Opinión

San José, Santa Teresa y Ávila, por Fidel García Martínez

San José, Santa Teresa y Ávila, por Fidel García Martínez 

Estos tres sustantivos propios (dos antropónimos y un topónimo) tienen una consistencia muy grande en la moderna de Historia de la Iglesia. Tanto que sin San José y sin Santa Teresa, Ávila no sería un referente de la espiritualidad católica.

La vida de santa Teresa se puede entender, tal vez, sin sus grandes experiencias místicas, pero no sin sus libros y su sus fundaciones – palomarcicos que diría ella. En sus libros, especialmente en Vida y Fundaciones los alusiones a San José tienen una importancia fundamental, porque a su protección y amparo debe la fundación del Carmelo de Ávila cuyo titular es San José, así como lo es de la mayoría de sus Fundaciones. Hablar de Santa Teresa es hacerlo de San José, quien después de Jesucristo y la Santísima Virgen, es el más venerado honrado y querido por ella de todos los santos del Corte Celestial. Hablando de la Fundación de San José en Ávila escribe: “Mandóme mucho Su Majestad ( Nuestro Señor) lo procurase, que no dejaría de hacerse y que se llamase San José (…) Se me pareció San José, mi verdadero padre y señor y me dio a entender que no me faltarían dineros y que concertarse oficiales (albañiles) (…) Vi a nuestra Señora hacia el lado derecho y a mi padre San José al izquierdo, que me vestían aquella ropa…Díjome que le daba mucho contento en servir a la glorioso San José (…) quedó nuestro monasterio del gloriosísimo padre nuestro San José, año de mil y quinientos y sesenta y dos.

La Santa tuvo que superar un impresionante rechazo por parte de las autoridades religiosas y civiles que se oponían radicalmente a un nuevo monasterio de mujeres fundamentado en la pobreza, oración y mortificación. En el capítulo 36 de Vida -de lectura obligada-cuenta minuciosamente la gran oposición a esta fundación de San José de Ávila, escribe como título del capítulo: “prosigue en la materia comenzada y dice cómo se acabó de concluir y se fundó este monasterio del glorioso San José y las grandes contradicciones y persecuciones (…) y los grandes trabajos y tentaciones que ella pasó y cómo la sacó el señor con victoria y en gloria y alabanza suya”. Llegó a tal punto esta oposición que hasta se les negó a las monjas el abastecerse de agua de las fuentes públicas de la ciudad por parte del Concejo de Ávila al que escribe la santa en estos términos una petición que rubrica así: “indignas siervas que las manos de Vuestras Señorías besan: las pobres hermanas de San José (5 de diciembre de 1563). Toda esa historia se puede revivir visitando con devoción y respeto esa reliquia abulense de proyección universal que es el convento de San José.

Santa Teresa contribuyó desde Ávila y de forma decisiva a que el culto a San José fuera la realidad universal que hoy es mucha más que un reclamo consumista en el llamado día del padre, porque San José es el Patrón y gran defensor de la Iglesia Universal.

Fidel García Martínez, Catedrático Lengua Literatura Doctor Filología Románica

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