el 2 de agosto, ante notario público, firma su concesión el Obispo don Álvaro, que “dixo que absolvía e absolvió a la priora, monjas e convento del dicho monesterio de la obediencia que le tenían prestada e dada como a Obispo de Ávila e a sus subcesores, e las libraba de la dicha obediencia” (ib. 371).

Y según lo establecido en la intrucción previa, “luego incontinenti, la priora y monjas les besarán la mano (al Obispo y al nuevo superior Gracián), y el Padre visitador y la señora Teresa de Jesús se sentarán como sus superiores en el lugar más preeminente… Y en nombre de la fundadora y del señor Obispo y del convento enviarse ha a pedir confirmación al Papa. Y esto, con brevedad” (ib. 367).

Hecho todo ello con precisión y rapidez. Pocas veces habían tenido en San José un acontecimiento tan solemne.

 

La Santa lo ha redactado en dos páginas aparte al final del autógrafo de las Fundaciones, probablemente no muchos días antes de su muerte. Hace de colofón la doxología final:

“¡Bendito sea el Señor, que con tanto cuidado mira lo que toca a sus siervas! ¡Sea por siempre bendito, amén!”.


         [1] Vida cc. 32-36.

         [2] En realidad, sólo 15: 1562-1577.

         [3] Fue nombrado Obispo de Palencia el 28 de junio de 1577. Antes de mediar julio, ya la Santa había salido de Toledo para Ávila. El 20 del mismo mes dos «primitivas» de San José, residentes en el Carmelo de Valladolid (María Bautista y María de la Cruz) daban su voto favorable al cambio de jurisdicción. El 27 de julio hacía otro tanto la «fundadora oficial», Dª Guiomar, y el 2 de agosto D. Álvaro legalizaba el paso de jurisdicción.

         [4] En relajamiento, escribió la Santa.

         [5] Cf. Vida c. 33, n. 16.

         [6] Alonso Velázquez (cf. c. 28, n. 10 y nota).

         [7] Por la razón ya indicada (cf. c. 31, n. 10, nota), la Santa sigue incurriendo en numerosos «lapsus calami»: llegáronse las razones; a qui la Orden; y en el n. anterior: a trar de ello.

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