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Río 2013: la JMJ misionera por excelencia – editorial Ecclesia

Cuando este comentario editorial llegue a sus lectores, la JMJ 2013 Río se encontrará en su fase final, más intensa y más significativa. Una JMJ es siempre un conjunto, que entronca con su historia e identidad y que concluye, como si fuese un “río”, en una nueva edición. Aislada, separadamente no pueden ni deben entenderse las JMJ, uno de los más extraordinarios kairós del Espíritu a su Iglesia de las últimas décadas.

Una JMJ es –decíamos- situarse en su trayectoria de casi tres décadas, en su convocatoria, es su preparación, es su semana previa –en Río, llamada Semana Misionera-, son sus catequesis -en Río, 273 catequesis, en 26 idiomas distintos, con 51 locales con catequesis en lengua española-, son sus celebraciones –sobre todo, la vigilia y la misa del envío-,  su ambiente, su ritmo, sus peregrinos y su convivencia festiva y bulliciosa. Una JMJ son  sus confesiones sacramentales y testimonios. Son sus programas lúdicos y culturales complementarios. Una JMJ –Pentecostés donde los haya- es la gran oración de toda la Iglesia, de la Iglesia en el lugar donde se celebra y de la Iglesia universal. Una JMJ es el mensaje papal que sirve de preparación, motivación y animación. Una JMJ es la presencia peregrina del Papa, de los pastores y fieles de toda la Iglesia. Una JMJ es asimismo lo que de ella se transmite, se cuenta, se percibe, se siente. Y todo ello es una siembra, una generosísima y gigantesca siembra de la mejor humanidad y del mejor cristianismo. Una siembra a manos llenas de esperanza y de evangelio.

Con la de Río, son ya veintiocho las JMJ, doce de ellas, como la carioca, de carácter internacional. Cada una de ellas ha pasado a los anales de la historia de la mejor Iglesia y de la humanidad, dentro del denominador común de la que una JMJ es, por distintas características y singulares. Si nada en la vida de la Iglesia ha de objeto de comparaciones en el sentido competitivo del término, menos aún el esfuerzo inmenso que es y supone una JMJ.  Ello significa que afirmar, por ejemplo, que la JMJ 2013 es la más misionera no va contra nadie, ni contra nada, sino que es una aproximación y un ejercicio, periodístico y pastoral, de subrayar sus acentos y particularidades.

Y desde el corazón mismo de la XXVIII JMJ, la de Río, creemos, desde los anteriores criterios, que esta es la más misionera de las JMJ. Es la JMJ más misionera porque tiene lugar en un país todavía de misión y a su vez  ya un país misionero. Con más de 165 millones de católicos bautizados, Brasil es el país del mundo de mayor población católica, y su Iglesia nos muestra la doble condición recién indicada: es todavía tierra de misión y ofrece ya también frutos inequívocos de Iglesia misionera en su país y fuera de sus fronteras.

Las palabras de Jesús, su “testamento” y mandato final, el “Id y haced discípulos a todos los pueblos”, lema de esta JMJ, sitúa la edición en Río en una dimensión y en un compromiso y desafío asimismo inequívocamente misioneros. De hecho, sus días previos, como ya hemos aludido, se han denominado “Semana Misionera”. Y en la lógica catequética de las JMJ, a este reto misionero se llega –tan solo por evocar las dos anteriores JMJ de carácter internacional- tras el “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos” (Hch 1, 8) de Sídney en 2008, y “Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe” (Col 2, 7), de Madrid en 2011.

Intensifica igualmente la condición misionera de la JMJ 2013 Río el hecho de que se inserte en la gran misión continental que vive la Iglesia en América Latina desde la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano Aparecida 2007. Y también de la realidad, en la misma Iglesia latinoamericana, de la evangelización en medio del crecimiento de grupos y sectas religiosas.

La JMJ 2013 Río es misionera por excelencia porque es la JMJ del Año de la Fe y de la Nueva Evangelización. Y lo es asimismo por ser la primera JMJ de ese extraordinario misionero de las periferias y de la misericordia que es el Papa Francisco.

Atentos, pues, a la JMJ 2013 Río. La gracia de Dios se está desbordando de nuevo. Y de nada tenemos más necesidad que de ella.



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