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San Francisco y Santa Jacinta, dos nuevos santos para la Iglesia, y hermanos

San Francisco y Santa Jacinta, dos nuevos santos para la Iglesia, y hermanos

 

13 de mayo de 2017. A los cien años de la primera aparición de la Virgen, Reina del Rosario, en Fátima en Portugal, tenemos dos nuevos santos en la Iglesia católica: unos de los poquísimos niños que han sido canonizados sin haber sido mártires. Se habla de los primeros en toda la historia de la Iglesia, pero no podríamos olvidarnos de Santo Domingo Sabio. Eso sí, son los más jóvenes. En años pasados se dudaba de la capacidad de un niño en llevar el ejercicio de sus virtudes al grado heroico, me comentaba en entrevista exclusiva el Prefecto emérito de la Congregación para la Causa de los Santos, Cardenal Saraiva Martins para Revista Ecclesia (leer aquí). Y es requisito imprescindible para que la Iglesia declare la santidad de un candidato.

Jordi Picazo, en Fátima

La Iglesia vio en el compromiso y fidelidad con el mensaje de la Virgen por parte de Francisco y su hermana Jacinta, y su prima Lucia como una manifestación clara de esa capacidad de heroicidad. Como por ejemplo cuando algunos elementos de las autoridades gubernamentales les decían por separado que habían echado al otro a una olla de aceite hirviendo, y que harían lo mismo con él o ella si no decía que todo era fruto de su invención. “Podéis hacer lo que queráis conmigo pero yo no puedo mentir”, respondió Francisco. Esto pasaba en la segunda década del siglo XX en el Portugal dominado por la masonería anti católica.

El Papa Francisco rezando ante el sepulcro de Francisco.

En la homilía del Papa Francisco nos explica que (aquí completa -el subrayado en letra negrita es mío):

“Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero… estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto”.

Es interesante como, queriendo algunos utilizar al Papa Francisco, a veces se le ha atribuido la enseñanza nueva de que el infierno no existe. Algunos, también, no pocas veces quieren que los católicos pensemos como muchas Iglesias cristianas no católicas, que la sola fe justifica y nos da la salvación sin nuestra participación. La Virgen les pide siempre a los pastorcitos Francisco, Jacinta y Lucia que recen y hagan penitencia para que las almas de los pecadores no se pierdan y se conviertan. Y Francisco y Jacinta se habían impuesto el gozoso deber de consolar a Jesús. Jacinta de pequeña, cuando le explicaban cómo había Jesús muerto por nosotros y de qué forma cruel, estallaba en lloro desconsolado de pena.

“Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ?a menudo propuesta e impuesta? sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap. 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús”.

Con la “vida propuesta e impuesta” se me ocurre que nuestro amado Papa Francisco se refiere a la mala influencia en la educación por las malas compañías, tema tan crucial en la carta encíclica “Amoris Laetitia” del Papa (ver en este breve vídeo una referencia). El hecho de profanar a Dios en sus criaturas es porque le pertenecemos, es porque es una cuestión de antropología humana, de saber qué es el hombre según los designios de Dios al crearlo y al conducirlo con su providencia. Y así hay que saber venir las ideologías demoníacas de las que nos advierte la iglesia, como la ideología de género o la cultura de la muerte entre otras, que se manifiesta en el poco valor que se da a la vida humana, y “profanan a Dios en sus criaturas”, corrompiendo la identidad del hombre, que no es una opción, sino el designio del único Dios y Creador del Universo.

En esa reciente entrevista sobre los pastorcitos de Fátima, el Cardenal Saraiva Martins también me explicaba que no hay hombre completo sin santidad, pues no es una opción “default” (por defecto) sino que estamos llamados la santidad ya desde el momento en que renacimos por el agua y el espíritu en el bautismo. El Cardenal Saraiva Martins llevó las causas de santidad de los pastorcitos, inició la todavía en marcha de Lucia al morir en 2005 recién, y también la de Juan Pablo II, más 840 más durante el pontificado del Papa Juan Pablo II mientras vivía.

“Queridos Peregrinos, tenemos una Madre. Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ?nuestra humanidad? que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef. 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro”.

Sigue siendo la palabra Esperanza, desde el inicio de su pontificado, la palabra fuerte, incluso se me antoja más que Misericordia.

La explanada del recinto del Santuario de Fátima, durante las celebraciones la víspera de a canonización

“Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

“En sus Memorias (III, n. 6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: « ¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarles a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

 

El Papa Francisco rezando ante el sepulcro de Jacinta y Lucia

“En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz”.

Es remarcable la fuerza con que el Papa nos previene para que no decepcionemos a los que nos miran, por nuestra formación católica, y para los que somos motivos de Esperanza. Un llamado, se me antoja, al apostolado personal y a la oración y penitencia por nuestros pecados y los de los demás.

“Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

Con la explanada al tope de su capacidad de unas 250.000 almas, se estima que a esas se les debe añadir 250.000 más de los alrededores del recinto. Yo he sido testimonio de esos más de 200.000 esperando unas 2 horas y media al saludo inicial del Papa a la Virgen y los peregrinos en la capilla de las apariciones de la explanada, y de su espera de sin moverse a que el Santo Padre fuera a cenar y volviera para el rezo del Rosario y Procesión de las velas con la Virgen (Francisco se retiró antes de ese momento), y la misa que celebró el Cardenal Parolín, Secretario de Estado del Vaticano, hasta aproximadamente la una de la madrugada; testimonio también de verlos quedarse en el mismo punto hasta la misa de canonización de las 10 de la mañana siguiente totalizando unas 20 horas sobre piedra, mojada con la lluvia momentánea que cesó al rato. Es una manifestación de Fe que se toca y se corta. Con alegría, cantos, fraternidad. Por Jesús y la Virgen María, por los nuevos santos les ha valido la pena desde luego. Yo tuve el privilegio de acurrucarme en un sofá esas dos noches, arropado por el ejemplo fuerte de esos hermanos y hermanas en la Fe.

Tras la Procesión de las Candelas, la Virgen de Fátima llega a pie de altar la víspera de la Canonización
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Jordi Picazo Salomo

Mi madre, Dios la tenga en su Gloria, me trajo al mundo un 10 de Julio (1962): día de San Cristóbal, ????? ??????????? (Ágios Christóforos) patrón de los conductores y “portador de Cristo”. Licenciado en Filología Inglesa por la Universidad de Barcelona (1986), he desarrollado mi tarea docente como profesor de español, inglés, y religión en centros de enseñanza Primaria y Secundaria en España y Reino Unido desde 1986 hasta la actualidad, así como formación de inglés para adultos en España y de inglés para inmigrantes en EEUU. He cursado también las asignaturas propias del Bachillerato Eclesiástico de Filosofía. Realicé asimismo estudios de doctorado en Psicología Social de la Lengua en la Universidad de Londres (1990-95) y enseñé en Harrow School, antiguo colegio del actual Emir de Qatar, Hussein de Jordania, Pandit Nerhu, Faisal de Irak, Lord Byron, Churchill y otros.
Soy miembro colegiado del Chartered Institute of Journalists de Reino Unido y del Colegio de Periodistas de Cataluña; también socio activo de la RNA (Religion News Association) de EEUU, y la Asociación de periodistas de Aragón entre otras asociaciones. Colaboro con Bioeticaweb.com y evangeli.net traduciendo artículos de interés. Orgulloso padre de Marta (18) y Oriol (19).

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