Carta del Obispo Iglesia en España

No robarás, por el obispo de Segovia, Ángel Rubio Castro

Angel Rubio

No robarás, por el obispo de Segovia, Ángel Rubio Castro

 El séptimo mandamiento no sólo prohíbe quitarle algo a alguien, sino que exige también la justa administración y el reparto de los bienes de la tierra; regula las cuestiones de la propiedad privada y del reparto de los rendimientos del trabajo humano. Igualmente se denuncia en este mandamiento la distribución injusta de las materias primas. Se subraya con igual fuerza el derecho a la propiedad privada y el destino universal de los bienes (nn. 2402ss.), con especial referencia a situaciones concretas que resulten hoy problemáticas, como la especulación abusiva, los juegos de azar o las modernas formas de esclavitud.

Llama la atención el apartado dedicado a la preocupación ecológica como cuestión moral (nn. 2415s.), que se encuentra ya preanunciada en la primera parte del Catecismo al hablar de la Creación.

El séptimo mandamiento prohíbe tomar o retener el bien del prójimo injustamente y perjudicarlo de cualquier manera en sus bienes. Prescribe la justicia y la caridad en la gestión y con miras al bien común, exige el respeto al destino universal de los bienes y el derecho a la propiedad privada. Además de la justicia, el cristiano ha de practicar la caridad. Con un enunciado tradicionalmente negativo se intenta un planteamiento positivo.

Un capítulo especialmente significativo es el dedicado a la Doctrina Social de la Iglesia, que rechaza «todo sistema en el cual las relaciones sociales quedan enteramente determinadas por los factores económicos» y condena aquellas teorías que «hacen del beneficio la regla exclusiva y el fin último de la actividad económica», así como aquellos sistemas que «sacrifican los derechos fundamentales de las personas y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción» (n. 2423s.). «La Iglesia —se afirma tajantemente— ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al “comunismo” o “socialismo”, pero también ha rechazado, en la práctica del “capitalismo” el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano» (n. 2425).

El derecho y el deber del trabajo forman parte de este mandamiento. El derecho al trabajo es un bien de la humanidad que hay que compartir. Es necesario que los cristianos nos esforcemos para lograr que todos los hombres tengan en la sociedad un puesto de trabajo dignamente retribuido. El trabajo, sea cual fuere, no constituye para nadie una humillación y cada hombre encuentre, en lo posible el trabajo más adecuado a sus capacidades y vocación.

Se reconoce el derecho y el deber del Estado a intervenir en el orden económico, pero de manera subsidiaria. Se hace un encendido elogio de los empresarios, como garantes del empleo y de la inversión, a la vez que se les exige que «consideren el bien de las personas y no sólo el aumento de las ganancias» (n. 2.432). Es una grave injusticia no pagar el justo salario, y la huelga es legítima cuando se presenta como inevitable y en busca de un beneficio proporcionado, mientras que es inaceptable cuando va acompañada de violencia o persigue objetivos no directamente relacionados con las condiciones de trabajo o contrarios al bien común. Por último, se anima al cristiano a la limosna y amor a los pobres. No olvidemos que tener y no dar nada es en algunas ocasiones mucho mejor que robar. El dinero suele formar un caparazón de egoísmo que nos hace invisibles a los demás.

El tener mucho nos induce a creernos ser mucho y de esa autosuficiencia nace una soberbia desdeñosa con las miserias ajenas. La Iglesia debe repartir y compartir para hacer un mundo más justo.

+ Ángel Rubio Castro

                                                                                                                 Obispo de Segovia

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