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REYMERSWAELE, Marinus van_La vocación de san Mateo, c.1530_332 (1930.96)
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REPORTAJE ECCLESIA: Marinus de Reymerswale y la vocación de san Mateo

Hasta el 13 de junio se puede disfrutar en el Museo del Prado de una exposición original y sugerente: la del pintor flamenco Marinus de Reymerswale. No disponemos de muchos datos acerca de su vida. Sabemos que fue un hombre notable en su época y que procedía de la ciudad de Reymerswale, en Zelanda, entonces un condado y actualmente una provincia del Reino de los Países Bajos. Nació en 1489 (quizá unos años antes), pero los historiadores no han encontrado pruebas documentales que nos den alguna pista sobre su dedicación a la pintura antes de 1531.

El 5 de noviembre de 1530, la ciudad de Reymerswale sufrió un desastre natural del que nunca se recuperó: una enorme inundación rompió los diques de la parte oriental de la isla. La ciudad se inundó y sufrió graves daños, pero se salvó de mayores estragos gracias a sus murallas. Posteriormente, Reymerswale —que estaba situada en la parte oriental de la isla y era el centro regional y la sede del deán, perteneciente a la diócesis de Utrecht— siempre que subía la marea, se quedaba aislada y así sobrevivió durante mucho tiempo, gracias al refuerzo de sus muros convertidos en diques. Sin embargo, como era de esperar, la ciudad muy pronto experimentó una grave decadencia social y económica. Marinus también sufrió, en su vida y en su taller, los efectos de las reiteradas inundaciones y el declive económico de su ciudad natal, razón por la que nunca llegó a ser un hombre rico y socialmente no pasó de ser un ciudadano de clase media.

En aquella época la mayoría de las personas no solían emplear el apellido, y eran identificadas por su nombre de pila, seguido del nombre de su pueblo natal o algún otro rasgo característico de la persona. De este modo, casi siempre ha sido posible identificar inequívocamente a todos los grandes hombres.

Las inscripciones que aparecen en sus cuadros revelan que era una persona muy culta, con un excelente dominio del latín y un buen conocimiento de los procedimientos administrativos, financieros y legales, tal y como revelan todas sus pinturas de tema profano o religioso, como las dos versiones de La vocación de san Mateo, en las que Juan Carlos Mateos, director del secretariado de la comisión episcopal para el Clero y Seminarios, ahonda en este reportaje.

Recientemente se ha encontrado la matrícula académica de un tal Marinus, estudiante de la Universidad de Lovaina a principios de 1504. El documento menciona también que «Marinus pertenecía a los pauperes ex Castro», es decir, a los estudiantes pobres que no podían pagar toda o parte de su matrícula y que, por tanto, necesitaban ayuda económica, lo cual ya nos indica que no pertenecía a una familia demasiado acaudalada. Fue admitido en la Pedagogía del Castillo, una de las tres facultades de Lovaina, donde en su primer año se formó en las siete artes liberales, que incluían el aprendizaje del latín, lengua que domina perfectamente, tal y como se aprecia en las inscripciones de sus cuadros, especialmente los referidos a san Jerónimo, un clásico en el pintor flamenco. Sin embargo, no sabemos cuánto tiempo permaneció estudiando en Lovaina, ni siquiera si llegó a terminar su formación académica.

En aquella época, si a un joven se le enviaba a la universidad, era porque previamente había recibido formación escolar (incluido el latín) en su ciudad natal. Es una posibilidad muy verosímil, pues en ese momento Reymerswale era la tercera ciudad más grande de Zelanda y la capital religiosa de la isla de Zuid-Beveland.  En sus tablas demuestra un gran interés por los temas administrativos y legales (algunos le han llamado el «pintor de los cambistas»), incluso sus dos versiones de La vocación de san Mateo están ambientadas en una oficina de aduanas. Sus inscripciones revelan una caligrafía muy cuidada, como la que empleaban los funcionarios después de una larga actividad profesional, y muy diferente de la que muestran la mayoría de los artistas de la época. Esto contribuye a distinguir la obra de Marinus de la de otros pintores, y deja abierta la cuestión en dónde adquirió esa habilidad.

Marinus firmó y fechó algunos de sus cuadros entre 1533 y 1543, un periodo relativamente breve, y se centró en un número reducido de temas: recaudadores de impuestos, los llamados «cambistas», varias versiones de san Jerónimo, algunas escenas del Nuevo Testamento, especialmente La vocación de san Mateo, y una Virgen con el Niño. Es muy probable que Marinus usara en sus cuadros su propia imagen y la de su esposa. Algunos han identificado un autorretrato suyo en el escribano de La vocación de san Mateo (en la versión de Gante).

Sus pinturas han sido interpretadas por la crítica de maneras diversas. Sus «san Jerónimo» y sus dos versiones sobre La vocación de san Mateo, se asociaron con el nacimiento del protestantismo en el siglo XVI. Los «recaudadores de impuestos» se han considerado como pinturas relacionadas con oficios y profesiones, que nos recuerdan la necesidad de mantener una conducta moral virtuosa frente al comportamiento pecaminoso. Otros las han leído como personificaciones de la codicia o caricaturas de una clase social emergente, que generó un crecimiento económico sin precedentes en los antiguos Países Bajos gracias a los negocios y al comercio, pero que también utilizó su posición para ejercer un poder despótico sobre otros miembros de la sociedad. Muchas obras de la literatura didáctica de la Edad Media ridiculizan a este tipo de personas involucradas en transacciones económicas, y las presentan como ejemplos de un comportamiento inmoral. La Escolástica medieval consideraba cualquier ganancia procedente del préstamo de dinero como usura y, por tanto, pecado.

Interpretaciones variopintas

Sin embargo, los banqueros italianos del siglo XIII desarrollaron un sofisticado sistema de concesión de créditos para reinvertir fondos, que lograba eludir esta interpretación eclesiástica —sin saltarse el Derecho canónico— y que condujo a la creación de una red financiera internacional basada en transferir créditos y obtener beneficios a partir de los  elevados tipos de cambio y las grandes tasas de interés. A finales de la Edad Media, se había logrado crear un sistema comercial y financiero que conectaba toda Europa occidental y gran parte de Europa central.

Así, cuando las pinturas de Marinus se incorporan a las colecciones del siglo XVII, se reciben como representaciones de unos profesionales que, si bien no tenían ocupaciones piadosas, sin embargo, cumplían una función importante dentro de la administración pública y en el desarrollo de una creciente red comercial en Europa.

Por el contrario, algunos moralistas de siglos posteriores volvieron a interpretar los personajes de Marinus como representaciones de la usura y la avaricia, llegando a veces a ver en ellos referencias antisemitas, leyéndolos como metáforas de la codicia humana y como una llamada implícita a adoptar una conducta moral justa.

La crítica, desacralizando la escena, ha considerado a veces nuestras versiones de La vocación de san Mateo entre las escenas de comerciantes y cambistas y, de hecho, para algunos son una de las representaciones de «cambistas» favoritas del artista.

La vocación de san Mateo (Thyssen-Bornemisza, Madrid)

Marinus solo pintó algunas escenas del Nuevo Testamento a lo largo de su carrera. Se conocen dos versiones de La vocación de san Mateo, y esta del Museo Thyssen-Bornemisza suele considerarse la más antigua. Los protagonistas de esta escena, Jesús y san Mateo, se sitúan en primer plano. Marinus siempre cuida con sumo interés los detalles de las manos, pintadas de manera exquisita. El espacio ambiental donde se muestran estas figuras está lleno de documentos apilados sobre el mostrador, que hacen referencia al oficio del santo antes de su conversión y que nos remiten a las escenas de género; concretamente al bodegón. Los óleos de Marinus se han considerado un antecedente importante de la pintura de género, donde papeles, documentos, libros y otros utensilios, serán un referente continuo para los bodegones de siglos posteriores.

Los temas que Marinus pintó en su carrera pictórica fueron muy pocos: san Jerónimo en su estudio, la vocación de san Mateo, escenas de cambistas o prestamistas…, composiciones de las que pinta varias versiones, que dan pie a recrearse en unos detalles tan prolijos, que le sirvieron al pintor para mostrar su maestría, llenando la escena de numerosos enseres de la vida cotidiana.

La vocación de san Mateo fue una de las imágenes con más fortuna dentro de la iconografía del primer evangelista, ya que la puesta en escena, en relación con su oficio, ofrecía a Marinus un amplio abanico de posibilidades, que hizo que este tema perdiera casi su aspecto religioso para transformarse en una escena de género.

Marinus en esta tabla pinta la escena con los personajes principales. San Mateo, a la derecha, parece que ha aceptado ya la llamada, pues se dirige con rapidez hacia la encimera. Jesús, con una actitud más sosegada, permanece de pie, girando su cabeza hacia el futuro evangelista. Entra en el despacho por la izquierda (sus Apóstoles se han quedado fuera) y se encuentra con Leví, el recaudador de impuestos que, rodeado de papeles y libros de cuentas, se quita el sombrero para darle la bienvenida. La inscripción «Mat. 9. A / Mar. 2.b / Luc. 5. F», situada en la pared, hace referencia a los Evangelios que relatan la vocación de Mateo y su profesión de recaudador de impuestos y sirve así para identificar la escena. Los papeles enrollados que aparecen a la derecha, amontonados sobre una pila de libros de cuentas, reflejan una relación de pagos de aranceles mensuales anotados con la caligrafía cursiva, típica de las inscripciones de Marinus. El holandés, en la parte derecha del cuadro, pinta también una pila de documentos, especialmente en la hornacina, y papeles, que en forma de legajos, se amontonan en los anaqueles. Además, pone estos objetos en los primeros planos, donde las hojas y los pergaminos aparecen encuadernados.

Esta composición se trasladó a tabla mediante un rápido dibujo, que sirvió para situar las figuras principales y delinear el escenario, pero sin elaborar los detalles. Es probable que la escena tuviera como «modelo» una pintura a escala reducida, que le habría permitido transferir la composición a tabla y realizar posteriormente los detalles directamente con pintura. Los numerosos cambios de la posición de los papeles que cuelgan a la derecha, la colocación de las manos de Leví y las mangas de su túnica, al no presentar ningún dibujo subyacente, parece que han sido pintados directamente en la tabla, al igual que los libros y papeles que hay sobre el mostrador y el cuenco de monedas situado en el centro de la composición. La plaza situada a la izquierda, donde se agolpan los Apóstoles que forman una multitud, hoy sabemos que el pintor la ha estrechado, para poder enmarcar mejor la figura de Jesús delante de un fondo oscuro. Otra característica que repetirá continuamente en sus pinturas, es la importancia que concede a las manos. Ocupan un lugar destacado, y les presta una particular atención a los gestos. Son manos muy bien dibujadas, de proporciones elegantes y dedos finos, extremadamente alargados.

Marinus fue uno de los primeros pintores que introdujo en tablas de gran formato el tema de La vocación de san Mateo, interpretada como una llamada a una vida virtuosa, e incluso a la conversión del protestantismo. El arrepentimiento del recaudador, su decisión de abandonar una vida de derroche y su renuncia a todos los bienes mundanos es un ejemplo de conducta cristiana que enseguida abordaron los teólogos de Amberes en la década de 1530, principalmente en sus obras moralizantes.

Otros pintores pintan a una joven, como amonestación contra la vida pecaminosa. Sin embargo, Marinus pone su atención en el encuentro entre Jesús y Leví, el recaudador de impuestos. El llamativo contraste entre la humilde vestimenta de Jesús como predicador y las espléndidas ropas del recaudador enfatiza aún más la oposición entre redención espiritual y posesiones terrenales. Aunque este relato de conversión del Nuevo Testamento se popularizó en la segunda mitad del siglo XVI y a lo largo del XVII, asociada con la Reforma católica, sigue siendo complicado determinar exactamente cómo fue entendida en vida del artista.

La popularidad que alcanzó el tema de La vocación de san Mateo sugiere que Marinus y otro pintor de Zelanda, que probablemente colaboraba con el maestro, suministraron al mercado del arte numerosas copias de este tema, basadas en un repertorio común, desarrollado a partir de esta versión del Thyssen-Bornemisza, la primera que nos ha llegado. Del tema de La vocación de san Mateo se conocen varias versiones repartidas entre varios museos.

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