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Residuos y fraternidad, por José-Román Flecha Andrés en “Diario de León” (31-8-2013)

Residuos y fraternidad, por José-Román Flecha Andrés en “Diario de León” (31-8-2013)

En las culturas que llamamos primitivas no hay desechos. Todo se aprovecha. Por desgracia, hay muchas personas que logran sobrevivir gracias a todo lo que encuentran escarbando en los enormes basureros de las grandes ciudades.

En otros tiempos, siempre había especialistas en dar nueva vida a las cosas. No se tiraba nada. Cuando se estropeaban los cacharos, cuando envejecían los zapatos o los vestidos, cuando dejaba de funcionar el despertador, siempre había una persona que arreglaba o renovaba las cosas.

Pero eso era antes. En nuestra sociedad ya no hay remiendos ni recambios. Sólo hay desperdicios. Hay que deshacerse de los instrumentos que ya no sirven, de los muebles y de los vestidos que han pasado de moda, de los alimentos que sobran de la mesa o que simplemente han pasado ya la fecha de caducidad.

En nuestros días, el descarte se ha convertido en un problema enorme.  Las montañas de residuos son ya una de las imágenes más notorias de nuestra sociedad. Las ciudades buscan un lugar lejano donde depositar sus basuras. Es patético ver cómo dos pueblos se enfrentan, luchando por ser elegidos para ese triste honor.

Además, los paises que más consumen y despilfarran tratan de conseguir de otros paises menos desarrollados el derecho para ir a depositar allí sus desperdicios. Resulta dramático ver las grandes cantidades que prometen a los países más pobres que se presten a recoger sus residuos nucleares.

Con todo, lo realmente preocupante es que esta cultura del descarte va más allá de los residuos materiales para afectar a las relaciones personales. Nuestra sociedad consideran como “inservibles” a las personas que no prestan un servicio inmediato, palpable y rentable. De hecho, no sabe qué hacer con los “desechos humanos”.

Hablando al Comité ejecutivo de la Cáritas Internacional, el día 16 de mayo de 2013, el Papa Francisco afirmaba que se está instaurando la cultura del “usar y tirar”: “Lo que no sirve si tira a la basura: los niños, los ancianos (con esa eutanasia escondida que se está practicando), los más marginados. Esa es la crisis que estamos viviendo”.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, tenemos que preguntarnos de qué podríamos y deberíamos  prescindir para no tener que tirarlo después a la basura.

Además, habrá que pensar en la necesidad y la urgencia de educar a las nuevas generaciones de modo que aprendan a vivir en una mayor sencillez y austeridad.

Habrá que revisar nuestra forma de producir objetos desechables sin preguntarnos qué vamos a hacer de ellos cuando sean inservibles.

Y, sobre todo, habrá que revisar nuestros valores y criterios para no considerar la dignidad de las personas de acuerdo con su aparente “utilidad”.  Nadie es inútil en el mundo, afirmaba el mismo Papa Francisco en la audiencia del día 26 de junio. Nadie es inútil en el mundo. Pero hace falta creer en la fraternidad humana.

José-Román Flecha Andrés

 



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