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San José Obrero

El día 8 de diciembre de 2020 el papa Francisco firmaba la carta «Patris corde», es decir «Con corazón de padre», sobre la figura y la misión de san José. Entre los siete apartados en los que nos invita a contemplar al esposo de María de Nazaret, podemos recordar hoy el capítulo en el que lo presenta como un padre trabajador. 

1. Según  el Papa, un aspecto que caracteriza a san José es su relación con el trabajo. De hecho, san José era un carpintero que trabajaba honestamente, allá en Nazaret, para asegurar el sustento de su familia. De él, Jesús aprendió seguramente  tres cosas: el valor del trabajo, la dignidad del trabajador y la alegría de comer el pan como fruto del propio trabajo.

2. Cambian los tiempos, pero muchos problemas persisten. Hoy el trabajo es una cuestión social muy urgente. La tasa del desempleo alcanza en muchos lugares unos niveles alarmantes. Y eso ocurre aun en países que parecían desarrollados. Por tanto, en este momento es necesario adquirir conciencia de los nuevos problemas. Y, sobre todo, es  preciso comprender la importancia, el significado y la dignidad del trabajo.

 3. Con la fe de Israel, creemos  que por el trabajo el ser humano participa en la creación del mundo y en la obra de la salvación. Sea cual sea su tarea, la persona que trabaja colabora con el mismo Dios, creador de este mundo que es suyo y nuestro al mismo tiempo. 

La fe cristiana nos dice, además, que por medio del trabajo podemos anticipar la venida del Reino de Dios, que pedimos en la oración del Padrenuestro. El trabajo de san José nos recuerda que, al hacerse hombre y vivir en nuestra tierra, el mismo Dios aceptó nuestro trabajo como signo de su compromiso con la humanidad.

4. Ahora bien, la razón nos enseña que, gracias al trabajo vamos desarrollando nuestras cualidades y las vamos poniendo al servicio de la sociedad y de la comunión fraterna. El trabajo es un escenario para desarrollar nuestros talentos y alcanzar nuestra realización personal y la seguridad de nuestra familia. Basta observar que cuando una familia carece de trabajo queda expuesta a muchas dificultades, tensiones y aun a la disolución.

5. La pandemia de Covid-19 ha aumentado la pérdida del trabajo. Es hora de revisar nuestras prioridades habituales. La  crisis económica, social, cultural y espiritual puede ser una ocasión para redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo. Por ahí puede llegar esa nueva «normalidad», que debería implicar que nadie quede excluido.

Para la fe cristiana, laborar es colaborar: con Dios y con todos nuestros hermanos, especialmente los más necesitados. El Papa desea que san José obrero nos ayude a decir: «¡Ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!»



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