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Santa Josefina Bakhita y el anhelo porque la economía no haga de la mujer una mercancía

Este año celebramos la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas en un contexto muy concreto, marcado por la pandemia. Este domingo 7 de febrero, tras el rezo el Ángelus, el Papa Francisco encomendó a santa Josefina Bakhita, «que conoció las humillaciones y sufrimientos de la esclavitud», a todas las víctimas de trata de personas y alentó a que la economía «nunca haga del hombre y la mujer una mercancía».

Pese a la situación de crisis sanitaria actual, tal y como nos ha explicado María Francisca Sánchez, secretaria técnica de la Subcomisión Episcopal de Migraciones y Movilidad Humana, desde el Departamento de Trata no han cesado «en el empeño de seguir mostrando la terrible realidad de la Trata». Un trabajo «que aprovecha todos los medios a nuestro alcance, para concienciar sobre un problema que es de toda la sociedad y de la importancia de «no mirar para otro lado», como nos recuerda continuamente el Papa Francisco. Porque todos, de una forma u otra, «tenemos una responsabilidad y podemos ser agentes activos de cambio».

¿Por qué se celebra el 8 de febrero la Jornada Mundial contra la Trata?

El día 8 de febrero se celebra la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la trata de personas, con el lema «Juntos contra la trata». El Papa Francisco convoca esta Jornada desde el año 2015 y eligió el día en el que se recuerda la memoria litúrgica de Santa Josefina Bakhita, la religiosa sudanesa  secuestrada por unos comerciantes de esclavos cuando solo era una niña y apodada Bakhita, que significa «afortunada».

Al igual que ella, su hermana también fue secuestrada. Tuvo que salir forzosamente de su tierra, perdió su nombre y fue sometida a esclavitud y tortura. Pese a perder todo y ser vendida a distintos amos que la maltrataron durante años, Bakhita conservó la inocencia y un corazón limpio. No permitió que el sufrimiento se adueñase de su existencia, lo transformó en esperanza y nunca dudó de la presencia de Dios, fe que la preservó de la tristeza y le dio ánimo para seguir adelante.

«Fui realmente afortunada, porque el nuevo patrón era un hombre bueno. No me maltrataba ni humillaba, algo que me parecía completamente irreal», escribió Josefina en su diario con trece años, refiriéndose a la paz y tranquilidad que sintió por primera vez desde el comienzo de su pesadilla, al conocer a su quinto y último amo, el único que la trató bien. Bakhita viajó con él a Italia donde trabajó de niñera para después ingresar al noviciado del Instituto de las Hermanas de la Caridad, en Venecia. Allí supo que Dios le había dado fuerzas para poder soportar la esclavitud y fue bautizada como Josefina Margarita Afortunada.

La Trata no es un fenómeno aislado

Este año el objetivo es trabajar por «una economía que no favorezca, ni siquiera indirectamente, estos innobles traficantes, es decir, una economía que nunca haga del hombre y la mujer una mercancía, un objeto, sino siempre el fin. Servicio a hombres y mujeres, pero no para usarlos como bienes», nos explica Sánchez apoyándose en las palabras del Papa.

El lema, «muy conectado con la reciente encíclica Fratelli Tutti», reconoce que la Trata no es un fenómeno aislado, «sino que tiene su lugar y se desarrolla en un determinado contexto económico y social, que puede favorecer la explotación de personas en situaciones de vulnerabilidad». Precisamente, en el número 24, el Santo Padre recuerda que «la persona, que ha sido creada a imagen de Dios, lo que le confiere dignidad y un valor en sí misma, queda privada de libertad y mercantilizada, reducida a ser propiedad de otro».

Por eso, hay que acompañar a las víctimas en su proceso. «Son numerosas las entidades del ámbito de Iglesia que llevan a cabo esta misión silenciosa, donde se generan espacios de esperanza, situando siempre a la persona en el centro. Es importante que esta labor se conozca». Durante los días posteriores a la Jornada, las diócesis organizaron numerosos eventos, respondiendo a la llamada de toda la Iglesia en el mundo «para orar contra este grave problema, este flagelo, ésta herida en el cuerpo de Cristo y en el de la humanidad contemporánea». Desde el Departamento de Trata, a través de los materiales de esta Jornada, han compartido «experiencias de liberación y superación que nos hablan de personas valientes y con gran capacidad de resiliencia». La propuesta para este año es también una invitación a elevar nuestra plegaria «por una transformación de nuestra economía, donde no haya trata de personas», concluye la directora del departamento.



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