Congreso de Laicos

Rosa Gisbert: La formación en Doctrina Social de la Iglesia ayuda a estar «en forma cristiana»

El plan de formación política de la HOAC también está en el Congreso de Laicos, de la mano de Rosa Gisbert, de la diócesis de Orihuela-Alicante; y José Andrés Pérez, de la diócesis de Burgos. En su exposición en la línea temática, Rosa Gisbert indicó que la formación en Doctrina Social de la Iglesia supone «estar en forma cristiana, en todos los ámbitos de la vida y ante todos los acontecimientos de la vida: la economía, el trabajo, la familia, la comunidad política, la cultura… para promover un modo de ser, de pensar, y de actuar, personal y comunitaria, profundamente cristiana y, por ello, profundamente militante y comprometida, quiere dar respuesta al cultivo de la vida y la acción sociopolítica como algo propio de nuestra naturaleza y vocación de toda persona». Ella ha presentado el plan, «como un diálogo entre la DSI, la realidad del mundo del trabajo y nuestra existencia, tanto personal y comunitaria, encarnada en él. Ayudando a construir un proyecto evangelizador también para la vida política y social de nuestro pequeño mundo». Este diálogo permite descubrir la manera de entender y vivir la política que propone la DSI, para que posibilite «que todas las personas puedan vivir en dignidad» y en corresponsabilidad hacia los otros, «desde nuestra vocación de construir comunión con los demás, imagen de Dios-Comunión de personas».

Este diálogo fe y vida tiene tres partes:

1. La concepción de la política

2. Principios fundamentales de la vida social y política según la DSI

3. Elementos básicos de la vida política, que agrupan los distintos temas que trabajan los militantes trabajadores cristianos.

Testimonio

Por su parte, Jose Andrés Pérez, de la diócesis de Burgos, comparte como ha «experimentado con fuerza la llamada a implicarme en la realidad que vivo, que se ha nutrido desde la formación» inicialmente en la parroquia y posteriormente en la HOAC fue «cuando pude descubrir de una forma práctica más que teórica, las enseñanzas sociales de la Iglesia a través de su doctrina social. No son principios vacíos y genéricos los que promueve, sino elementos que generan vida humanizadora en los ambientes y realidades en los que nos movemos de manera cotidiana».

Para Pérez, los principios generales de este plan le ayudan «a discernir una respuesta, una elección, un camino. No se trata de buscar la respuesta concreta a la pregunta, se trata de reducir el proceso de discernimiento a una serie de elementos claves que deben de entrar a formar parte de una respuesta militante». Ante los problemas de esta cultura del descarte y de la indiferencia que genera empobrecimiento, desigualdad y deshumanización los militantes cristianos «hemos de plantar cara porque está en juego lo más sagrado que ha creado el Padre Dios y que es nuestra propia humanidad. Un proyecto de felicidad para todos, que se fundamente en vivir en y para la comunión». La tarea no es fácil, pero sabemos que nuestra entrega es necesaria, aunque «no podemos vivirlo solos. Estamos llamados a acompañarnos, sobre todo a los más débiles, a ir cambiando, poco a poco, nuestra mentalidad y la de quienes nos rodean, ir colaborando para que las instituciones que dan soporte a la propia sociedad, vayan cambian y se humanicen y todo ello pasa por mostrar a los demás que existen iniciativas alternativas de vida».

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