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Santa Teresa Benedicta de la Cruz: La búsqueda de la verdad

El calendario litúrgico nos regala cada mes de agosto, la memoria de dos grandes, dos mártires del siglo XX, que compartieron su destino en Auschwitz: Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, y San Maximiliano María Kolbe, carmelita descalza y sacerdote franciscano conventural respectivamente.

Hoy, 9 de agosto, fijamos la mirada en santa Teresa Benedicta de la Cruz.

La menor de una familia de siete hermanos

El 12 de octubre de 1891, en la fiesta judía del Yom Kipur, nacía la menor de una familia de 7 hermanos. Le ponen el nombre de Edith Stain. Es educada en la religión judía. Con apenas 2 años, muere su padre, y su madre se tiene que hacer cargo del negocio familiar de maderas.

Edith ve desde su más tierna infancia con normalidad a una mujer dedicada a la vida profesional en un contexto en el que no es lo habitual. Esto marca su sensibilidad hacia el papel de la mujer en el mundo, en la Iglesia, y se refleja en varios de sus escritos.

Desde adolescente comienza a preguntarse por las grandes cuestiones del ser humano, el sentido de la vida y de las cosas, así como de los cambios interiores y exteriores que ella misma experimenta. Se cuestiona sobre la fe, y concluye que la religión no es más que tradicionalismo. Abandona la práctica de la fe «con plena conciencia y por libre elección dejé de rezar», dice.

Estudia todo lo que le puede ayudar a responder sus inquietudes fundamentales sobre el sentido de la vida. Le interesa sobre todo la filosofía, pero amplía su campo de interés a la literatura, arte, pedagogía, psicología…Asimismo, participa de diversas asociaciones universitarias y tiene una intensa vida cultural: teatro, ópera, práctica de deporte.

Búsqueda de la verdad

Uno de los rasgos más característicos de Edith Stain es la búsqueda incansable de la verdad. Conoce la fenomenología de Husserl como vía para alcanzar la verdad que ansía. Pero tendrá que esperar a saborear su propia impotencia para lograr alcanzarla.

Con el inicio de la Primera Guerra Mundial escribe «ahora ya no tengo una vida propia».

Estudia enfermería con el objetivo de ayudar como voluntaria en la Cruz Roja. Le ofrecen una plaza en un hospital de enfermedades contagiosas. Ve morir hombres en la flor de la juventud. Comprueba en primera persona el horror de la guerra y del sufrimiento. Se marca en ella una huella imborrable de búsqueda de la verdad del hombre.

Un hecho cotidiano es usado por el Espíritu Santo para marcar profundamente su alma. Ve entrar en la catedral de Frankfurt a una aldeana a rezar. Dice: «esto fue para mí algo realmente nuevo. En las sinagogas e iglesias protestantes que he frecuentado ,los creyentes acuden a las funciones. Aquí sin embargo, una persona entró en la iglesia desierta, como si fuera a conversar en la intimidad. No he podido olvidar lo ocurrido».

Cuando brilló Cristo

A esto se une su amistad con un matrimonio convertido al Evangelio. El marido fallece, y donde Edith espera encontrar amargura en la viuda, encuentra una gran esperanza: «fue el momento en que se desmoronó mi irreligiosidad y brilló Cristo».

Ella misma reconoce un plan de la Providencia en todo esto: «lo que no estaba en mis planes, estaba en los planes de Dios. Arraiga en mí la convicción profunda de que, visto desde el lado de Dios, no existe la casualidad; toda mi vida, hasta los más mínimos detalles, está ya trazada en los planes de la Providencia divina, y ante los ojos absolutamente clarividentes de Dios, presenta una coherencia perfectamente ensamblada».

Intenta acceder a una Cátedra, algo impensable para una mujer en este época. Trabaja en política, luchando por el derecho al voto de la mujer, pero queda desencantada de ese mundo. Su interés sigue centrado en la verdad del ser humano y su dignidad. En esta búsqueda toca ahora la puerta del Evangelio y de algunos autores cristianos como Ignacio de Loyola y San Agustín. El Señor la va llevando de la mano hacia el cristianismo. Duda si tomar el camino del catolicismo o el protestantismo. La respuesta la obtiene leyendo la autobiografía de Santa Teresa de Jesús. «Mi anhelo de verdad es ya una oración», dirá.

Se bautiza el  de enero de 1922, en el día de la Circuncisión de Jesús, cuando el Señor es acogido en la estirpe de Abraham. Recibe la confirmación el 2 de febrero del mismo año: «había dejado de practicar mi religión hebrea y me sentía nuevamente hebrea solamente tras mi retorno a Dios».

Alcanza un puesto de gran renombre en el mundo intelectual católico. Pero en 1933 Hitler llega al poder «había ya oído antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero ahora comencé a entender que Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su pueblo, y que el destino de este pueblo era también el mío».

Las leyes nazis prohíben a un judío ocupar puestos públicos, por lo que pierde su plaza. Se pone en manos de Dios para discernir su futuro inmediato. Le proponen un puesto de docente en América, pero lo rechaza: no quiere huír del destino de su pueblo. Ve en estos acontecimientos la voluntad de Dios de realizar su deseo desde que conocío a Santa Teresa: ingresar en el Carmelo Descalzo. Aunque al principio sus directores espirituales se lo prohiben, finalmente ingresa en el Carmelo de Colonia en 1933. Su madre, que vivió con sufrimiento la conversión de su hija y ahora su deseo del claustro carmelita dirá: «no quiero decir nada en contra de Él (Cristo). Habrá sido un hombre bueno. Pero, ¿por qué se ha hecho Dios?».

Su ingreso en el Carmelo no fue una huida

En el Carmelo recibe el nombre de Teresa Benedicta de la Cruz. Su ingreso en el Carmelo no fue una huida: «quien entra en el Carmelo no se pierde para los suyos, sino que le tienen aún más cercano; y esto porque nuestra profesión es la de dar cuenta de todos a Dios».

Su vocación es la de rezar por su pueblo en este duro momento histórico. Se compara a sí misma con la Reina Ester: «yo soy una pequeña y débil Ester, pero el Rey que me ha elegido es infinitamente grande y misericordioso».

La situación en Alemania se recrudece. La Madre Superiora decide trasladar a sor Teresa Benedicta a Holanda. Como venganza contra una nota que sacan los obispos holandeses denunciando las deportaciones de judíos, conquistada Holanda por Alemania, se decide sacar de las comunidades religiosas a las personas de origen judío y llevarlos a campos de Concentración. Edith Stain es arrestada por la Gestapo y llevada al campo de Westerbork. Poco después trasladada a Auschwitz-Birkenau. Muere un 9 de agosto en la cámara de gas.

El 1 de mayo de 1987 es beatificada por Juan Pablo II, y el 11 de octubre es canonizada por el mismo Papa. En 1999 es declarada copatrona de Europa. De ella dijo el hoy santo Juan Pablo II: «una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y como judía, a su pueblo […] Edith Stain, síntesis de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios».

Santa teresa benedicta

Preguntas para la reflexión personal

Edith Stain vivió toda su vida en una búsqueda constante de la verdad, que sólo halló en Jesucristo. ¿Soy una persona activa en la búsqueda de las verdades últimas del sentido de la vida?¿soy consciente que sólo Dios puede dar una respuesta satisfactoria a esa inquietud?

Una de las características de la vida y la obra de Santa Edith Stain es la defensa de la dignidad del hombre. ¿Soy consciente de mi propia dignidad y de la dignidad de los demás, hijos de Dios? ¿me comporto con respeto a mí mismo y a los demás?

En un contexto de tragedia, sufrimiento, Santa Edith Stain supo ser instrumento de paz, de solidaridad con su pueblo, por el que se entregó a la vida contemplativa del Carmelo. ¿cómo vivo yo mis cruces, mis momentos de sufrimiento? ¿con la esperanza propia de un Cristiano? ¿soy consuelo para los demás en los momentos de angustia?



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