Carta del Obispo Iglesia en España

San Íñigo, modelo contemplativo: Jornada pro orantibus, por Eusebio Hernández Sola, OAR, obispo de Tarazona

 

11 de junio de 2017

San Íñigo, modelo contemplativo: Jornada pro orantibus, por Eusebio Hernández Sola, OAR, obispo de Tarazona

Queridos hermanos y amigos: Concluido el tiempo Pascual el domingo pasado, hoy celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad. Confesamos el misterio de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo que se nos ha revelado y manifestado, en este misterio de amor y comunión, en él vivimos, nos movemos y existimos como nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles (17, 28).

Dentro de este marco litúrgico, recordamos con afecto y gratitud a quienes en la Iglesia han sido llamados a la vida contemplativa; son aquellos cristianos que ofrecen, a sus hermanos y al mundo entero, un anuncio silencioso pero claro del amor de Dios, siempre misericordioso, es decir: Los monjes, las monjas y la vida eremítica.

Ellos interceden continuamente en su oración por todos los miembros de la Iglesia y también por el mundo entero. De una forma misteriosa, pero real, su oración se convierte en arma eficaz para crear un mundo de mayor armonía y comunión. Sus monasterios son para muchos un lugar de acogida, que en medio de una vida agitada que tantas veces llevamos, nos enseñan a rezar, a vivir en silencio la fraternidad y el encuentro con Dios.

Con agradecimiento y en comunión con estos hermanos nuestros, hoy queremos orar por todos los consagrados a una vida contemplativa, y, a su vez, conocer mejor la vocación a la que han sido llamados y valorarla, como un don que el Señor hace a su Iglesia. Pedimos para que nunca falten vocaciones en los distintos monasterios que forman el corazón de la Iglesia y que laten transmitiendo vida a todos sus miembros.

Finalmente, al poner en este día nuestra mirada en ellos, también nosotros debemos sentir la necesidad de incentivar nuestra vida de oración como uno de los mayores dones que el Señor nos ha concedido a todos los bautizados. En la oración descubrimos que somos el Pueblo adquirido por Dios, llamado a salir de la tiniebla para entrar en su luz maravillosa (1 Pedro 2, 9).

En este año celebramos en nuestra diócesis el ingreso de San Íñigo, santo bilbilitano, como monje benedictino de San Juan de la Peña, donde profesó. A él confiamos, de modo especial, nuestros monasterios y el florecimiento de sus vocaciones, tan necesarias.

Lo hago recordando la emotiva y gozosa jornada vivida en Calatayud, el pasado 1 de junio, día en que se celebra su fiesta. El arca que contiene los restos de San Íñigo, abad, desde Oña, viajó Calatayud después de 1000 años, y procesionaron por primera vez en la historia por la calles de su ciudad natal.

A S. Íñigo encomendamos en este día a todos los contemplativos, especialmente a los monasterios de nuestra diócesis de Tarazona, que en ellos se cumpla y viva lo que el papa Francisco, expresa en la constitución apostólica Vultum Dei quaerere (2): «Desde el nacimiento de la vida de especial consagración en la Iglesia, hombres y mujeres, llamados por Dios y enamorados de él, han vivido su existencia totalmente orientados hacia la búsqueda de su rostro, deseosos de encontrar y contemplar a Dios en el corazón del mundo. La presencia de comunidades situadas como ciudad sobre el monte y lámpara en el candelero (cf. Mt 5,14-15), en su misma sencillez de vida, representa visiblemente la meta hacia la cual camina toda la comunidad eclesial que “se encamina por las sendas del tiempo con la mirada fija en la futura recapitulación de todo en Cristo, preanunciando de este modo la gloria celestial”».

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email