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Respetar la voluntad ciudadana y actuar con responsabilidad y diálogo – editorial Ecclesia

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Respetar la voluntad ciudadana y actuar con responsabilidad y diálogo – editorial Ecclesia

Apenas conocido el resultado en el Reino Unido sobre su permanencia o salida de la Unión Europa (triunfó por cuatro puntos esta segunda opción), el Papa viajaba a Armenia. En su  encuentro de saludo a los periodistas fue preguntado por esta cuestión. Su respuesta fue: “Es la voluntad expresada por el pueblo, y nos pide a todos nosotros actuar con gran responsabilidad para garantizar el bien del pueblo del Reino Unido”.

Estas palabras de Francisco creemos que sirven también de guía maestra para interpretar y aplicar los resultados electorales vividos en España el domingo 26 de junio, en una nueva convocatoria de elecciones generales, tras las ya llevadas a cabo el pasado 20 de diciembre (20-D)

¿Y qué es, en este caso, lo que el pueblo español ha expresado con sus votos del 26-J?  Con una participación del 69,84 % (cuatro puntos por debajo de la participación anterior),  el 33,03% de los votantes votó al Partido Popular (PP). Traducido a escaños del Congreso de Diputados significa 137 diputados, catorce más que hace seis meses. El PP, pues, ha obtenido un tercio de apoyo del total de la ciudadanía española, con cuatro puntos porcentuales y ochocientos mil votos más (ahora 7.906.185) que el 20-D. Con todo, la mayoría absoluta en el Congreso es de 176 escaños.

El segundo partido político más votado ha sido el PSOE, con cerca de cinco millones y medio de apoyos. Supone el 22,66% y 85 diputados, igualando el porcentaje anterior (en cualquier caso, diez puntos y medio menos que ahora el PP) y perdiendo cinco diputados y 120.000 votantes. La lista conjunta de Podemos, Izquierda Unida y sus confluencias ha obtenido el mismo número de escaños que la suma de IU (2) y Podemos (69) el 20-D: 71. Pero se ha dejado un millón de votos. En cuarto lugar, Ciudadanos (C,s) ha perdido ocho escaños (medio punto porcentual y casi 400.000 sufragios). El resto del arco parlamentario permanece igual que el 20-D, excepto el PNV que de seis ha pasado a cinco diputados.

Como ya quedaba indicado antes y como se puede deducir fácilmente de las distintas sumas aritméticas, ninguno de los partidos políticos obtiene mayoría absoluta, mayoría que para lograrse y garantizar la gobernabilidad en estabilidad de España requerirá necesariamente de pactos, al menos, a dos bandas. ¿Se repite, pues, el escenario del 20-D? En buena medida, sí, pero hay importantes matices que, con total probabilidad, contribuirán a la formación de un Gobierno y no hará necesario volver a unas en absoluto deseables terceras elecciones. Luego indicaremos caminos al respecto. Pero antes y desde el doble planteamiento de este comentario Editorial a la luz de las referidas palabras de Papa, bueno será extraer una primera conclusión: el pueblo ha hablado, su veredicto es incuestionable y el pueblo ha vuelto a negar mayorías absolutas, de modo que llama al entendimiento y al diálogo.

Retomando y parafraseando al Papa Francisco, lo que ahora le toca a los políticos españoles, a la opinión pública y a todos los ciudadanos, es, sí, respetar la voluntad ciudadana y actuar con gran responsabilidad para garantizar el bien de España, lo cual significa que esta es la hora de la conformación de un nuevo Gobierno estable. Y es que, como declaró en las vísperas de los comicios españoles el secretario general de la CEE (ver página 9), “no es bueno para nuestro país, ante los problemas reales de la gente, desempleo, economía…, estar en una eterna espera ante la formación de un Gobierno”, “que garantice la gobernabilidad y dé respuesta a los problemas de la gente”.

¿Y ello cómo se puede conseguir? Con capacidad de diálogo y con cultura del encuentro, escuchando el reiterado sentir popular  ya glosado, deponiendo los intereses y expectativas personales y partidistas, evitando los vetos sistemáticos y las “líneas rojas” y buscando, con responsabilidad y generosidad, el auténtico bien común de España.

El valor y la vigencia –con las reformas que sean precisas- de nuestra Constitución, la promoción de los derechos fundamentales –entre ellos, el de la libertad religiosa (incluido  el respeto a la tradición católica, avalada por la Constitución) y de la auténtica sociedad del bienestar, de la justicia social y de la solidaridad para todos y entre todos- y la referencia a Europa son criterios y ejes básicos para responder a las demandas de las urnas del 26-J.

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