Rincón Litúrgico

Sábado Santo, por José Borja

El Domingo de Ramos, celebrábamos la entraba triunfante de Jesús en Jerusalén. Nuestras Parroquias y cofradías se engalanaban, y, todos a una sola voz aclamábamos al Rey de Reyes con vítores y palmas.

El Jueves Santo, lo que parecía una comida de amigos, se convirtió, por un lado, en una traición de un amigo a Jesús, por unas monedas. Lo vende sin escrúpulos por la hipocresía y la avaricia del dinero. Pero, Jesús, de ese pan y de ese vino, lo convierte en su Cuerpo y en su Sangre. Es ahí, donde el, de esa cena Pascual, nos deja el mandamiento del Amor y los Sacramentos. La cena Eucarística, nos hace entrar en comunión con Él, a pesar de nuestros fallos y nuestras meteduras de patas, nos ama hasta el extremo. Un extremo que es la Cruz, como antesala a la Vida que es la Resurrección.

El Viernes Santo, es el día en que todo queda consumado. Cristo, después de largas horas de sufrimiento, angustia y dolor, entrega el Espíritu al Padre. Es ahí, en ese momento, donde vemos la prueba mayor de amor de la historia. Muere un justo, para que seamos perdonados y salvados los injustos. Pero aquí no acaba todo. Tenemos que tener paciencia.

Sábado Santo. Vigilia Pascual

Es aquí la celebración central. La noche santa. La gran Vigilia Pascual.
Es la fiesta de la alegría y de la Luz. Cristo, al resucitar, restaura la Vida. Es el triunfo de Cristo sobre la muerte. La resurrección de Jesús presenta un carácter francamente positivo al cristianismo y esperanzador. La fe cristiana conduce a la victoria. El triunfo sobre la muerte ha sido conseguido por Cristo y nos hará partícipe a todos.
Celebrar la Vigilia Pascual, es recordar nuestro propio Bautismo y celebrar la Eucaristía.

En el Evangelio de Mateo, Jesús anuncia en su vida pública su resurrección de entre los muertos. Pero es la fe en este anuncio no arraigó entre los discípulos, para quienes acabó en la cruz. Por ello algunas mujeres van a embalsamar el cadáver.
El Padre resucita a Jesús para nuestra justificación. La Resurrección del Hijo, es el hecho y constituye el fundamento de nuestra Redención. Hemos sido redimidos por su Sangre. Su Sangre nos ha salvado. La Resurrección es un objeto de fe y de confianza en su Palabra. No es una mera comprobación objetivo-histórica. Por eso mismo que no pretende que sea eso, el evita resucitar ante testigos oculares. Los discípulos lo verán resucitado, y de ahí en adelante serán los testigos del único Cristo: el Resucitado, que han de comunicar a todas las naciones.

Pidamos a nuestra Madre, que nos ayude a confiar en su Hijo. Que no necesitemos tocar ni ver (físicamente) para poder creer. Que la Resurrección sea para todos nosotros el estilo de vida de los seguidores de Cristo y contagiemos la alegría y la Luz Pascual a nuestro mundo que anda en tristeza y oscuridad.

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