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“No estáis solos”. Un año más la comunidad de Sant´Egidio acompaña a los más necesitados en Navidad

Entre el frío que recorre los soportales de la Plaza Mayor de Madrid, donde los comercios que han aguantado el envite de la pandemia cuelgan motivos navideños, suele ser habitual, hacia las ocho de la tarde, ver los mismos rostros de siempre aplanando las cajas de cartón para aislarse del helor que emana del suelo.

Con más ingenio que materiales, crean estructuras endebles que, vistas desde fuera, no son sino el relieve terroso de la pobreza que, como única peculiaridad este año, lleva la mascarilla puesta.

Un año más, la comunidad de Sant´Egidio volvió a salir a atender a “sus amigos de la calle”. Desde 1968, a la luz del Concilio Vaticano II, este movimiento de laicos al que pertenecen más de 50.000 personas de 70 países a lo largo de todo el mundo, llevan a cabo su misión comprometiéndose con la transmisión del Evangelio a través de la caridad. Oración, solidaridad, ecumenismo y diálogo son algunos de los principios en los que vertebran su acción apostólica.

En el caso de Madrid, más de 1.000 comidas y regalos fueron repartidos el 25 de diciembre, tratando, a través de la asistencia en lo más primordial —el alimento caliente—, de acompañar espiritualmente a quienes lo han perdido todo antes y durante la crisis derivada del coronavirus.

Hablamos con Tíscar Espigares, responsable de la comunidad de Sant´Egido en la capital española, quien nos cuenta cómo ha ido la campaña “Navidad para todos”.

—¿Cómo habéis afrontado estas fechas tan especiales y a la vez tan atípicas?
Teníamos claro que la Navidad había que seguir viviéndola con el mismo espíritu de siempre: cercanía y familiaridad con nuestros amigos más pobres. Nos hemos adaptado a las circunstancias actuales para seguir ofreciendo nuestra ayuda y compañía. Este año no nos hemos podido reunir en la Iglesia o alrededor de la mesa, que era lo habitual, pero hemos estado con ellos igualmente.

—Ante la covid-19, ¿cómo se vive la entrega a los demás sabiendo que esa misma entrega no puede contar con muestras de afecto como un abrazo de gratitud?
Hay muchas formas de expresar el cariño. Es cierto que la pandemia nos ha obligado a tomar una distancia física desde el principio y nosotros hemos querido ayudar a todas estas personas repartiendo tres veces por semana desde marzo mascarillas y geles hidroalcohólicos. Pero lo que no ha podido ser un abrazo sí se ha dado mediante palabras de afecto. Y nos sorprendería ver a gente que ha tenido una vida muy dura expresarse con una ternura sorprendente.

—¿Ha cambiado el rostro de la pobreza en estos meses de pandemia?
Han aumentado los pobres. A las personas sin hogar se han sumado familias que vivían al límite con trabajos precarios y que, de la noche a la mañana, se han visto sin ingresos. Españoles y extranjeros. Gente que jamás había tenido que pedir ayuda y que ahora se han visto necesitados. Hemos visto también mucha soledad, especialmente en la gente mayor.

Voluntarios de la comunidad de Sant´Egidio de Madrid, se preparan para repartir alimentos y regalos a las familias y personas sin hogar

 

—Ante esta coyuntura, ¿cómo se transmite un mensaje de esperanza?
Es elemental saber el estado de ánimo de las personas, que en este contexto, suele ser muy bajo. Nosotros no hemos renunciado a hacerles saber a toda esta gente que hay alguien que vela por ellos, que los quiere, que no están solos. Y ahí comunicamos el Evangelio. Este, en definitiva, es el mensaje de la Navidad: que Dios se ha hecho hombre. Y que quiere vivir con nosotros esta pandemia, este tramo oscuro, para conducirnos hacia la luz. Es una sorpresa darse cuenta de que el Evangelio se entiende mucho mejor al lado de los pobres. No nos olvidemos de que los primeros en recibir la buena nueva fueron los pastores que estaban a la intemperie en medio de la noche.

—¿La clasificación de las personas sin recursos como “pobres” puede llevar parejo una suerte de estigma social, de losa que los incapacita para salir de esta circunstancialidad?
Más allá del problema semántico, todo depende de cómo miramos a las personas. Es innegable que existe una cadencia de recursos, de afectos, a nivel espiritual… ¡Pero es que el propio Evangelio lo nombra como pobreza! Lo importante es si miramos a estas personas, rostro a rostro, como si fueran de nuestra familia. Y si es así, haces lo necesario por ellos y no lo llamas asistencialismo. Para nosotros es familia porque hay un afecto y un cariño y una autenticidad en la relación. El papa Francisco, en una de las ocasiones en las que vino a visitar a la comunidad de Sant´Egidio en Roma, dijo algo muy bonito: “el protagonismo no es ni del que da ni del que recibe sino del abrazo. El abrazo que se establece entre estas dos personas”. Esa relación de fraternidad, de familiaridad, que va muy en la línea con la última encíclica Fratelli tutti. Reconstruir la sociedad a través de la fraternidad. Y hacerlo empezando desde abajo, desde los más pobres.

—¿Qué significa para vuestra comunidad el concepto de “amistad”?
La amistad es una cosa muy seria. Jesús dice “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Un amigo es alguien que da sentido a la vida. Para nosotros amistad quiere decir fidelidad en el tiempo. Es una palabra comprometedora, llena de alegría. Es un honor para nosotros tener tantos amigos entre los últimos y los más pequeños. Además, nosotros no solamente damos sino que recibimos mucho. Los pobres son grandes maestros que tienen mucho que decir en una época donde la vulnerabilidad parece haber cobrado protagonismo. Siempre ha estado ahí, pero ahora la podemos ver más de cerca.  Ser vulnerable no nos hace mejor o peor, nos hace humanos. Está en nuestra condición.

“Un amigo de la calle” charla con una de las voluntarias de Sant´Egidio la mañana del 25 de diciembre

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