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Opinión

Ricardo de la Cierva: “Qué inmenso error”, por Fidel García Martínez

Ricardo de la Cierva: “Qué inmenso error”, por Fidel García Martínez

Esa fue la exclamación de desagrado que pronunció el hoy fallecido Ricardo de la Cierva, para demostrar su algo más que descontento, cuando Adolfo Suárez fue propuesto y elegido para ser el Primer Presidente de la Democracia.

Pero la habilidad política de Adolfo Suárez supo aprovechar esta debilidad de Ricardo de la Cierva para atraerlo a él y a sus opositores franquistas, de donde venía el propio Suárez, para llevarlo a su gobierno como ministro de Cultura. Ricardo de la Ciervo forjado en el espíritu de los Jesuitas y deudor de una gran tradición científica genial, su abuelo fue quien construyó el primer helicóptero, un gran inventor como lo fue, el genial Torres Quevedo. Alguno que se provecharon del franquismo en sus años jóvenes para situarse socialmente en buenos puestos y luego presumir de antifranquista después de la muerte de Francisco, acusan a Ricardo de la Cierva de historiador franquista e incompetente, lo cual descalifica más a quien así los que lo descalifican. Los historiadores marxistas, especialmente algunos de Oviedo, vieron en Ricardo de la Cierva su antítesis más cualificada al ser un hombre liberal y demócrata según los esquemas de Fraga, a quien por cierto con frecuencia felicitaba Carillo.

Ricardo de la Cierva fue doctor en Ciencias Químicas, en Filosofía y Letras, además de catedrático de Granada y de Alcalá de Henares. Como historiador Ricardo de la Cierva fue brillante por su forma de tratar los más espinosos asuntos de su tiempo, lo que no supieron hacer sus adversarios políticos, que se dedicaron a la descalificación e insultos como sofismas vulgares puramente fantasiosos. Llevó la Historia a los Kioscos y muchos españoles se formaron con los fascículos ingeniosos y amenos de Ricardo de la Cierva. Los últimos años de su vida los dedicó a investigar la infiltración de la masonería en los gobiernos de España, especialmente en los de Zapatero, lo que le atrajo muchos y poderosos enemigos que intentaron descalificarlo como historiador y persona. Siendo un católico instruido no supo, sin embargo, aceptar con amplitud de miras el espíritu del Concilio Vaticano II. ¡Descanse en Paz!

Fidel García Martínez



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