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Saludo al Papa Francisco del prior general de los Agustinos, P. Prevost

Saludo del P. Robert Prevost, Prior General de la Orden de San Agustín, en la Santa Misa para el inicio del 184 Capítulo General de la Orden Roma, basílica de San Agustín in Capo Marzio 28 de agosto de 2013

 Santo Padre, con gran alegría la Orden de San Agustín representada aquí por los miembros del Capítulo General, quiere expresar todo el agradecimiento por su gentilísima generosa decisión de acoger nuestra petición de acompañarnos en esta celebración de inauguración de los trabajos capitulares. Usted ofrece hoy la espléndida oportunidad de escuchar su palabra, su mensaje, en este momento de gran importancia para la vida de la Orden.

Hoy, solemnidad de Nuestro Padre San Agustín, en esta basílica dedicada a su memoria y donde se veneran los restos mortales de su madre, Santa Mónica, es un momento particularmente significativo para este encuentro. Si Santo Agustín es nuestro Padre, nuestro fundador espiritual, la Santa Iglesia es nuestra verdadera madre e institutriz, como escribía Jordán de Sajonia, uno de los primeros cronistas agustinos. Nuestra institución y nuestro estilo de vida comparten con las otras órdenes mendicantes la misma finalidad y hunden sus raíces en el mismo periodo histórico, pero con una diferencia: importante: La institución histórica de la Orden de San Agustín es fruto de la decisión de sus predecesores, los papas Inocencio IV y Alejandro IV, que a lo largo del siglo XIII reunieron en un única orden mendicante tantas comunidades y congregaciones eremíticas que seguían la Regla de San Agustín. El cuidado que la Sede Apostólica ha mostrado por la Orden desde su nacimiento ha marcado de forma específica la vida espiritual, el pensamiento teológico, las acciones de los agustinos que se sintieron siempre comprometidos de forma especial al servicios de la Iglesia universal. Y es de aquí que, como dicen nuestras constituciones, ha nacido  la devoción y fidelidad de la Orden a los Sumos Pontífices.

Santo Padre, hace algunas semanas, cuando hemos sabido que usted estaría presente con nosotros en esta celebración alguno me ha preguntado: “¿qué querrías que el Papa dijera al Capítulo General?”. Ciertamente me ha hecho pensar y no estoy seguro de la respuesta. Pero en uno de los sermones de San Agustín he encontrado palabras que nos podrían servir. Agustín nos recuerda la importancia de caminar juntos, unidos a toda la Iglesia:

“Si para los compañeros de viaje es motivo de alegría recíproca recorrer juntos el camino, que alegría no tendrán en la Patria. A lo largo de este camino los testigos lucharon y avanzaron siempre en la lucha, al progresar nunca se detuvieron. De hecho , lo que aman avanzan (…) Y  el camino que nosotros recorremos, requiere caminantes. Este camino detesta a  tres categorías de hombres: a los que se detienen, a los que retrocede, a los que se desvían. Con la ayuda de Dios nuestro caminar este protegido y defendido contra estas tres categorías negativas. En realidad, haciendo juntos el camino, uno va más lento, otro acelera, pero ambos avanzan” (Sermón 306B)

Santo Padre su presencia hoy con nosotros nos ayudará a renovar nuestro empeño a avanzar con decisión, con amor y reforzar nuestra decisión de caminar junto con toda la Iglesia

Apenas ha pasado un mes de la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud, en la que muchos de los presentes hemos participado con alegría. Queremos agradecerle, Santo Padre, por todo lo que ha hecho en Rio de Janeiro. El entusiasmo de esos días aún está vivo, y no sólo en el recuerdo. Nuestro deseo es que también hoy el Señor a través de su presencia entre nosotros pueda iluminar nuestras mentes y mover nuestros corazones, inspirar toda nuestra vida, igual que ha sucedido a tantos  jóvenes en Brasil para que esta celebración y nuestro Capítulo sean ocasiones propicias para responder con mayor generosidad a las inspiraciones del Espíritu Santo, para servir con gran amor y con coraje a la Iglesia y a los hermanos y hermanas y a todo hombre de nuestro tiempo allá donde más necesidad haya.

Gracias Santo Padre, gracias desde lo más profundo del corazón por este gran don que ha querido hacer a la familia espiritual de San Agustín.



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