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Retórica parlamentaria: de la cal viva a la limpieza de la casa, por Fidel García Martínez

Retórica parlamentaria: de la cal viva a la limpieza de la casa, por Fidel García Martínez

El viernes 4 de marzo la llamada sede de la soberanía nacional vivió una jornada a medio camino entre la historia y el esperpento. Nunca desde la restauración de la democracia se vivió un espectáculo político-oratorio tan desconcertante como hilarante. De los oradores, algunos mostraron muy pocas habilidades retóricas y mucha verborrea en la estructuración de sus discursos alejándose de lo que mandan los grandes tratadistas como Jovellanos, quien no sólo escribió un excelente tratado de retórica, sino que nos dejó una pieza oratoria singular en su Defensa de la Junta Central, de obligada lectura para todos los que pisan las alfombra del Congreso de los Diputados.

Empezó la mañana Mariano Rajoy quien ofreció a todos los que quisieron oírla   la mejor pieza oratoria del día: sólida, contundente perfectamente estructurada en su   forma sin alardes teatrales y con momentos estelares y en la ironía, contundente. La respuesta del candidato a la investidura de Presidente del Gobierno fue más plana y con una estructura retórica más débil por menos convincente, porque si la retórica   es el arte de bien hablar, para persuadir, Pedro Sánchez lo tuvo muy difícil sabía de antemano que su empresa: ser investido presidente era por la aritmética imposible. El representante de Podemos pronunció como se esperaba de él un discurso demagógico, atrevido y embarullado se preocupó sólo de la ironía, el insulto y el sarcasmo, con una dialéctica típicamente marxista y simplista pero de gran efectividad mediática por los exabruptos y las ocurrencias, algunas de los cuales provocaron lo que quería, la respuesta airada de aquellos a quienes iban dirigidas. Más contenido en la forma y menos convincente en el contenido fue el discurso de Rivera aparentemente alejado de la algarada mitinera y del barullo asambleario universitario, pero corrosivo con el Presidente del Gobierno en funciones, porque desde que firmó el pacto con el PSOE el discurso de Rivera perdió frescura y sinceridad y ganó en monotonía abusiva centrando su discurso en tópico y mantra de limpiar la casa del PP y poco más.

Con este breve análisis formal desde el punto de vista del arte de persuadir, no se trata de saber quién ganó o quién perdió desde los contenidos, porque muchos eran contrarios cuando no contradictorios y ese análisis pertenece a los politólogos y a los que se dedican a la difícil tarea de la hermenéutica de los enigmas de los discursos políticos; misión casi siempre imposible, porque hoy los políticos no dicen los que realmente piensan sino lo que tienen que pactar cada día.

Fidel García Martínez (Doctor Prosa Retórica Clásica)

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