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Carta del Obispo Iglesia en España

Santa Teresa de Jesús, ejemplo de conversión, por Julián López, obispo de León

SANTA TERESA DE JESÚS, EJEMPLO DE CONVERSIÓN

 

            Queridos diocesanos:

Acabamos de estrenar la Cuaresma, uno de los tiempos litúrgicos al que se ha prestado más atención en la historia de la espiritualidad y de la pastoral cristiana. Ya en los primeros testimonios que conocemos de este periodo de preparación para la Pascua se pone de manifiesto la convocatoria de lo que los Santos Padres llamaban la “milicia cristiana”, el conjunto de los bautizados en Cristo. Todos eran y son de nuevo llamados, como si de una leva militar se tratara, para combatir con el ayuno, la oración y la caridad práctica, a los enemigos de nuestra salvación. El significado de la Cuaresma guarda relación con el número 40 en la Biblia: 40 fueron los años de la marcha de Israel a través de desierto hasta la tierra prometida; 40 días duró la peregrinación de Elías hasta el monte Horeb para encontrarse con Dios, y 40 días ocupó la predicación de Jonás para que la ciudad de Nínive se convirtiera. Y, sobre todo, 40 días duró la estancia de nuestro Salvador en el desierto para enseñarnos a sofocar la fuerza del pecado. Todos estos ejemplos, es bueno recordarlo, nos deben servir de referencia y estímulo para cambiar de mentalidad, enmendar la conducta equivocada y volver a la casa paterna como el hijo pródigo.

Pero este año, con motivo del V Centenario de Santa Teresa de Jesús, quisiera invitaros a tomarla a ella como referente de nuestra necesaria conversión. Ella misma ha contado cómo pasó veinte años luchando entre la fidelidad a Dios y la condescendencia con las faltas de cada día, en un estado de tibieza, de rutina y de enfriamiento en la oración y en la caridad, aunque nunca llegó al pecado grave, más perdida y vacía interiormente que unida a Dios: “Pasé este mar tempestuoso casi veinte años, con estas caídas y con levantarme y mal -pues tornaba a caer- y en vida tan baja de perfección, que ningún caso hacía de pecados veniales; y los mortales, aunque los temía, no como había de ser, pues no me apartaba de los peligros. Sé decir que es una de las vidas penosas que me parece se puede imaginar; porque ni yo gozaba de Dios, ni traía contento en el mundo” (Vida, 8,2).

Conocido es el episodio que marca la frontera entre aquella existencia tan pobre espiritualmente y la decisión que imprimió un nuevo rumbo de perfección y santidad a nuestra Santa. La visión de “un Cristo muy llagado”, la lectura de Las Confesiones de san Agustín, algunos sermones e incluso algún momento de contemplación mística en el que Teresa quedaba espantada ante lo que el Señor le hacía percibir, la indujeron a un cambio radical tan intenso de conducta y de pensamiento, que se rindió totalmente a Dios. Ella lo cuenta así: “Es otro libro nuevo de aquí adelante, digo otra vida nueva. La de hasta aquí era mía; la que he vivido desde que comencé a declarar estas cosas de oración, es que vivía Dios en mí, a lo que me parecía; porque entiendo yo era imposible salir en tan poco tiempo de tan malas costumbres y obras. Sea el Señor alabado que me libró de mí.” (Vida 23, 1).

Esta fue también la experiencia radical de tantos hombres y mujeres que se convirtieron totalmente a Dios. El principal obstáculo para la conversión cuaresmal está en nosotros mismos. Hemos construido nuestra propia vida sobre la base del “tengo que…”, “voy a…”, pero no sobre un “aquí estoy, Señor” esforzándonos en cumplir su voluntad con su ayuda. No obstante, a pesar de nuestras vacilaciones y miedos, Él nos sigue amando. Con el deseo para todos de una provechosa Cuaresma:

+ Julián, Obispo de León

Sumario.- “Este año, con motivo del V Centenario de Santa Teresa de Jesús, quisiera invitaros a tomarla a ella como referente de nuestra necesaria conversión”

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