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San Ignacio de Loyola: educación espiritual

San Ignacio de Loyola

San Ignacio de Loyola: educación espiritual, por Fidel García Martínez

La Iglesia Católica y la Compañía de Jesús celebran (31 de julio) la festividad de San Ignacio de Loyola  uno de los españoles más universales e influyentes  por su legado espiritual y educativo. La personalidad poliédrica de este vasco genial por español, ha estado centrada especialmente en  su obra más admirada y conocida, los famosos Ejercicios Espirituales,  que hoy continúan siendo  no sólo una ejercitación  católica, sino una metodología  para el triunfo personal y  profesional.

San Ignacio es el inspirador y primer educador de los PP. Jesuitas. Fue él, quién  plasmó los rudimentos básicos de la famosa, y nunca suficiente valorada Ratio Studiorum, promulgada por en  1599 por el Claudio Acquaviva, entonces General de la Compañía. Los fundamentos básicos de la pedagogía jesuítica son claros y muy efectivos, pese a las descalificaciones que durante siglos han vertido contra ellos poderosos enemigos de la Iglesia  Católica, como fue  el caso Voltaire, quien los manipuló en su propio provecho con astucia y sectarismo,  sembrando el odio y el  desprecio hacia la labor educativa de la Compañía, descalificaciones  que  aún repiten  con total desfachatez cierto laicismo reaccionario, con claras mentiras  contra la  Educación Católica

La pedagogía jesuítica está fundamentada en una visión espiritual-religiosa del proceso educativo en sí mimo y  de los sujetos que intervienen: alumnos, profesores educadores y familia  (padres y madres).    Pero todo el proceso atiende a la realidad concreta y existencial de la comunidad educativa. San Ignacio siempre actuaba teniendo en cuenta las instituciones y las personas con las que trataba. Su pedagogía activa y participativa es un eco de toda  su formación como estudiante de gramática, estudios generales y universitarios en Alcalá de Henares, Salamanca y París.  El carácter humanista que  siempre ha tenido la pedagogía jesuítica se debe a la influencia de los pedagogos humanistas, como Luis Vives,  a quien San Ignacio conoció durante sus 14  años de formación universitaria.

Sus estudios en París dejaron una influencia en su concepción pedagógica. No es un pedagogo revolucionario, como algunos humanistas que abominaban de la Educación Medieval, fundada en el Trivium y Quadrivium, sino que en su sistema, tal como quedó plasmada posteriormente en la Ratio Studiorum,  se da   una síntesis dinámica entre la visión teísta y la división humanista (humanismo cristiano). Si por algo se caracterizó el sistema medieval fue por la intensa formación humanista en Retórica y Dialéctica y Gramática, como artes del recto decir y escribir: disciplinas hoy muy necesarias por el dominio absoluto  de la tecnología que somete al alumno a la máquina digital. La primera actividad que realizaban los jesuitas donde se reclamaba  su presencia era la fundación de centros educativos (los famosos e imitados colegios jesuíticos), que adquirieron gran prestigio  no solo en España e Hispanoamérica,  sino en  Europa y en Rusia.

Una de las actividades formativas  en los colegios de los jesuitas era el teatro, que ocupaba un lugar muy importante para la interacción social, para el aprendizaje  de hablar en público. Los colegios  para los niños pobres huérfanos (dimensión social-comprometida de la educación), los conocido niños de la doctrina, tuvieron una importancia social muy grande, ilustres personalidades de la cultura española pasaron por ellos como el eximio poeta místico San Juan de Cruz. La misma Santa Teresa, según nos cuenta en el libro de su Vida, tenía en mucho aprecio a los PP. Jesuitas, con quienes se confesaba y buscaba su dirección espiritual. La expulsión de los jesuitas de España y de la América Española, supuso un enorme  retroceso de la  educación y la cultura. Muchos colegios de la Compañía fueron cerrados, expoliados   con toda su gran obra artística, científica y literaria. Los grandes gerifaltes masónicos obligaron a Carlos III a firmar un decreto de expulsión de los PP. Jesuitas, basado en la más repugnante leyenda negra.

Se iniciaba la guerra masónica contra la enseñanza católica que llega hasta nuestros días. Una educación sin la transcendencia religiosa está condenada al relativismo y nihilismo y sin la visión humanista de la libertad real del   educando, se presta a manipulación autoritaria e ideológica  de la persona. El modelo educativo ignaciano perdura aún en  Asturias, dando notables frutos, tanto en Oviedo, Colegio San Ignacio,  como en Gijón en donde los PP. Jesuitas han dejado una huella imborrable en la Universidad Laboral, como en la actualidad en el colegio de la Inmaculada, así  como en el prestigioso centro de Formación Profesional   de Revillagigedo. Así como por la importante labor social en el Hogar de San José  (niños de la doctrina). La anterior corporación de Gijón presidida por Carmen Morillón, objeto hoy de críticas infundadas  por fuera de tono, por parte de la alcalde  del PSOE, así lo reconoció distinguiendo a los PP Jesuitas con la medalla de oro de  la Villa.

Fidel García Martínez, Catedrático Lengua Literatura Doctor Filología Románica, Licenciado en Ciencias Eclesiásticas

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