Rincón Litúrgico

Respuestas de los discípulos al Resucitado, por Ángel Moreno de Buenafuente

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Respuestas de los discípulos al Resucitado, por Ángel Moreno de Buenafuente

Al hacer la exégesis de los textos, es mejor interpretarlos en el contexto del mismo libro. Sin embargo, al leer los relatos de la resurrección de Jesús en los distintos evangelios, descubrimos una perspectiva más amplia y una objetivación mayor de la noticia esencial del cristianismo, pues se funda en la persona de Jesucristo, muerto y resucitado, verdadero hombre y verdadero Dios.

De entre los diálogos que Jesús resucitado mantiene con los suyos, destaca el que se da a lo largo de toda una jornada con los discípulos de Emaús, y que nos desvela la mirada natural sobre los hechos que mantienen los discípulos, hasta que llegan a reconocer la presencia del Señor.

PROCESO

“Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no le vieron».” (Lc 24, 19-24)

¿Qué sentirían los de Emaús para atreverse a invitar al compañero de viaje desconocido? Le dijeron: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». (Lc 24, 29) Después recocieron que ardía su corazón.

La narración un tanto negativa del evangelista san Lucas es un argumento fiable, pues al detallar la opacidad de los ojos de Cleofás y su compañero, dato que no se transcribiría en caso de manipulación, revela mayor autenticidad de los hechos.

CONFESIÓN

Si por un tiempo los textos describen la resistencia de los discípulos a dar fe a lo que era inimaginable, que un muerto volviera a la vida, que el Resucitado fuera el Crucificado, poco a poco, en cada uno de los relatos, especialmente en el Cuarto Evangelio, se expresa la confesión de fe y de amor, como mejor obsequio a quien con tanto respeto les iba demostrando que estaba vivo. «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!» (Lc 24, 34). «Es el Señor», (Jn 21, 7)

Es momento propicio para poner en nuestros labios, ante el Señor, las expresiones creyentes y amorosas de los discípulos: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28); «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» (Jn 21, 15); «Sí, Señor, tú sabes que te quiero» (Jn 21, 16); «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero» (Jn 21, 17),

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