Especiales Ecclesia San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia

Saludo del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, en la peregrinación de la CEE a Montilla

Saludo de Mons. Demetrio Fernández  González, obispo de Córdoba, al comienzo de la celebración jubilar de los Cardenales, Arzobispos y Obispos de la Conferencia Episcopal Española, que peregrinan en Asamblea Plenaria hasta el sepulcro de San Juan de Ávila, nuevo Doctor de la Iglesia.

Basílica Pontificia de San Juan de Ávila.- Montilla (Córdoba), 23 de noviembre de 2012

 

Eminentísimo Sr. Cardenal Presidente, D. Antonio-María Rouco Varela.

Eminentísimos Sres. Cardenales, Arzobispo Metropolitano, Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Arzobispos y Obispos miembros de la Conferencia Episcopal Española, venidos hasta aquí para honrar a San Juan de Ávila, darle gracias a Dios por su declaración como Doctor de la Iglesia y alcanzar las gracias de este Año jubilar en Montilla.

Saludo a todos los presentes: Sr. Alcalde de Montilla, Sra. Presidenta de la Diputación Provincial de Córdoba y demás autoridades locales y provinciales, personal de la CEE, Provincial de la Compañía de Jesús, Consejo Episcopal y Colegio de Consultores de la diócesis de Córdoba, seminaristas de nuestros Seminarios de Córdoba, párrocos y fieles de Montilla. Hermanos y hermanas aquí presentes y tantos miles de personas que nos siguen en directo a través de MontillaTV, Canal 13TV e internet.

Sed todos bienvenidos a la Casa de Dios. Este es un lugar sagrado porque es un templo dedicado a Dios y se ha construido para albergar el sepulcro de San Juan de Ávila, que nació en Almodóvar del Campo (Ciudad Real) y murió en Montilla, donde vivió los últimos 15 años de su vida. Clericus cordubensis, patrono del clero secular español, apóstol de Andalucía, hoy ya Doctor de la Iglesia universal.

Teníamos que venir a Montilla, al sepulcro de San Juan de Ávila, para vivir este momento posterior a su declaración por parte del Papa Benedicto XVI como doctor de la Iglesia universal el pasado 7 de octubre. Es momento para el recuerdo agradecido a tantas personas que han trabajado en este largo camino de más de cuatro siglos: A la Compañía de Jesús y a la Orden Franciscana que han guardado su sepulcro durante estos siglos, a la Congregación de Sacerdotes Seculares Naturales de Madrid, a la Orden Trinitaria, a los arzobispos de Toledo y a la Casa Real, que han sostenido la Causa, a los arzobispos de Granada y Tarragona, que elevaron preces al Santo Padre promoviendo en su momento la canonización, a la Conferencia de Metropolitanos de España y en el tramo final de los últimos 50 años a la Conferencia Episcopal Española, que ha sido la actora de la Causa de canonización y del doctorado de este insigne personaje español del siglo XVI con influjo universal por su doctrina eminente. Gracias a los sucesivos obispos de Córdoba, a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos y a Dña. Encarnación González que, desde la Postulación, han llevado a feliz término este propósito.

San Juan de Ávila nos habla hoy, tiene un mensaje para el hombre de nuestro tiempo. El nos invita a descubrir que nuestro Dios es Amor, él nos muestra el camino de la santidad accesible para todos y nos impulsa como misionero infatigable a recorrer los caminos de la nueva evangelización. Fascinado por el amor de Cristo, vivió con pasión el misterio de la Iglesia, en plena comunión con los Obispos de los que era fiel colaborador, y llegó con su predicación y sus escritos al corazón de muchas personas, suscitando muchos santos en su tiempo y en épocas posteriores. El nos recuerda que la deseada renovación de la Iglesia va precedida y alentada por la reforma del clero y el fervor en los seminarios.

Gracias a todos los que han colaborado en la preparación y realización de esta celebración: al Rector de la Basílica y a sus colaboradores, a todo el personal de la CEE que ha trabajado intensamente. Gocemos ahora de este momento de gracia, de este acontecimiento único: la Iglesia de España entera peregrina a Montilla en la persona de sus pastores, para pedir a San Juan de Avila que nos encienda con su lumbre, para aportar luz y calor a los hombres de nuestro tiempo.

 

 

 

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