Cultura

Romance a la Virgen del Saz, por Francisco Vaquerizo

Romance a la Virgen del Saz, por Francisco Vaquerizo

Cada año me planteo el tema de mi poesía. La verdad es que hay muchos,

 porque la vida es verso interminable, dijo alguien. Se puede hacer un poema

a todo. Yo he hecho a un bastón, a un catre, a mi coche… Pues esta vez lo

 hago a una exclamación de la Letanía mariana. Espejo de justicia. Es una

invitación que nos miremos en el espejo de María para vernos el alma y

acicalarla, asearla e intentar que recupere la imagen prístina (original, la

 primera que tuvo cuando salió de las manos de Dios…a su semejanza.)

 Vernos el alma en el espejo de María.

 

 ROMANCE DEL SAZ

  

Este año, Virgen del Saz,

este año me encantaría

referirme en mi romance

a algo que en la Letanía

del Rosario, te decimos:

que espejo, eres, de justicia.

(El “spéculum iustitiae”

cuando en latín se decía).

 

Justicia es una palabra

que, en la interpretación bíblica,

no se entiende en el sentido

de virtud de la justicia

-dar a cada cual lo suyo –

sino que aquí significa

bondad sobrenatural

y santidad sin medida.

 

El hecho de que la Virgen

sea espejo de justicia

está muy puesto en razón

y muy conforme a la misma,

porque, después de Jesús,

ella, la Virgen María

es el reflejo más fiel

de la perfección divina.

 

Ningún espejo más claro

hay que la Virgen María

para mirarnos el alma

y comprobar si camina

en gracia y en santidad

o va un tanto a la deriva

con la fe dando bandazos,

la caridad malherida

y la esperanza incapaz

de superar la embestida,

que las huestes del maligno

nos hacen la guerra un día,

y otro día, y otro día.

 

Miremos en el espejo

de nuestra Virgen María,

que en él habremos de ver

la de olvidos y mentiras

y desórdenes morales

que nunca tendrán cabida

en los mandatos divinos

que el Evangelio nos dicta.

 

Pero, más pronto que tarde,

habrá de llegar el día

en que se nos pida cuentas

de todas nuestras malicias,

de si la imagen que damos

como espejos de justicia,

es una imagen borrosa,

una imagen desvaída,

una imagen acabada,

una imagen muy distinta

a su condición de imagen

a semejanza divina.

 

Y digo yo que, si todos,

nos miramos cada día

al espejo y procuramos

(a veces en demasía),

enmendar el deterioro

de lo corporal, sería

justo mirarnos el alma

en nuestra Madre Santísima,

para enmendar los defectos

y mantenerla más limpia,

siendo cristianos de veras

y no de mentirijillas,

viviendo los mandamientos

de una forma más explícita

poniendo el amor a Dios

de todo muy por encima.

 

A mirarnos en tu espejo

venimos hoy a tu Ermita

con el deseo ferviente,

oh Madre del Saz bendita,

de que, a tu lado, nuestra alma

recobre su imagen prístina

y sea siempre obediente

a la voluntad divina.

 

Francisco Vaquerizo Moreno

8 de septiembre de 2018. Ermita del Saz.

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