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REPORTAJE ECCLESIA: Sobre el proceso de la vacunación la Iglesia pide que «prevalezca la ley del amor»

El pasado 8 de abril, el Papa Francisco se dirigió mediante una carta entregada al cardenal Peter Turkson, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional en el contexto de las reuniones virtuales de primavera que ambas entidades tuvieron entre los días 5 y 11 de abril.

En el contexto de esta reunión entre los principales dirigentes económicos y financieros del mundo para abordar la grave crisis económica y social que está dejando tras de sí la pandemia de la covid-19, con más de 3 millones de fallecidos según las cifras oficiales y con más de 250 millones de empleos destruidos teniendo como referencia los datos aportados por la ONU, el Santo Padre reiteró, como ya hiciera en el mensaje Urbi et orbi de la pasada Navidad, la necesidad de que en las circunstancias actuales prevalezca «la ley del amor» y que no queden atrás los de siempre, los que menos tienen.

«Es hora de reconocer que los mercados —en particular los financieros— no se gobiernan a sí mismos. Los mercados deben estar respaldados por leyes y regulaciones que aseguren que trabajan para el bien común, garantizando que las finanzas —en vez de ser meramente especulativas o financiarse a sí mismas— trabajen para los objetivos sociales tan necesarios en el contexto de la actual emergencia sanitaria mundial. En este sentido, necesitamos especialmente una solidaridad en materia de vacunas justamente financiada, ya que no podemos permitir que la ley del mercado prevalezca sobre la ley del amor y la salud de todos. En este sentido, reitero mi llamamiento a los gobernantes, a las empresas y a las organizaciones internacionales para que colaboren en el suministro de vacunas para todos, especialmente para los más vulnerables y necesitados».

Una de las principales preocupaciones de la Comisión Vaticana Covid-19 que se puso en marcha en marzo de 2020 a petición del Papa Francisco y que trabaja dentro del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral en colaboración con otros Dicasterios de la Curia Romana y en red con otros muchos organismos, era precisamente qué se iba a hacer en todo lo relativo al proceso de vacunación. 

Vacunas para todos

El mapa de inmunización, llevado a cabo por la plataforma Our World in Data, que recopila los datos oficiales aportados hasta la fecha por los países que han querido reportar la información de contagios, fallecidos y vacunados, demuestra que, una vez más, la distancia social se extiende también al ámbito sanitario. Los países con menos recursos, estructuras democráticas endebles —cuando no inexistentes— y con dificultades de ser competitivos en el comercio internacional, están a la cola a la hora de poder proteger a sus ciudadanos.

Esta realidad fue advertida en el informe anual  y reflejada en la nota de la Comisión Vaticana COVID-19 y de la Academia Pontificia para la Vida, titulada «20 puntos para un acceso universal y justo a las vacunas, para un mundo más sano y justo». 

En este documento se recogen los principios y valores fundamentales a considerar antes incluso de empezar el proceso de vacunación para evitar a toda costa la «marginalidad farmacéutica» que, como dijo Francisco el pasado mes de septiembre en su discurso ante los miembros de la Fundación del Banco Farmacéutico, «si existe la posibilidad de tratar una enfermedad con un medicamento, esto debería estar al alcance de todos, de lo contrario se crea una injusticia». Por otro lado, en estos «20 puntos para un mundo más justo y sano», se abordan los criterios que han de regir a la hora de elaborar ensayos clínicos y en su posterior producción. Además de cumplir con los estándares éticos en la praxis científica, en los puntos 7 y 8 alerta sobre los cuidados que se ha de tener en la explotación comercial de las patentes. Como reza la nota, «dada su función, es muy apropiado interpretar la vacuna como un bien al que todos tienen acceso, sin discriminación, según el principio del destino universal de los bienes», también mencionado por el Papa Francisco en Navidad. «Ni siquiera podemos dejar que el virus del individualismo radical nos gane y nos haga indiferentes al sufrimiento de otros hermanos y hermanas… poniendo las leyes del mercado y las patentes de inventiva por encima de la salud de la humanidad».

Continúa el documento diciendo que «el único propósito de la explotación comercial no es éticamente aceptable en el campo de la medicina y la atención de la salud. Las inversiones en el campo médico deben encontrar su significado más profundo en la solidaridad humana».

Recientemente la Comisión ha publicado también un documento a modo de «kit de recursos sobre la vacuna Covid-19» especialmente pensada para todos los responsables de la Iglesia, con el fin de ayudar a las Iglesias locales a afrontar estos duros tiempos de pandemia.

La ética salva vidas

En esta misma línea está Federico de Montalvo Jaaskelainen, presidente del Comité de Bioética en España y profesor de la Universidad Pontificia Comillas. A su juicio, esta situación requiere actuar con inteligencia y respetando los fundamentos básicos de la ética: «No resolver la pandemia en una parte del mundo, es no resolverla».

Cree que el modelo de cooperación entre entidades públicas y empresas privadas ha funcionado y espera que se repita de nuevo a la vuelta del verano, en la presumible recta final del proceso de vacunación en los países occidentales. «Que esa conjunción se vuelva a producir para tratar de hacer llegar las vacunas a todas partes. Sabemos que no es fácil, pero hay que hacer todo lo posible».

Respecto al aumento de la desigualdad, considera que no se ha generado teniendo como única causa la pandemia. Sin embargo, «no podemos permitir que se siga incrementando. Tenemos una oportunidad para subsanar esta situación y conseguir unos mínimos de protección de la salud».

Sobre la alarma social que se ha podido generar desde ciertos medios de comunicación, cree que son ellos mismos, los que forman parte de este ámbito y de esta exposición a la opinión pública, los que deben mejorar. «Tenemos el deber de no solo tomar las mejores decisiones con evidencia científica sino también de intentar informar adecuadamente, sin caer en la euforia o en la falta de esperanza».

A día de hoy, en España se han suministrado más de 12.330.000 dosis, habiendo recibido la vacuna completa el 7% de la población. Cifras lejos de las expectativas planteadas en un inicio por el Gobierno español y por la propia Unión Europea, que ha tenido que enfrentarse a los incumplimientos con los plazos acordados por parte de la farmacéutica AstraZeneca y con los problemas derivados de su inoculación, que si bien afectan a una minoría de pacientes, ha paralizado durante semanas el ritmo de vacunación a petición de la Agencia Europea del Medicamento.

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