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El ex abad Sergij, con un grupo de religiosos afines / AsiaNews.
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Rusia: La policía detiene a un ex abad ortodoxo negacionista

Sergij, hegúmeno (abad) del monasterio de Srednauralsk, en los Urales, ha sido finalmente detenido. La Guardia Nacional Rusa asaltó en la noche del 28 al 29 de diciembre el complejo monástico de los Urales donde se había atrincherado con sus seguidores y lo condujo a prisión, acusado de sedición, violación del derecho a la libertad de conciencia, secuestro de menores e incitación al suicidio. Nicolaj Romanov, su nombre civil, había sido suspendido en mayo por el obispo de la diócesis de Ekaterimburgo y Verkhoturja, Kirill Nakonechny, y reducido al estado laical en septiembre.

El caso de este abad es el más claro ejemplo de fanatismo religioso asociado a la pandemia. Sergij se enfrentó abiertamente al patriarca Kirill de Moscú cuando este decretó el cierre de los templos ante el avance imparable del virus. «El patriarca, el Sínodo y el episcopado no tienen ningún poder sobre la Iglesia, que está siendo guiada actualmente por los médicos del Servicio Nacional de Sanidad, y siempre se doblega al poder civil. Considero que estas actitudes de nuestros jerarcas son un sacrilegio frente al Espíritu Santo, y una traición a la verdadera fe de la Iglesia ortodoxa», acusó. En su opinión, la Covid-19 no era más que un engaño de las fuerzas del mal para actuar contra los verdaderos creyentes.

El patriarcado de Moscú le llamó reiteradas veces al orden y le pidió que rectificara, pero fue en vano. El abad acusó al patriarca de no tener coraje para «defender la fe» y de temer «perder el sillón», e incluso grabó un video en el que confiaba «en la venida de un zar verdaderamente ortodoxo que juzgará cada cosa con la auténtica justicia».

Unos policías custodian la entrada del monasterio la noche del arresto / AsiaNews.

El monasterio en cuestión es en realidad un conjunto que comprende cuatro cenobios, algunos femeninos, en una extensión de más de cien hectáreas en la provincia de Ekaterimburgo, todos próximos al lugar donde fue asesinado el zar Nicolás II. Sergij tenía el control sobre ellos, y contaba asimismo con el apoyo de buena parte de la población local, que ante la posibilidad de una intervención policial organizó un servicio de seguridad en el perímetro luciendo los uniformes históricos de los cosacos, «defensores de la fe».

La gota que colmó el vaso y que propició la actuación de las fuerzas del orden, informa la agencia AsiaNews, fue un vídeo en el que Sergij preguntaba a varios fieles, algunos de ellos niños, si estaban dispuestos a «morir por Rusia», con invitaciones explícitas al suicido. En una de sus homilías —seguía celebrando pese a haber sido suspendido y excomulgado— aseguró que no dejaría el monasterio con sus más de 150 monjas y que ninguna fuerza del mundo, ni ejército, ni flota, podrían sacarlo de allí.

No fueron necesarios. Lo hizo, de madrugada, la policía, que arrestó también a un número indeterminado de religiosas y de seguidores.

Al día siguiente el Kremlin reconocía que la cifra oficial de 55.265 muertos atribuidos a la Covid-19 había que elevarla en realidad a 186.000, lo que hace de Rusia el tercer país del mundo más castigado por el virus, solo superado por Estados Unidos y Brasil.



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