San Alonso Rodríguez, pintado por Zurbarán.
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San Alonso Rodríguez: «Ya voy Señor»

San Alonso Rodríguez nació en Segovia, en una familia cristiana, en el año 1531. Sus padres decidieron enviarle a estudiar al colegio que los jesuitas acababan de abrir en Alcalá de Henares. En aquellos años, Alonso aprendió a amar a Cristo siguiendo el modo de orar que San Ignacio de Loyola enseña en sus Ejercicios Espirituales. De hecho, no es demasiado aventurado plantear que quizá en aquellos años como colegial Alonso llegara a discernir su ingreso a la Compañía de Jesús.

Pero la vida de Alonso cambió de manera drástica con el fallecimiento de su padre en el año 1534. Tuvo que abandonar sus estudios en Alcalá y volver a casa para ayudar a su madre al frente del negocio familiar. Sin embargo, Alonso no era bueno para los negocios y, pese a su empeño, no pudo hacer frente a las deudas contraídas. Por ello, su madre decidió casarle con María Gómez, una mujer de buena posición económica con la que Alonso Rodríguez tuvo tres hijos. Sin embargo, pocos años después la muerte llamó a su puerta, llevándose a su mujer, a sus hijos y a su madre.

En este momento, Alonso comienza un acompañamiento espiritual con el Padre Santander, rector del Colegio de Segovia. Las señales que ve en su vida de oración marcan una dirección clara: la Compañía de Jesús. Pero tiene casi cuarenta años, sus fuerzas están mermadas y no consigue centrarse en los estudios. Esto, a ojos de todos (y también a los suyos), se convierte en un impedimento para entrar en la Compañía de Jesús. Pero, en su interior siente que Cristo le llama con fuerza diciéndole «basta que lo quiera yo«. Y, lo que es más importante, Alonso decide ser fiel a esta inspiración siguiendo el que será el leitmotiv de su vida: «Ya voy Señor».

De este modo, gracias a la intervención de un jesuita con fama de carismático, el Padre Cordeses, Alonso es admitido en la Compañía de Jesús en el año 1571 y enviado poco después al recién fundado Colegio de Montesión de Mallorca. Allí desempeñó hasta su muerte el humilde trabajo de hermano portero, atendiendo a todos los que llegaban como si se tratara del mismo Cristo, orando en toda ocasión para unirse más y más a Él, y hablando de Dios a todos los que llegaban hasta la portería. Los diarios espirituales de San Alonso Rodríguez nos descubren a una persona profundamente mística. Y los frutos en las vidas de las personas con las que trató (entre las que destaca el jesuita San Pedro Claver, apóstol de los esclavos negros en Cartagena de Indias), nos muestran que esta mística, como la de todo buen jesuita, era encarnada.

Por ello, tanto en vida, como después de su muerte, San Alonso Rodríguez se convirtió en un faro que guió e inspiró la vida de muchas personas. Especialmente la de tantos hermanos jesuitas que supieron ver en él un testimonio de entrega a Dios desde lo profundo y escondido de la vida cotidiana.

Por Daniel Cuesta Gómez, SJ

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