Revista Ecclesia » San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, 26 de julio
sanjoaquin_sta_ana_maria
Rincón Litúrgico

San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, 26 de julio

San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen María, 26 de julio

Por fray Gregorio Cortázar Vinuesa, OCD

            Juan Pablo II,  Ángelus 25?7?1999 (ge sp fr en it po): «Mañana la liturgia celebrará la memoria de san Joaquín y santa Ana, a quienes la tradición, que se remonta al evangelio apócrifo de Santiago, venera como padres de la santísima Virgen María (…). En el umbral del Nuevo Testamento, precisamente san Joaquín y santa Ana preparan la venida del Mesías, acogiendo a María como don de Dios y ofreciéndola al mundo como inmaculada “arca de la salvación”».

Audiencia general 26?7?1995 (sp it), palabras en checo: «Ana, en hebreo, significa “gracia, amor, oración”. La madre de María, santa Ana, es la encarnación de todo esto. Además, su “genio femenino” es testigo del misterio de la inmaculada concepción de la Virgen María. También santa Ana podía decir con razón: “El Poderoso ha hecho obras grandes en mí”. Y a las mujeres de hoy dice que el Señor quiere hacer grandes cosas en las que, como ella, sepan creer, amar y servir, sabiendo que servir a Dios es reinar».

 

Ángelus 26?7?1981 (sp it po): «En este día la Iglesia recuerda a los Santos Joaquín y Ana, padres de María de Nazaret. Por eso, el primer sentimiento que aflora en nuestros corazones es un sentimiento de gratitud hacia aquellos que dieron la vida a la Madre de Dios (…). A semejanza de un tesoro o de una perla de gran valor (cf Mt 13, 44?45), el Reino de Dios –el Reino de los cielos– se encontraba escondido en aquella casa de Nazaret, en la que María, hija de Joaquín y Ana, se preparaba al momento de la Anunciación».

 

Audiencia general 13?6?1990 (sp it): «Del alma de María brota un canto de júbilo, el Magníficat, en el que también ella expresa su alegría: “Exultó mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc 1, 47). Educada como estaba en el culto de la palabra de Dios, conocida mediante la lectura y la meditación de la Sagrada Escritura, María en aquel momento sintió que subían de lo más hondo de su alma los versos del cántico de Ana, madre de Samuel (cf 1S 2, 1?10), y de otros pasajes del Antiguo Testamento, para dar expresión a los sentimientos de la “hija de Sión”, que en ella encontraba la más alta realización. Y eso lo comprendió muy bien el evangelista Lucas gracias a las confidencias que directa o indirectamente recibió de María. Entre estas confidencias debió de estar la de la alegría que unió a las dos madres en aquel encuentro, como fruto del amor que vibraba en sus corazones. Se trataba del Espíritu-Amor trinitario, que se revelaba en los umbrales de la “plenitud de los tiempos” (Ga 4, 4)».

 

Benedicto XVI, Ángelus 26-7-2009 (ge hr sp fr en it po): «La Virgen María, según una bella iconografía, aprendió a leer las Sagradas Escrituras en las rodillas de su madre Ana».



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cada semana, en tu casa