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Santa Sede: El diálogo es el único camino para la paz en Siria

Santa Sede: El diálogo es el único camino para la paz en Siria

Intervención de monseñor Silvano Tomasi, jefe de la Delegación de la Santa Sede, en la II Conferencia Internacional sobre Siria «Ginebra II» (Montreux, 22-1-2014)

Señor secretario general:

1. Representantes del pueblo sirio y de la comunidad internacional se reúnen hoy, en esta II Conferencia de Ginebra, con vistas a adoptar medidas concretas a favor de un futuro pacífico para el pueblo sirio y para el Oriente Medio. Ante el sufrimiento indescriptible del pueblo sirio, un sentido de solidaridad y de responsabilidad común nos impulsa a entablar un diálogo basado en la honradez, en la confianza recíproca y en medidas concretas. El diálogo es el único camino para seguir adelante. No hay solución militar para la crisis siria. La Santa Sede está convencida de que la violencia no lleva más que a la muerte, a la destrucción y a la falta de futuro.

2. Mi Delegación se alegra de contribuir a este proceso fundamental, que es en sí mismo señal de una voluntad política que da la prioridad a las negociaciones frente a las armas, a las personas frente a un poder desmedido. Por este motivo, todos los líderes religiosos, en especial, comparten la convicción de que la violencia ha de terminar, ya que se ha infligido demasiado sufrimiento a todo el pueblo de Siria y a toda la región. Los recientes encuentros entre representantes religiosos de diferentes confesiones han reiterado este enfoque constructivo, basado en la igual dignidad de toda persona, creada a imagen de Dios y abierta a los demás.

3. Ha llegado el momento de adoptar medidas concretas para poner en práctica las buenas intenciones expresadas por todas las partes implicadas en el actual conflicto. En este contexto, la Santa Sede reitera su llamamiento apremiante a todas las partes implicadas con vistas a un respeto pleno y absoluto del derecho humanitario, y formula las siguientes propuestas:

a) Como piden todos los hombres y mujeres de buena voluntad, un alto el fuego inmediato y sin condiciones previas y el fin de todo tipo de violencia deben convertirse en una prioridad y en el objetivo urgente de las presentes negociaciones. Todas las armas deben ser depuestas, y hay que adoptar medidas específicas para detener el movimiento de armas y la financiación de estas –fenómenos que alimentan el aumento de la violencia y de la destrucción–, con el fin de dejar sitio a los instrumentos de paz. El dinero invertido en las armas ha de ser reencauzado hacia la asistencia humanitaria. El cese inmediato de la violencia redunda en interés de todos. Se trata de un imperativo humanitario, y constituye el primer paso hacia la reconciliación.

b) El cese de las hostilidades debe acompañarse de una mayor asistencia humanitaria y del inicio inmediato de la reconstrucción. Millones de personas han sido desplazadas, y sus vidas se hallan en situación de peligro. La vida familiar ha quedado trastocada. Las estructuras educativas y sanitarias han sido destruidas o han quedado inutilizables.

c) La guerra ha provocado la ruina económica de muchas regiones de Siria. Los esfuerzos de reconstrucción deben emprenderse junto con las negociaciones, y han de verse apoyados por la solidaridad generosa de la comunidad internacional. En este proceso, hay que prestar una atención preferencial a los jóvenes, de manera que, mediante su empleo y su trabajo, puedan convertirse en protagonistas de un futuro pacífico y creativo de su país.

d) La reconstrucción de las comunidades exige un diálogo y una reconciliación sustentados por una dimensión espiritual. La Santa Sede anima enérgicamente a todas las confesiones y comunidades religiosas de Siria a alcanzar un mayor conocimiento recíproco, una mejor comprensión y una recuperación de la confianza.

e) Importa que las potencias regionales e internacionales favorezcan un diálogo constante, y que se afronten los problemas regionales. La paz en Siria podría convertirse en un catalizador de la paz para otras zonas de esa región y en un modelo de esa paz que con tanta urgencia se necesita.

4.  Más allá de las tragedias de la crisis actual, pueden presentarse nuevas oportunidades y soluciones originales para Siria y para los países vecinos. Un planteamiento justo estribaría en reconocer que la existencia de la diversidad cultural, étnica o religiosa no tiene por qué ser un factor negativo o, peor aún, una fuente inevitable de conflicto, sino, más bien, una posibilidad para que cada comunidad e individuo aporte sus propios dones al bien común y al desarrollo de una sociedad más rica y más hermosa. Allí donde la ciudadanía ofrece una participación igual en una sociedad democrática, con iguales derechos y deberes, cada individuo tiene su propia función. De esta manera, nadie se ve obligado a abandonar su país por causa de la intolerancia y de la incapacidad de aceptar las diferencias. De hecho, la igualdad asegurada por la ciudadanía común puede permitir al individuo expresar, solo o conjuntamente con otros, aquellos valores fundamentales que todas las personas consideran indispensables para sustentar su identidad interior. Semejante comprensión y desarrollo de la sociedad abre el camino a una paz duradera y fecunda.

5. Señor secretario general: Desde cuando se inició la crisis siria, la Santa Sede ha seguido el desarrollo de la misma con honda preocupación, y ha pedido constantemente a todas las partes implicadas que se comprometan a prevenir la violencia y a proporcionar asistencia humanitaria a todas  las víctimas. El Santo Padre ha dejado oír su voz en numerosas ocasiones para recordar a las gentes la inutilidad de la violencia, invitando a una solución negociada de los problemas y exigiendo una participación justa y equitativa de todos en la vida de la sociedad. Además de invitar a rezar por la paz, ha promovido una respuesta activa de las organizaciones y de las instituciones católicas a las necesidades emergentes. Fue memorable la propuesta, por parte del Santo Padre, de una Jornada de Oración y de Ayuno por la Paz en Siria y en el Oriente Medio, iniciativa que recibió en todo el mundo una respuesta extraordinariamente positiva.

6. Permítanme concluir repitiendo las palabras del Papa Francisco: «Pido a las partes en conflicto que escuchen la voz de su conciencia, que no se cierren en sus propios intereses, sino que vean al otro como a un hermano y que emprendan con valentía y decisión el camino del encuentro y de la negociación, superando la ciega confrontación»; «no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino esta: la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; este es el único camino para la paz» («Ángelus» del 1-9-2013).
Señor secretario general: El pueblo de Siria ha convivido en paz a lo largo de la historia, y puede volver a hacerlo.

(Original inglés procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)



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