Respondiendo… ¡Bendito sea Dios!
Firmas

Respondiendo… ¡Bendito sea Dios!

Respondiendo… ¡Bendito sea Dios!

Ha sido esta tarde, con una puesta de sol sobre el Guadiana magnífica como colofón del día. Iba camino de Montijo a participar en la novena de la Virgen de Barbaño, hoy dedicada a los jóvenes que se preparan para la Confirmación. La asamblea reunida tenía sabor de pueblo de Dios; con ellos, los sacerdotes Antonio Pérez y Pedro Gómez, en el centro, la Virgen María. Pedro es alguien familiar para mí y, tanto la Juventud Estudiante Católica como Profesionales Cristianos, le guardamos una estima muy grande, ya que en su albergue de Barbaño hemos pasado muchos fines de semana elaborando los proyectos de vida en comunidad.

La celebración de hoy la he asociado con la Virgen de la Aurora de Zarza Capilla, donde sé que el pueblo está con los rosarios de la Aurora suplicando, con amor y por intercesión de María, por la vida de Cristina y por toda su familia.

Y, en medio de la debilidad, amor

Hoy ha sido un día especial. He vivido el rito de investidura de Doctor en la Universidad, algo simbólico y entrañable. El día ha tenido mucho colorido, muchas sensaciones, encuentros, abrazos, risas, comida fraterna y universitaria, cantos, liturgias laicas, ropajes, chistes, emociones, lágrimas… un día verdaderamente sacramental. Pero, en medio de todo esto, el recuerdo orante, en cadena, por Cristina  y su familia. Al vuelo y en el quehacer de la jornada, voy recibiendo las notas de Teo, su madre: “Noticias muy similares a las de ayer. Está un poquito mejor dentro de la gravedad. Sigue dejando a los médicos que sigan trabajando para que pueda recuperar”.

Siento paz y llamada a desear más paciencia, y a que Dios le de fuerza para que siga colaborando con los médicos, me gusta este modo de hablar de los médicos que le dan todo el protagonismo a ella. Los está dejando trabajar en su cuerpo para irlo recuperando. Ella es lo más importante y su vida, su persona, hasta en esos detalles de seguir luchando en su debilidad. Me gusta que los médicos pidan la positividad, el refuerzo de los que la rodean para que la mejoría sea más posible, me gusta ese sentido de comunidad en torno al enfermo, de alianza común.

Pero me alegra muchísimo el siguiente mensaje: “¡Muy buenas noticias! Le han bajado la sedación y ha respondido neurológicamente”.

Ella, en el beso y el abrazo de mi madre

El médico no ha podido esperar para comunicar esta noticia y ha llamado al móvil de la familia. Me encanta esta complicidad, este deseo de ser buena noticia y de darla diciendo que es ella -Cristina- la que está respondiendo, ella es la parte más importante en todo este quehacer, el número uno.

La alegría la expreso en clave de fe: “Bendito sea Dios… que la Virgen María nos siga ayudando”, le digo. Inmediatamente, salta su fe materna: “Eso, la Virgen de la Aurora que le pedimos todo el pueblo por Cristina… todo el pueblo, y todos y todas…”.

Y, en medio de todo su dolor, me responde con unas alabanzas tremendas a mi persona, y ahí me derrumbo de emoción y lloro como un niño. Ya me gustaría ser, Teo, como tú me ves y me sientes en estos momentos; cómo gozo con tu beso y abrazo grande.

Hoy, en ti, he sentido el beso y el abrazo de mi madre, que también la miro y le pido que os  eche una mano. Por eso, esta noche que tenía que hablar a los jóvenes de la misericordia, les he hablado entre otras cosas de tu tensión en estos momentos entre la fe y el miedo. Cómo tú te estás manteniendo en la fe, queriendo vencer el miedo. Desde ahí he reflexionado sobre  la vida, dónde la asentamos… en el miedo, defendiendo la seguridad propia frente a los otros, siendo competitivos sin más, atacando… o en la fe, que genera fraternidad y misericordia, aquella que nos convence que siendo hermanos estamos más seguros todos. Que la paz no está en la exclusión reforzada sino en la acogida compartida, que se puede tener riqueza sin dinero y dinero sin riqueza, que la vida está más allá, en lo que somos y en lo que nos relacionamos.

Entre la fe y el miedo

La invitación de Dios está clara y, en especial, desde la frontera de Cristina, en este momento de la vida y de la historia: es momento de arriesgar, creer, esperar, apostar, aportar, compartir, caminar juntos, acercarnos, abrazarnos, querernos, animarnos, arroparnos, invitarnos, saludarnos, expresarnos, comunicarnos, emocionarnos… Desde dentro, desde el corazón, desde la entrañas, desde lo profundo; ahí donde Dios se hace morada para todos nosotros.

Ahí queremos seguir estando con Cristina, con su familia y con sus médicos, todos aquellos que están para servirle en este proceso de vida que está viviendo en la frontera. Ella no está sola, y los que la rodean tampoco, porque estamos todos nosotros con ellos, y en nosotros el Dios de la comunidad y de la vida, que nos da a la Madre, de Barbaño y Aurora, para que sigamos venciendo el miedo a fuerza de fe.

Santa Madre de Dios -Aurora, Barbaño, Guadalupe, Dolores…-, ¡sigue rogando por nosotros!

 

José Moreno Losada. Sacerdote de Badajoz

 

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